València conserva un tesoro de 158 años entre la plaza del Ayuntamiento y la Estación del Norte. El trinquet Pelayo, la catedral de la pilota valenciana, resiste a la especulación urbanística en pleno centro.
Un recinto que sobrevive escondido entre fincas
A pocos metros del Ayuntamiento y muy cerca de la Plaza de Toros, Pelayo es hoy el único espacio histórico dedicado a la pilota en la ciudad. El sociólogo Víctor Agulló resume la paradoja en una frase que recoge La Vanguardia: «Es casi un milagro que no haya sido víctima, como muchos otros trinquets, del crecimiento urbanístico y la especulación».
Ferran Calabuig, director de la Càtedra de Pilota Valenciana de la Universitat de València y decano de la Facultat de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, aporta una clave urbanística. Pelayo está rodeado de fincas y no se ve desde la calle; una transformación no generaría tanto provecho como para pagar su desaparición. La discreción arquitectónica ha funcionado como un escudo contra la piqueta.
Los trinquets fueron parte de València desde el siglo XV, cuando la ciudad llegó a albergar más de una docena de canchas. En el siglo XIX, antes de la explosión del fútbol, la pilota era el deporte de mayor atractivo popular. En 1868, el empresario señor Benet impulsó la construcción de Pelayo en un momento en que poseer un trinquet era un buen negocio.
Esa historia regresa ahora con la reedición en valenciano de Pelayo 1868-2018: l’emoció de jugar a pilota, firmada por Recaredo Agulló y Víctor Agulló. La presentación está prevista para el 23 de septiembre. Hasta ahora la versión en castellano tuvo una tirada mínima y no llegó a la venta al público.
Pelayo no es solo una cancha: es un depósito de memoria viva que ya no se puede fabricar en una ciudad turistificada.
El libro que reivindica una historia viva
El manual dedica un espacio al humanista Joan Lluís Vives, que ya en sus diálogos para aprender latín mostró conocimiento sobre los trinquets de París, Brujas y València. También homenajea a figuras como Lorenzo Millo y Josep Lluís Bauset, imprescindibles en la divulgación de la pilota. Millo contaba que junto al fondo de Pelayo había un pozo de agua y que quien bebía de ella quedaba atrapado para siempre por la estima a este deporte.
No siempre fue fácil. Calabuig recuerda que la pilota no gustaba en determinados momentos históricos: toda su nomenclatura estaba en valenciano y, además, se apostaba por todo. «No estaba muy bien considerado, pero era un deporte noble que transmitía muchos valores», matiza Agulló. La práctica, sin embargo, está en un momento dulce. La inclusión en el currículum escolar ha impulsado la creación de clubes y ha acercado el juego a jóvenes y a cada vez más mujeres.
El Escenario Valenciano
La supervivencia de Pelayo no depende solo de sus muros ni de la Universitat. La introducción de la pilota en el currículum escolar y el respaldo de la Càtedra de Pilota Valenciana muestran que la Generalitat Valenciana ha ido asumiendo este legado como patrimonio cultural, no solo deportivo. El consenso sobre la pilota ha solido ser transversal entre partidos en las Corts Valencianes; ahora toca comprobar si ese apoyo se mantiene a la hora de blindar los usos históricos del centro urbano.
La mirada nacional apunta a un problema más amplio: la gentrificación de los cascos históricos. En València, como en Madrid o Barcelona, el turismo revaloriza cada metro cuadrado y expulsa usos tradicionales. Pelayo ha resistido por discreción física y arraigo social, un precedente comparable al de los frontones vascos o las boleras cántabras, que también luchan por no acabar como decorado turístico.
La próxima cita editorial está en el calendario: el 23 de septiembre se presentará la reedición en valenciano. Después vendrá lo importante. Que las nuevas generaciones sigan entrando en la cancha sin que el precio del suelo decida quién tiene derecho a jugar.
Ficha del Caso
- El caso: El trinquet Pelayo, inaugurado en 1868, es el único recinto histórico de pilota que sigue en el centro de València y resiste a la presión urbanística gracias a su discreta inserción entre fincas y a su fuerte arraigo social.
- Datos importantes: 1868, inauguración de Pelayo; 23 de septiembre de 2026, presentación de la reedición en valenciano del libro de Recaredo Agulló y Víctor Agulló; instalación centenaria con uso continuado.
- Resumen: El patrimonio deportivo valenciano sobrevive, pero su futuro depende del respaldo institucional, de la Universidad y de un urbanismo que no reduzca la pilota a simple postal turística.

