EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? Viajeros del aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat que tengan vuelos desde el 4 de agosto con aerolíneas operadas por Groundforce (Air Europa, Lufthansa, Air France, KLM, Qatar Airways, United Airlines, entre otras).
- ¿Cuándo ocurre? La huelga indefinida arranca el martes 4 de agosto a las 00:00 horas.
- ¿Qué cambia hoy? Hay servicios mínimos decretados (entre el 35% y el 80% según ruta), pero se esperan cancelaciones, revisión extra de equipajes y más tiempo de espera en facturación y embarque.
El sindicato CGT ha registrado una huelga indefinida en los servicios de asistencia en tierra (‘handling’) de la empresa Groundforce en el aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. La protesta arranca justo en el pico de la temporada estival y tiene contra las cuerdas la operativa de una docena de aerolíneas internacionales. La razón de fondo no es salarial sino de salud laboral: los trabajadores denuncian un ‘grave deterioro’ de la prevención de riesgos y una plantilla tan mermada que las sobrecargas en rampa, equipajes y pasajeros se han convertido en la norma.
Groundforce, filial del grupo Globalia, emplea a 1.179 personas en el Prat. CGT es el sindicato mayoritario en el comité de empresa (27 delegados) y la convocatoria es la ‘última herramienta’ después de meses de reuniones sin respuesta, aseguran desde el sindicato. ‘La empresa no ve más que números y nosotros no vemos más que enfermedades’, explican a EFE. Las dolencias más repetidas son lesiones musculoesqueléticas por el manejo de equipajes y la fatiga acumulada en turnos con plantilla cada vez menos experimentada. Esta es la segunda huelga en la compañía en el mismo año: en marzo ya hubo una movilización convocada por CC.OO., UGT y USO en todos los aeropuertos españoles donde opera Groundforce.
La dirección de Groundforce no ha respondido a las peticiones de mejora de conciliación y seguridad, y el sindicato teme un agosto caótico si la empresa no rectifica.
Qué aerolíneas y vuelos se verán afectados
La afectación no es general en El Prat sino que se concentra en las compañías a las que Groundforce presta servicio de asistencia en tierra: facturación, embarque y coordinación de vuelos. La lista incluye nombres muy presentes en las rutas de larga distancia desde Barcelona: Air Europa, Lufthansa, Air France, KLM, Qatar Airways, ElAl, Etihad Airways, SAS, Air Arabia, Turkish Airlines, ITA Airways, LOT Polish Airlines, Croatia Airlines, United Airlines, Finnair, Asiana Airlines, Saudia Airlines, Air China, Air Transat y Luxair. Según datos del sector, entre el 4 de agosto y final de septiembre estas aerolíneas tienen programados 11.600 vuelos desde el Prat, con una oferta de 2,4 millones de asientos. Con la ocupación media esperada, el ministerio calcula que cerca de dos millones de pasajeros podrían ver alterados sus planes de viaje.
El impacto más inmediato se nota en los mostradores de facturación y en las cintas de equipajes. Sin embargo, la verdadera línea roja es la coordinación de vuelos: la huelga puede ralentizar la cadena de rotación de las aeronaves y generar demoras en cadena incluso en compañías que no dependen de Groundforce, porque comparten slots y pasillos en las terminales T1 y T2. Las horas más calientes serán las primeras de la mañana y las últimas de la tarde, cuando se concentran las salidas intercontinentales.
Los servicios mínimos, un alivio incompleto
El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha fijado unos servicios mínimos que varían según el tipo de ruta. Para los trayectos con territorios no peninsulares o con obligación de servicio público, el operativo garantizado es del 80% en agosto y del 77% en septiembre. Las rutas internacionales y los vuelos peninsulares cuya alternativa de transporte público supere las cinco horas tendrán un 58% en agosto y un 57% en septiembre. Las conexiones peninsulares con alternativa inferior a cinco horas se quedan en un 35% en agosto y un 36% en septiembre. Esto significa que, pese al paro, una parte importante de los vuelos saldrá. Aun así, los viajeros deben contar con esperas más largas y posibles reagrupaciones de vuelos.
La lectura de estos porcentajes no tranquiliza a los trabajadores. CGT denuncia que la empresa gestiona la operativa ‘sobre mínimos’ incluso fuera de la huelga, con cargas de trabajo ‘insostenibles’ y un abuso sistemático de horas extra. El sindicato también apunta a una rotación altísima que deja a los nuevos empleados sin la formación suficiente para manejar las máquinas de asistencia en plataforma con seguridad. Hay poca gente y cada vez menos experimentada’, insisten las fuentes sindicales, y eso eleva el riesgo de accidentes en una zona ya de por sí exigente físicamente.
El ministerio fija servicios mínimos de hasta el 80% para las rutas no peninsulares, pero la clave está en cómo gestione Groundforce esos turnos con el personal que decida secundar la huelga.
El precedente de marzo y lo que viene
El conflicto de El Prat no es un hecho aislado. En marzo de 2026, una huelga indefinida en la misma empresa puso en jaque los aeropuertos de Barcelona, Madrid, Alicante, Valencia, Palma de Mallorca, Ibiza, Málaga, Las Palmas, Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y Bilbao. Aquella vez el paro fue desactivado con un pacto de última hora, pero las reivindicaciones de salud laboral quedaron en el aire. Este nuevo foco barcelonés demuestra que la precariedad en el ‘handling’ —un sector con márgenes ajustados y alta rotación— sigue sin solución a largo plazo.
La huelga indefinida empieza en plena canícula de agosto, el mes con mayor tráfico aéreo en el Prat después de Semana Santa. Si la empresa no mueve ficha antes del día 4, los problemas se trasladarán a la facturación y al embarque desde la madrugada del martes. Los viajeros con billetes para las aerolíneas afectadas deberían revisar el estado de su vuelo en las apps de las compañías, llegar al aeropuerto con al menos tres horas de antelación y considerar alternativas de transporte para los trayectos peninsulares en los que el coche o el tren sean viables. CGT lamenta las molestias pero avisa: ‘la seguridad y la salud en el trabajo son imprescindibles’. Habrá que seguir de cerca la mesa de negociación porque cualquier acuerdo de última hora lo cambiaría todo.

