EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Kiev mantiene a unos 15 operadores de drones integrados en el Frente de Liberación de Azawad, en el norte de Mali, para formar y guiar a los rebeldes tuareg.
- ¿Quién está detrás? La inteligencia militar ucraniana, según CNN y fuentes militares. Bamako, Burkina Faso y Níger acusan a Kiev de apoyar el terrorismo desde 2024.
- ¿Qué impacto tiene? Abre un segundo frente contra Rusia en el Sahel, tensa a la Alianza de Estados del Sahel y obliga a España a vigilar su flanco sur.
Ucrania ha desplegado quince operadores de drones en el Sahel para entrenar en Mali a la rebelión tuareg del Azawad.
El salto de Ucrania al Sahel: formación y guía remota de drones
El despliegue, del que informa CNN citando a soldados ucranianos y a una fuente de inteligencia militar, sitúa a los especialistas junto al Frente de Liberación de Azawad (FLA), una organización predominantemente tuareg que reivindica la independencia del norte de Mali.
No participan directamente en la línea del frente. La coordinación es remota. ‘Coordino sus operaciones de forma remota. La señal de su dron me llega por internet y de inmediato les digo por radio qué hacer y hacia dónde volar’, relata un operador ucraniano sin nombre a CNN.
Los especialistas ucranianos también contribuyeron a la captura de Kidal, la estratégica ciudad septentrional, a principios de año, según el reportaje. La localidad fue una de las cuatro atacadas el 25 de abril en una ofensiva coordinada del FLA y del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que alrededor de 12.000 atacantes entrenados por instructores ucranianos y europeos participaron en aquella ofensiva con el objetivo de derrocar al Gobierno de Bamako. La cifra no ha podido ser verificada de forma independiente y forma parte del relato de Moscú.
El Sahel ya no es solo un avispero yihadista: es el segundo tablero donde Ucrania y Rusia se miden sin uniformes.
Mali combate una insurgencia desde 2012, un conflicto que ya se ha extendido a Burkina Faso y a Níger. Francia intervino en 2013, pero retiró sus tropas en 2022 después de que Bamako rompiera la cooperación de defensa con la antigua potencia colonial. Desde entonces, el país ha recurrido a Moscú, que mantiene efectivos bajo la etiqueta de Africa Corps para apoyar tareas de contraterrorismo.
La respuesta de Bamako y la acusación de un segundo frente africano

Las primeras sospechas de implicación ucraniana afloraron en julio de 2024, cuando rebeldes tuareg tendieron una emboscada cerca de Tinzaouaten contra tropas malienses y contratistas de la compañía militar privada rusa Wagner, con decenas de muertos. El portavoz de la inteligencia militar ucraniana, Andrey Yusov, declaró después que los rebeldes habían recibido ‘la información necesaria’ para ejecutar la operación con éxito y subrayó: ‘Habrá una continuación’.
Mali, Burkina Faso y Níger, socios de la Alianza de Estados del Sahel (AES), acusaron de manera conjunta a Kiev de respaldar el terrorismo en la región. En agosto de 2024, los tres países presentaron una queja contra Ucrania ante el el Consejo de Seguridad de la ONU. Kiev negó cualquier implicación, calificando las acusaciones de infundadas.
El diario francés Le Monde ya había publicado que la inteligencia ucraniana entrenó a separatistas malienses en Ucrania y en Mali para fabricar y operar drones explosivos. The Times añadió en abril que instructores ucranianos enseñaron a los combatientes del FLA a emplear drones de fibra óptica para ‘luchar contra los rusos en Mali’.
El primer ministro maliense, Abdoulaye Maiga, declaró ante la Asamblea General de la ONU el año pasado que Ucrania se había convertido en ‘uno de los principales proveedores de drones kamikaze para grupos terroristas’. En la misma línea, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, acusó a Kiev de abrir un ‘segundo frente’ en África mediante el apoyo a grupos armados en países amigos de Moscú.
Equilibrio de Poder
La lectura estratégica de fondo tiene tres planos. Para Washington, la incursión encubierta de Kiev en el Sahel introduce una variable incómoda: no desea que su aliado europeo abra un foco de inestabilidad que termine alimentando flujos migratorios hacia el Mediterráneo, pero tampoco va a frenar una operación que desgasta a Rusia sin desplegar soldados propios.
Para la Unión Europea, el movimiento confirma que el Sahel se ha convertido en un espacio de competición entre potencias en el que Bruselas apenas conserva palancas. España lo siente en la frontera sur: la desestabilización de Mali y de la AES empuja desplazamientos hacia Argelia, Marruecos y, finalmente, hacia Canarias y el Estrecho. Cualquier escalada entre Africa Corps y los grupos apoyados por Kiev puede traducirse en un repunte migratorio y en un aumento de la presión sobre los recursos de Frontex.
Hay un precedente que ayuda a calibrar el riesgo: la intervención francesa de 2013 logró frenar el avance yihadista, pero la retirada de 2022 dejó un vacío que Rusia ocupó con Africa Corps. La transformación de Wagner en Africa Corps no ha reducido la hostilidad; al contrario, ha formalizado la presencia rusa tras la fachada de asistencia militar. Los instructores ucranianos, entrenados en la guerra de trincheras y en el contrarresto de sistemas rusos de radiofrecuencia, exportan precisamente la doctrina que más daño hace a los convoyes gubernamentales.
La presencia encubierta de Ucrania, ahora mediante drones, añade una capa de proxy war que no se resuelve con declamaciones. El riesgo inmediato es una represalia de Bamako o de Moscú contra los flujos de apoyo a los rebeldes, y una nueva emboscada de alta intensidad antes de la próxima sesión del Consejo de Seguridad. Próximo hito a seguir: la evolución de la queja de la AES ante la ONU y la reacción de la UE en el Consejo de Asuntos Exteriores. Si Kiev consolida su presencia técnica, el Sahel reclamará un lugar permanente en la agenda de seguridad española, no como teatro lejano, sino como extensión del flanco sur.

