Salvador Illa ha pedido a los inversores asiáticos que vean en Cataluña una réplica mediterránea de Singapur. Durante su intervención este jueves en la Global Connect Singapur Business Federation, el president de la Generalitat ha desplegado un discurso centrado en la ambición compartida de ambos territorios y en la infraestructura como palanca de atracción. El acto, celebrado en el corazón financiero de la ciudad‑Estado, ha servido para presentar la ampliación del Aeroport de Barcelona‑El Prat como una operación estratégica que convertirá el aeródromo en un hub intercontinental hacia 2033.
La apuesta no es nueva, pero sí lo es el escenario. Illa ha necesitado apenas 48 horas en suelo asiático para proyectar una imagen de Cataluña distinta a la del conflicto político interno. Lo ha hecho con una fórmula que ya venía probando en los encuentros con fondos de inversión: infraestructura, talento y calidad de vida. «Una apuesta segura para invertir, trabajar y vivir», ha dicho, ante empresarios y representantes institucionales de uno de los polos financieros más importantes del mundo.
La ‘tríada virtuosa’ y la ampliación de El Prat
El president ha vertebrado su intervención en torno a lo que ha llamado una «tríada virtuosa»: el Aeroport Josep Tarradellas Barcelona‑El Prat, el Port de Barcelona y la Zona Franca. Sobre el aeropuerto ha precisado que la ampliación decisiva que impulsa el Govern permitirá aumentar los vuelos de largo recorrido y culminará en 2033, fecha que la Generalitat maneja como horizonte para la puesta en marcha de la nueva configuración de pistas y terminales.
Illa ha vinculado ese nodo aéreo con el puerto, «uno de los grandes nodos logísticos del Mediterráneo», y con la Zona Franca, a la que ha situado entre los motores industriales del sur de Europa. El discurso ha sumado luego a Fira de Barcelona y al futuro BioClúster de L’Hospitalet como palancas para atraer compañías, centros de investigación y empleo en sectores de alto valor añadido: desde la inteligencia artificial hasta los semiconductores, la biomedicina o la industria avanzada.
La lectura es clara: Cataluña quiere competir en la liga de los grandes polos logísticos y tecnológicos continentales, y necesita inversores que vean más allá del corto plazo. Para ello, el Govern ha puesto sobre la mesa un mensaje de estabilidad que, en la práctica, contrasta con la dependencia parlamentaria de ERC y los Comuns.
La Generalitat proyecta un horizonte de infraestructura que trasciende legislaturas, pero el respaldo político interno sigue siendo su punto más frágil.
Singapur como espejo: «dos países pequeños con gran ambición»
La referencia a Singapur no ha sido anecdótica. Illa ha insistido en que Cataluña y la república asiática son «dos países pequeños con gran ambición». Ha reconocido que ambos comparten vocación abierta, capacidad de innovación y una posición ventajosa para surfear las transformaciones globales. «Es una armonía que espero y deseo que crezca», ha afirmado al comparar los dos ecosistemas económicos.
El president ha reforzado esa idea con un argumento que va más allá de las cifras: la calidad de vida. Ha citado el sistema sanitario, las universidades y la gastronomía catalana como factores que inclinan la balanza en una decisión de inversión. No es un detalle menor: detrás de cada proyecto hay familias y trayectorias vitales, y el Govern necesita que la oferta catalana resulte convincente también como lugar para residir.
En este marco, Illa ha celebrado la diversidad de Singapur —un territorio que ha duplicado su población en cuatro décadas y donde el 40 % de los residentes son inmigrantes— como «fuente de riqueza» y ha trazado un paralelismo con su propia comunidad. Sin mencionar nombres, la alusión a los discursos de Aliança Catalana o Vox ha sido deliberada: la diversidad no es debilidad sino ventaja competitiva.
Mensaje a Moncloa y a los socios de investidura
El viaje de Illa a Singapur tiene una capa política interior que conviene no subestimar. La ampliación de El Prat es uno de los proyectos de infraestructura más sensibles para el Govern, y la apuesta por la conectividad intercontinental requiere, además de inversión privada, el concurso de Aena y del Gobierno central. Illa ha utilizado el altavoz internacional para presionar a Moncloa sin necesidad de una confrontación explícita.
Al mismo tiempo, el discurso de la ambición compartida con Singapur funciona como contrapeso a las exigencias de ERC y los Comuns, que condicionan su apoyo a la legislatura a medidas de carácter social y fiscal. El president de la Generalitat ha lanzado un mensaje a los socios: la agenda económica y la proyección exterior no son accesorias, sino el eje de su proyecto.
El cierre de la visita, con una reunión con directivos de Singapore Airlines, uno de los actores clave de la conectividad aérea mundial, subraya la voluntad de transformar los gestos en contratos. Pero la distancia entre el discurso en Singapur y la realidad parlamentaria en Barcelona sigue siendo la incógnita que esta legislatura no ha resuelto.
