El Parlamento Europeo aprueba nuevas técnicas genómicas para una agricultura sostenible en la UE

La Eurocámara da luz verde a plantas modificadas genéticamente con menos pesticidas. Las nuevas variedades llegarán al campo en 2028 tras dos años de adaptación, con España como gran beneficiaria de un ahorro de hasta el 30 % en fitosanitarios.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo aprobó el miércoles el reglamento de nuevas técnicas genómicas (NTG), que facilita el desarrollo y comercialización de variedades vegetales resistentes al clima y las plagas.
  • ¿Quién está detrás? La Eurocámara, impulsada por la ponente Jessica Polfjärd (PPE, Suecia), ha cerrado un acuerdo provisional con el Consejo alcanzado en diciembre de 2025.
  • ¿Qué impacto tiene? Los agricultores europeos podrán acceder a cultivos que requieren menos pesticidas y son más resilientes, con España como uno de los grandes beneficiarios por su potente sector hortofrutícola.

El Parlamento Europeo adoptó ayer, con amplia mayoría, la nueva regulación de nuevas técnicas genómicas (NTG), un marco jurídico que divide estas herramientas en dos categorías y permite que las plantas con modificaciones genéticas limitadas reciban el mismo trato que las variedades convencionales. La norma, acordada con el Consejo en diciembre de 2025, supone un giro histórico en la regulación comunitaria: por primera vez, la legislación se basa en la composición genética final del vegetal y no en cómo se obtuvo.

«Se trata de una victoria histórica para los agricultores europeos y el futuro de Europa», declaró la ponente Jessica Polfjärd tras la votación. La eurodiputada sueca subrayó que los agricultores llevan años pidiendo acceso a estas modernas herramientas de fitomejoramiento para desarrollar cultivos más resilientes y menos dependientes de los plaguicidas.

Un voto histórico para la innovación agrícola europea

El texto aprobado clasifica las NTG en dos categorías. Las de categoría 1 engloban plantas con un número reducido de modificaciones, equivalentes a las que se podrían obtener mediante mejora vegetal convencional. Una vez verificadas, estas plantas serán tratadas como convencionales, sin necesidad de la estricta regulación de organismos modificados genéticamente (OMG). Eso sí, a petición del Parlamento, los vegetales diseñados para tolerar herbicidas o que produzcan sus propias sustancias insecticidas quedan excluidos de esta categoría y no podrán beneficiarse de la vía simplificada.

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Las NTG de categoría 2 son aquellas con modificaciones más extensas o complejas. Estas seguirán sujetas a la normativa actual de OMG: deberán superar una evaluación de riesgos y obtener autorización para su comercialización en la UE, además de mantener trazabilidad y etiquetado obligatorios. Los Estados miembros podrán restringir o prohibir su cultivo en su territorio aunque esté autorizado a escala comunitaria.

Las dos categorías de NTG: qué cambia para los agricultores

La nueva regulación se aplicará tanto a los vegetales producidos en Europa como a los importados. En mercados extracomunitarios ya existen, o están en avanzada fase de desarrollo, productos elaborados con plantas NTG: trigo con bajo contenido en gluten, patatas resistentes a plagas o maíz tolerante a la sequía. Para los agricultores españoles, que mueven el 16 % de la producción vegetal de la UE, la posibilidad de incorporar estas variedades supone una baza competitiva en un contexto de sequías recurrentes y presión creciente para reducir fitosanitarios.

De hecho, todas las bolsas de semillas y el material de reproducción de NTG de categoría 1 deberán etiquetarse como tales, y la Comisión creará una base de datos pública para garantizar la transparencia. La producción ecológica no podrá emplear NTG, aunque la presencia técnicamente inevitable de plantas de categoría 1 no se considerará incumplimiento de la normativa, un punto que la Comisión evaluará para evitar cargas desproporcionadas a los operadores ecológicos.

agricultura sostenible Europa

La ingeniería genética entra en la legislación europea con un objetivo claro: reducir la dependencia de plaguicidas sin renunciar a la productividad que exige la seguridad alimentaria del continente.

Las NTG podrán patentarse, con la excepción de rasgos o secuencias que se den en la naturaleza. Los eurodiputados introdujeron salvaguardas para evitar la concentración del mercado de semillas y proteger el derecho de los agricultores a guardar y replantar sus propias semillas –una vieja reivindicación de las organizaciones agrarias. «Hemos garantizado que los agricultores conserven ese derecho, algo clave para la soberanía alimentaria», señaló la ponente.

El Eje del Poder Europeo

La aprobación de las NTG no es solo una decisión técnica; refleja el pulso entre la innovación agrícola y la regulación medioambiental que recorre las instituciones comunitarias. El eje franco-alemán, con sus potentes industrias agroquímicas y de semillas, ha sido un motor de este expediente, pero también los países del sur, encabezados por España e Italia, han respaldado la norma porque ven en ella una herramienta para adaptar sus cultivos a un clima cada vez más extremo. Los Estados frugales del norte, tradicionalmente más escépticos con los OMG, aceptaron la división en categorías precisamente para blindar la producción ecológica y mantener la trazabilidad.

Para España, el reglamento llega en un momento clave: el sector hortofrutícola arrastra dos campañas con pérdidas millonarias por sequía y plagas. El Gobierno español, que apoyó el acuerdo desde el primer momento, confía en que las NTG de categoría 1 permitan desarrollar variedades de tomate, pimiento o cítricos más resistentes, reduciendo la factura de fitosanitarios. La patronal agroalimentaria calcula que la norma podría ahorrar hasta un 30 % de los costes en productos fitosanitarios en determinados cultivos.

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No obstante, el reglamento deja un margen de incertidumbre. La cláusula de exclusión voluntaria para las NTG de categoría 2 abre la puerta a un mosaico regulatorio entre Estados miembros, algo que ya ocurrió con los cultivos transgénicos tradicionales y que generó distorsiones en el mercado único. Además, el plazo de dos años hasta su plena aplicación (prevista para mediados de 2028) da tiempo a que surjan resistencias políticas o revisiones técnicas. La Comisión ya ha anunciado que supervisará el impacto de los cultivos obtenidos con NTG sobre la sostenibilidad, un guiño a las organizaciones ecologistas que critican que la línea entre mejora convencional y modificación genética es demasiado fina.

Las reacciones desde Moncloa no se han hechado esperar. Fuentes del Ministerio de Agricultura trasladaron a esta redacción que el reglamento «pone a Europa en la vanguardia de la innovación agrícola sin renunciar a las cautelas necesarias». La patronal agrícola española, por su parte, pide agilidad en la transposición nacional para que las primeras semillas NTG lleguen a los campos ibéricos cuanto antes. La partida se juega a dos tableros: dentro de la UE, con los eventuales vetos nacionales, y fuera, con los grandes exportadores –Estados Unidos, Brasil, Argentina– que ya cultivan con técnicas genómicas avanzadas y presionan para que la UE no cierre sus mercados.

El reglamento entrará en vigor veinte días después de su publicación en el Diario Oficial de la UE y se empezará a aplicar dos años después. La agricultura europea tiene ahora un nuevo marco legal para acelerar la adaptación climática. Queda por ver si la semilla germina con la rapidez que reclaman los agricultores o si las cautelas regulatorias frenan una carrera que los competidores globales ya han empezado a correr.