Senado de EE.UU. confirma a Jay Clayton como DNI pese a su falta de experiencia en inteligencia

La votación se produjo sin un solo voto demócrata y tras una audiencia en la que Clayton evitó declarar que Biden ganó en 2020. El ODNI acumula más de la mitad de su plantilla despedida en dos meses de mandato de Trump.

El Senado de Estados Unidos confirmó ayer a Jay Clayton como Director de Inteligencia Nacional (DNI) con una votación estrictamente partidista y sin que el nuevo jefe de las 18 agencias de inteligencia estadounidenses acredite la experiencia exigida por ley. La silla del DNI queda ocupada por un hombre que, hasta ahora, jamás había trabajado en el oficio del espionaje.

La purga de Pulte: un ODNI diezmado y una herencia explosiva

La confirmación de Clayton no puede separarse del vendaval que ha arrasado la Oficina del Director de Inteligencia Nacional en los últimos dos meses. Su predecesor en funciones, Bill Pulte, se jactaba la misma mañana del martes de haber ejecutado una «quinta y casi última ronda de despidos» que, según sus propias palabras, suponía «una reducción de personal de aproximadamente el 30 % con respecto a hace semanas». Pulte ha convertido la ODNI en un solar: de los cerca de 2.000 empleados con que arrancó el segundo mandato de Trump, a día de hoy queda poco más de la mitad, según fuentes del Congreso citadas por el Washington Post.

Le pongo una cifra encima de la mesa: alrededor de 200 profesionales han sido cesados o reasignados en apenas sesenta días. Pulte, un hombre sin trayectoria en inteligencia —llegó al puesto desde la oscura Agencia Federal de Financiación de la Vivienda—, utilizó su despacho para abrir investigaciones espurias contra cargos de la Administración Biden y para seguir un guion que en Moncloa conocen bien: usar la agencia como correa de transmisión de la Casa Blanca.

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Usted puede leerlo en blanco y negro: «¡Buenas noticias!», escribió Pulte en sus redes sociales. «Estamos ejecutando una quinta ronda de despidos. La Comunidad de Inteligencia debe proteger al pueblo estadounidense, no los caprichos políticos de la élite hinchada y corrupta». La misma élite a la que Clayton deberá ahora servir.

Lo veo así: no es una crisis de personal, es una operación de decapitación directiva que deja al ODNI sin memoria institucional y sin los cuadros intermedios que sostienen las colaboraciones con servicios como el MI6, el Mossad o el propio CNI. Cuando la inteligencia se convierte en herramienta de revancha, los aliados dejan de compartir secretos.

La confirmación de Clayton y la purga de Pulte no son un relevo administrativo: son una declaración de guerra a la cultura del oficio de la inteligencia.

Un candidato sin trayectoria en la comunidad y con lealtades dudosas

Jay Clayton aterriza en Liberty Crossing con un currículum más próximo a Wall Street que a Langley. Su último destino fue el de fiscal federal en Nueva York, pero nunca ha trabajado en análisis de amenazas, contrainteligencia o SIGINT. La ley exige al DNI «una amplia experiencia en seguridad nacional», y Clayton la sustituye por una larga amistad con el presidente.

En su comparecencia de confirmación, los demócratas que inicialmente veían con buenos ojos su nominación —porque les horrorizaba Pulte— se encontraron con un hombre que se negó a decir sin ambages que Joe Biden ganó las elecciones de 2020. Clayton tampoco cerró la puerta a inmiscuirse, de manera improcedente, en la revisión de papeletas electorales, tal y como ya hizo su predecesora Tulsi Gabbard. «Desafortunadamente, salí de su comparecencia con serias reservas sobre su disposición a resistir la presión política cuando más importa», declaró el senador Mark Warner, el demócrata de más peso en el Comité de Inteligencia.

Permítame un apunte: en el oficio de la inteligencia, la lealtad al mando político es necesaria, pero la credibilidad ante los analistas y los aliados se mide en independencia. Si un DNI no es capaz de presentar ante el presidente un hallazgo incómodo sabiendo a lo que se arriesga, todo el sistema de alerta temprana se vuelve papel mojado. Ya advertí en El quinto elemento que «la fragilidad de las instituciones de inteligencia ante las purgas políticas es un vector de desestabilización tan peligroso como un ciberataque». Clayton tendrá que demostrar que no es un mero yes-man.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

La Agencia Nacional de Inteligencia sigue de cerca cada nombramiento que altera el delicado equilibrio de los Five Eyes. El CNI sostiene programas de intercambio de SIGINT y HUMINT con Washington que dependen de cómo de estanco sea el ODNI. Si el nuevo DNI permite que las decisiones de personal sigan dictadas por la Casa Blanca, los analistas españoles se toparán con contrapartes estadounidenses sin experiencia, congeladas por el miedo a represalias o, simplemente, vacías.

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El vector de amenaza aquí no es un ciberataque ni una infiltración clásica, sino una purga política que ha vaciado la oficina que coordina a las 18 agencias. Hablo de una modalidad de sabotaje institucional que no necesita de un solo cero-day: basta con despedir al analista que sabía interpretar la interceptación clave o al enlace que mantenía viva la célula de contrainteligencia. Las agencias implicadas son, como atacante, una Casa Blanca decidida a someter la comunidad de inteligencia a su agenda; como defensora, una ODNI irreconocible y un Comité de Inteligencia del Senado que ha aprobado el nombramiento por disciplina de partido. En tercera línea, observan con creciente inquietud servicios como el MI6 británico, el BND alemán y, por supuesto, la DGSE francesa, que ya valoran compartimentar ciertos canales para proteger sus fuentes.

Eso sí, no caigamos en la ingenuidad. Sin una comunidad de inteligencia estadounidense con músculo, el CNI pierde su principal socio para vigilar el Magreb o anticipar movimientos del FSB en Europa. Es la diferencia entre tener un dead drop en una capital hostil y tener un buzón vacío porque el enlace ha sido cesado por un tuit.

A juzgar por la naturaleza de los despidos y la falta de experiencia del nuevo DNI, estimo que el material clasificado que circula estos días por el ODNI es, en el mejor de los casos, de nivel Secreto pero con una sensibilidad política que obliga a manejarlo con pinzas. El riesgo de filtraciones interesadas hacia la prensa afín o de que determinados informes se redacten con la conclusión ya dictada es más alto que en cualquier otro momento desde la era de George Tenet. El precedente que no puedo quitarme de la cabeza es el de Aldrich Ames: entonces el daño vino de dentro, pero hoy el daño también es interno, solo que disfrazado de decreto presidencial y mayoría republicana.

Con el Senado a punto de entrar en su receso de agosto, la próxima gran prueba para Clayton será en septiembre: la renovación de la Sección 702 de la FISA, el programa de vigilancia electrónica que enfrenta resistencias bipartidistas. Será entonces cuando sepamos si el nuevo director asume la defensa de sus analistas o se limita a asentir cuando la Casa Blanca le entregue el teléfono.