Las capitales de la eurozona han acelerado la sucesión de Christine Lagarde al frente del BCE antes de que termine el año. Según una exclusiva publicada por Financial Times, los gobiernos de la moneda única quieren tener cerrado en diciembre el nombre de quien dirigirá el Banco Central Europeo durante los próximos ocho años.
Por qué Fráncfort quiere atar la presidencia antes de las elecciones francesas
La presidenta francesa comunicará en la próxima reunión del Consejo de Gobierno su intención de abandonar el cargo para presidir el Foro Económico Mundial de Davos. Junto a ella, las capitales buscan también reemplazo para Isabel Schnabel, representante alemana en el comité ejecutivo, y para Philip Lane, economista jefe de la institución.
La urgencia no es casual. Las cancillerías europeas quieren adelantarse a la cascada electoral de 2027, con las presidenciales francesas de primavera como primer examen. La previsible victoria de Marine Le Pen empuja a París y a Berlín a cerrar los nombramientos antes del primer trimestre de 2027.
Financial Times califica la terna de relevos como la más importante acometida en la historia del banco central. Lagarde, Lane y Schnabel finalizan sus mandatos a lo largo de 2027, y el objetivo es dejar atados los nombres este otoño para evitar una negociación política a tumba abierta en plena tormenta monetaria.
El contexto no acompaña. La guerra en Oriente Medio, ha disparado el precio de los combustibles y la política errática de la Casa Blanca aleja una solución a corto plazo. El BCE ha acometido dos subidas de tipos de interés en cuatro meses y el mercado anticipa al menos una más en los próximos meses, según refleja el último comunicado del Banco Central Europeo.
La sucesión del BCE no es un relevo administrativo: es la primera gran batalla por el poder monetario europeo antes de que Francia y Alemania entren en ciclo electoral propio.
En la carrera por la presidencia, dos nombres concentran las quinielas: Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual directivo del Banco de Pagos Internacionales, y Klaas Knot, expresidente del Banco de los Países Bajos. El alemán Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, ha quedado casi descartado porque su elección supondría que Alemania controlase a la vez el BCE y la Comisión Europea durante casi dos años.
Hernández de Cos contra Klaas Knot: la doble papeleta que define el reparto de poder
Berlín prioriza en cambio el puesto de economista jefe para no encallar su candidatura, un movimiento que deja la presidencia en manos de un sur o de un pequeño país del euro. Ese cálculo abre la puerta a Hernández de Cos, un perfil técnico con credenciales de halcón reformado y experiencia directa en la supervisión bancaria.
El cargo de economista jefe se ha convertido en moneda de cambio. París y Berlín no aceptan una dupla formada por un presidente neerlandés y un economista jefe alemán. Tampoco un doblete español-francés. La solución, por tanto, exige geometría variable.
El puesto de presidente del BCE es el más relevante que se decidirá hasta 2029, cuando Ursula von der Leyen cierre su mandato al frente de la Comisión Europea. Para entonces, las cuatro principales potencias de la UE habrán celebrado elecciones generales, lo que modificará de nuevo el tablero.

Hernández de Cos conoce bien los pasillos de Fráncfort. Fue gobernador del Banco de España entre 2018 y 2024 y participó en las decisiones más duras del BCE durante la pandemia. Su hipotética elección devolvería a España una silla en la cúpula monetaria que no ocupa desde la etapa de Luis de Guindos en la vicepresidencia, un activo negociador no menor para Moncloa.
El Eje del Poder Europeo
La elección del BCE sigue la lógica de los equilibrios nacionales. El eje franco-alemán, motor tradicional, se ha partido por la necesidad de ceder el economista jefe a Berlín y evitar una concentración germana. Los frugales del norte, con Países Bajos a la cabeza, empujan a Knot para contrapesar el peso de los países del sur. España e Italia observan la jugada con la esperanza de que la presidencia caiga en un mediterráneo.
Para España, un Hernández de Cos al frente del BCE tendría implicaciones directas. En plena discusión sobre la futura regla de gasto y el acceso a los fondos europeos, contar con un presidente español en Fráncfort reforzaría la posición de Moncloa ante Bruselas y ante los mercados. No se trata de un rescate simbólico: la política monetaria marca los tipos que pagan las hipotecas, la deuda pública y la financiación empresarial.
El precedente histórico es claro. En 2012, el BCE de Mario Draghi salvó al euro con el ‘whatever it takes’. Ahora, la crisis es distinta: inflación persistente, deuda elevada y un choque energético de fondo. Quien presida el BCE a partir de 2027 gestionará la salida de una era de tipos altos sin romper la unión monetaria.
Nuestra lectura es que Hernández de Cos llega con opciones reales, pero su candidatura depende de que París acepte no bloquearle a cambio de un economista jefe alemán. El riesgo de bloqueo es genuino: si Berlín y París no cierran la papeleta, la decisión puede arrastrarse hasta 2027 y contaminar la campaña electoral francesa.
El calendario manda. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para el otoño, puede servir de escenario para un primer acuerdo informal. Hasta entonces, todos los ojos estarán puestos en Fráncfort, donde el BCE celebra su próxima reunión de política monetaria con la sucesión como telón de fondo.

