PP y Vox aparcan su pulso electoral y unen fuerzas en torno a Ceuta para centrar la presión sobre Pedro Sánchez. Lo confirman fuentes políticas de ambas direcciones recogidas por Libertad Digital: la interlocución es fluida y permanente, y el objetivo declarado es evitar que el debate se desplace a las disputas entre ambos partidos.
La propuesta de Vox: contención con el PP y ofensiva exclusiva contra Sánchez
Santiago Abascal ha evitado en las últimas sesiones del Congreso de los Diputados el choque directo con el PP. Durante el Pleno monográfico sobre la crisis de Ceuta y en la última sesión de control no llegó a citar al partido de Alberto Núñez Feijóo. Su mensaje se dirigió exclusivamente contra el Gobierno: ‘sólo Vox parece dispuesto a llevar a Sánchez a juicio por traición, pero yo no desespero y confío que todas las fuerzas políticas reflexionen sobre ello.
La contención no es improvisada. En Vox sostienen que su electorado no reclama ahora el choque con los de Feijóo y sí la máxima presión sobre el Ejecutivo. Además, subrayan que el PP ha terminado asumiendo parte de su discurso migratorio: rechaza el reparto de menores, pide la expulsión de todos los inmigrantes que entraron ilegalmente y endurece las críticas a Marruecos. En la sede nacional lo resumen con una fórmula clara: ‘nos copian’.
Impacto inmediato: un pulso rebajado en la calle y en las instituciones

La crisis de Ceuta ha hecho de elemento de cohesión entre dos formaciones que arrastraban meses de tensión electoral. El punto de inflexión, según coinciden en ambas direcciones, fueron las elecciones autonómicas de Castilla y León; allí Vox aspiraba a alcanzar el 20% del voto y se quedó por debajo, lo que moderó sus expectativas de disputa hegemónica en el espacio de la derecha. Desde entonces, las dos organizaciones han intensificado la interlocución.
La coincidencia se ha escenificado también fuera del Parlamento. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal coincidieron en la manifestación de la Puerta del Sol; en Bruselas lo hicieron Esteban González Pons y Jorge Buxadé. Es un gesto inusual, porque la tensión entre PP y Vox en la política europea se mantiene viva a través de redes y de posiciones distintas en el Parlamento Europeo. En la misma línea, Vox ha rebajado sus críticas anteriores al Rey Felipe VI y ha salido en su defensa frente a los ataques del Ejecutivo.
La rebaja de la confrontación llega hasta Ceuta. Las fuentes consultadas aseguran que ya no se ataca a Juan Jesús Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, por no romper con el PSOE y que el PP elogia que Vox evite una postura ‘histriónica’. El PP tampoco quiso entrar en las palabras del diputado José María Figaredo, que llamó a ‘cazar’ a los que invadieron Ceuta, para no dar armas a la izquierda; Vox, a su vez, eludió hablar del ático adquirido por la Comunidad de Madrid.
La crisis de Ceuta ha rebajado el ruido interno y ha devuelto a PP y Vox a un terreno común: la fiscalización del Gobierno.
Lectura estratégica: por qué Vox asume este compás y qué salida espera
Para Vox, la operación tiene una lógica clara. Si el PP evita presentarse como un socio incómodo, el Gobierno pierde fuelle en su estrategia de movilización contra la ‘ultraderecha’. En el partido de Abascal entienden que esa vía amplía el espacio de la alternativa sin obligar a sus votantes a elegir entre dos polos. El propio Abascal lo resumió el pasado viernes en los pasillos del Congreso: ‘PP y Vox tenemos un trato de normalidad porque es muy importante para España’.
El precedente más claro lo dejó Castilla y León. Aquel resultado enfrió las expectativas de crecimiento de Vox y situó la relación con el PP en una clave más pragmática: los cinco gobiernos autonómicos pactados funcionan hoy con menos sobresaltos, y algunos barones del PP elogian los perfiles técnicos de Vox. La comparativa con la etapa anterior, marcada por la ruptura de varios gobiernos de coalición, favorece la tesis de la normalización.
El principal riesgo está del lado del PP. Su estrategia pasa por ‘no dar miedo a los votantes de izquierdas’, lo que en la práctica puede moderar su giro hacia las posiciones que Vox ya defendía. Esa vacilación permite a Vox mantener la iniciativa ideológica sin necesidad de elevar el tono. De hecho, la propia crisis de Ceuta ha terminado por colocar las propuestas migratorias de Vox en el centro del debate.
La convergencia tampoco borra las diferencias en la política europea. En Bruselas, la relación entre PP y Vox sigue expuesta a choques discursivos, sobre todo en redes; sin embargo, la crisis de Ceuta ha desplazado temporalmente la atención hacia el Congreso y hacia la calle.
De cara a un ciclo electoral que podría abrirse en marzo, la incógnita es si esta convergencia se convertirá en un compromiso programático estable o en una tregua táctica. Vox ha fijado su posición con claridad: trato de normalidad con el PP, presión total sobre Sánchez y ninguna concesión discursiva en los asuntos centrales.
