Ucrania busca tapar un agujero presupuestario de 27.000 millones y la UE exige explicaciones

El agujero pasó de 7.500 millones de dólares a 27.000 en cuestión de semanas, sin desglose público. Bruselas rechaza validar la cifra y condiciona los fondos a reformas anticorrupción.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Ucrania reconoce un agujero de 27.000 millones de dólares en su presupuesto de defensa, casi cuatro veces más que la estimación de hace semanas.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno de Kiev solicita más ayuda; la Comisión Europea exige auditoría y reformas antes de liberar fondos.
  • ¿Qué impacto tiene? La credibilidad financiera de Ucrania ante la UE se resiente y octubre asoma como un mes de riesgo de liquidez.

Ucrania afronta un agujero de 27.000 millones de dólares en su presupuesto de defensa y la Unión Europea exige explicaciones antes de liberar más asistencia. Según The New York Times, funcionarios comunitarios se declaran ‘inquietos’ por una cifra que ha crecido casi cuatro veces en pocas semanas.

Un boquete que pasó de 7.500 a 27.000 millones en semanas

La cifra se formalizó a finales de agosto, durante una reunión de Volodímir Zelenski con socios europeos en Kiev. El Ministerio de Defensa ya había consumido partidas reservadas para final de año. El primer ministro, Serguéi Koretsky, calificó el momento de ‘desafío excepcionalmente difícil’; el ministro de Finanzas, Serguéi Marchenko, admitió ‘problemas de liquidez’ y anticipó que Kiev podría aplazar pagos no vinculados a la guerra.

Lo que inquieta en Bruselas no es solo el volumen, sino la velocidad. Semanas antes, funcionarios ucranianos estimaban el déficit en 7.500 millones de dólares. Ahora asciende a 27.000 millones, sin que Kiev haya presentado un desglose creíble que explique el salto. El incremento coincide con una guerra cada vez más tecnológica, en la que drones, defensa aérea y artillería absorben recursos de forma exponencial.

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El agujero equivale a más del 10% del PIB ucraniano de 2021. La recaudación ordinaria cayó 740 millones de dólares en agosto, con debilidad en el IVA interno y de importación. A eso se suma un segundo frente: Kiev no ha cumplido los hitos de reforma vinculados a 5.600 millones de financiación europea, y ha retrasado 4.300 millones procedentes de Bruselas y 1.660 millones del Fondo Monetario Internacional.

Por qué Bruselas ya no firma cheques en blanco

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El portavoz de la Comisión Europea, Balazs Ujvari, evitó confirmar la cifra y pidió ‘una imagen clara de la situación presupuestaria y financiera’. Fuentes comunitarias citadas por The New York Times hablan de funcionarios ‘sorprendidos e inquietos’ por una petición que no esperaban ni en volumen ni en calendario. En privado, las preguntas giran en torno a la eficiencia del gasto y a si las necesidades reales están infladas.

Bruselas insiste en que las reformas no pueden aplazarse por falta de caja. Parte del desembolso de 90.000 millones de euros en préstamos no llegará hasta 2027, y adelantarlo no resolvería el problema: el dinero gastado en 2026 no podrá gastarse en 2027. La condicionalidad se ha convertido en el escudo político de una Comisión que ya no quiere aparecer como un pagador silencioso.

El agujero no solo mide liquidez: mide la credibilidad de Kiev ante los contribuyentes europeos.

El margen político se estrecha. Más de un centenar de eurodiputados piden usar activos rusos congelados por valor de 230.000 millones de dólares, pero Bélgica frena la idea por los riesgos legales. En Kiev, Zelenski afronta una Rada sin mayorías fiables, y el presidente de la comisión de Finanzas, Danil Getmantsev, advierte de que ‘no quedan soluciones populares’ y de que el Gobierno podría tener dificultades en octubre para pagar a profesores, médicos y militares.

Equilibrio de Poder

Lo que observamos es un cambio de tono en Bruselas. La UE no retira el apoyo, pero ya no lo entrega sin auditoría. Washington mantiene una lógica transaccional: cada dólar destinado a Kiev compite con prioridades domésticas y con el Indo-Pacífico. Moscú, por su parte, instrumentaliza la fragilidad financiera como argumento de desgaste.

Para España, el caso ucraniano es un espejo incómodo. Si la Comisión endurece la condicionalidad de los fondos de defensa, esa exigencia no se limitará a Kiev. Los próximos debates sobre el presupuesto europeo de seguridad obligarán a Moncloa a decidir entre más gasto militar y más control del gasto en en la próxima negociación presupuestaria.

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El precedente de 2022 es la referencia. Entonces, Ucrania sufrió una crisis de liquidez severa por los ataques a infraestructuras y tuvo que reprogramar pagos no militares. Ahora la causa es parcialmente distinta: drones, defensa aérea y salarios militares concentran el gasto, mientras los ingresos fiscales caen en IVA y aranceles internos.

El próximo hito serán las discusiones técnicas con el FMI y la Comisión. Si Kiev no presenta un desglose creíble antes de final de septiembre, la presión sobre los desembolsos de otoño condicionará la negociación política de 2027. No es un colapso anunciado, pero sí una señal de agotamiento financiero que Bruselas ya no quiere ignorar.