La pugna interna del régimen iraní impulsa la escalada contra Estados Unidos mientras Teherán entero se pregunta quién manda. Un ataque no autorizado en el estrecho de Ormuz lo ha destapado todo.
La investigación publicada este domingo por The New York Times —y recogida por Breitbart— reconstruye la fractura: en la noche del 6 al 7 de julio, tres buques mercantes fueron atacados en el estrecho de Ormuz, incluido un metanero catarí de gas natural licuado. Masud Pezeshkian, presidente de Irán, se encontraba entonces en Irak. Tres buques comerciales fueron atacados sin que ni el presidente iraní ni el Consejo Supremo de Seguridad lo supieran.
La llamada de Pezeshkian al jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Ahmad Vahidi, desató la tormenta. Vahidi negó haber autorizado el ataque y aseguró que tampoco lo conocía. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional quedó en evidencia. Las discusiones subieron de tono: gritos, dimisiones amenazadas y acusaciones de traición. El incidente destapó una fractura mayor que la del propio ataque: la de quién firma las órdenes en Teherán.
La investigación sitúa la decisión del ataque en Hossein Taeb, veterano de los servicios de inteligencia y hombre de confianza de Mojtaba Khamenei, el nuevo líder supremo. Taeb siempre se opuso al memorando de entendimiento alcanzado con Washington en junio. Su tesis, expresada ante familias de militares, fue traducida así: ‘Negociar ignorando los derechos de nuestro pueblo y cediendo a las exigencias excesivas del enemigo no tiene lugar en la política de Irán’. Para la facción dura, el acuerdo con Washington era una rendición; para el presidente, una salida.
Khamenei no ha aparecido en público desde que resultó gravemente herido en los ataques iniciales del 28 de febrero. Su ausencia alimenta la sospecha. Pezeshkian ha llegado a dudar de la autenticidad de los comunicados que se le atribuyen. En un encuentro relatado por dos funcionarios y un ex alto cargo, el presidente fue trasladado en una ambulancia con las ventanillas tintadas y conectado por vídeo seguro a un hombre que decía actuar de intermediario. No pudo confirmar con quién hablaba. Nadie en Teherán, ni siquiera el presidente, puede confirmar que las órdenes atribuidas al líder supremo sean auténticas.
La facción dura quiere ir más lejos: atacar objetivos estadounidenses, dañar buques de la Armada, provocar bajas y disparar el precio global del crudo. Buscaría además activar a los grupos aliados en Yemen e Irak contra infraestructuras petroleras regionales. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, ha advertido de que el país se asoma a un ‘abismo’. Pezeshkian defiende cerrar la guerra ‘hoy, desde una posición de fuerza y dignidad’. Los halcones creen que subir el precio del petróleo y golpear a la Armada estadounidense obligará a Washington a negociar; Pezeshkian ve un abismo.
La escalada actual no se entiende sin la crisis de autoridad en Teherán: atacar el tráfico en Ormuz fue la vía más rápida para matar la negociación con Washington.
Qué está en juego para España y Europa si Irán apuesta por la escalada

Cada punto de tensión en Ormuz se traduce en presión sobre los precios de la energía en España. El estrecho canaliza buena parte del crudo mundial y una porción relevante del gas natural licuado que recibe Europa, incluidos los metaneros que descargan en regasificadoras españolas. Operadores como Repsol y Naturgy siguen la crisis con atención, porque una interrupción del tráfico dispararía los costes del crudo, el gas natural licuado, y los fletes marítimos. La factura energética española es especialmente sensible a los vaivenes del Golfo.
La dependencia europea del gas catarí y del crudo del Golfo convierte una crisis de palacio en un problema de suministro. Los socios del sur de Europa, con mayor exposición a Oriente Medio que sus vecinos del norte, observan la pugna con inquietud. Naturgy y otras comercializadoras mantienen contratos de aprovisionamiento con Catar. Si la facción dura iraní cumple su amenaza de atacar infraestructuras energéticas en la región, el efecto llegaría a Madrid en forma de precios más altos y renovada volatilidad. Nadie en Europa puede desacoplar su economía de un conflicto en el Golfo. Madrid lo nota.
La Lógica de Washington
Para Donald Trump, la crisis de autoridad en Teherán no es una sorpresa: es una oportunidad. Su equipo lee la ausencia pública de Mojtaba Khamenei como una grieta en el régimen que la presión militar y económica puede ensanchar. Trump lo resumió el domingo: los iraníes ‘quieren cerrar un acuerdo desesperadamente’ y llaman constantemente, pero él no firmará ‘un mal acuerdo’. Washington lee la ausencia del líder supremo como una grieta que puede ensanchar sin ceder a un mal acuerdo.
La lectura estratégica no es nueva. La Casa Blanca repite el manual de la máxima presión que ya aplicó contra Teherán tras 2018, cuando retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear y reimpuso sanciones. La diferencia es que ahora Irán no tiene un líder visible con autoridad para decidir una salida. En los años ochenta, Washington ya protegió el tráfico de petroleros en el Golfo frente a los ataques iraníes; hoy la apuesta es mantener el bloqueo naval y, a la vez, dejar una puerta abierta a la negociación. Es un equilibrio incómodo. Nadie en la Administración cree que una guerra abierta le convenga al presidente.
La proyección para España y Bruselas depende de quién gane la pugna interna en Teherán. Si los halcones consolidan su ventaja, el precio del crudo incorporará una prima de riesgo persistente y la diplomacia europea quedará relegada a un papel de espectadora. Si Pezeshkian y Ghalibaf logran imponer una salida negociada, el alivio energético será rápido. Las próximas semanas medirán si la vía diplomática sobrevive a la purga interna iraní. Hasta entonces, Washington no tiene prisa por resolver lo que el propio régimen iraní no ha sabido decidir.
Ficha del Caso
- El caso: La cúpula iraní se fractura entre partidarios de negociar con Washington y halcones de seguridad que apuestan por una escalada militar. La ausencia pública del líder supremo agrava la disputa y deja en el aire quién ejerce la autoridad real.
- Datos clave: Ataque a tres buques en el estrecho de Ormuz la noche del 6 al 7 de julio, incluido un metanero catarí; fin del memorando de entendimiento alcanzado en junio; remodelación del Consejo Supremo de Seguridad y nombramiento del general Mohsen Rezaei; investigación que apunta a Hossein Taeb como autor intelectual.
- Para España: Presión alcista sobre el crudo y el gas natural licuado, mayor volatilidad en los precios energéticos y una relación transatlántica condicionada por el riesgo de una escalada en el Golfo.

