Trump culpa a expresidentes ‘estúpidos’ de que Taiwán robara las fábricas de semiconductores y anuncia acuerdos con Intel, Nvidia y Apple

El presidente anuncia que Apple fabricará sus chips en EE.UU. en colaboración con Intel, mientras Nvidia y la TerraFab de Elon Musk también participan. La inversión pública en Intel ya ha generado una plusvalía de 60.000 millones de dólares.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Trump acusa a anteriores presidentes de permitir que Taiwán domine los semiconductores y anuncia acuerdos con Intel, Nvidia y Apple para fabricar chips en EE.UU.
  • ¿Quién está detrás? El propio Trump, que impulsa el reshoring tecnológico y ha comprado un 9,9% de Intel a través del Gobierno.
  • ¿Qué impacto tiene? La participación pública en Intel ya ha generado una plusvalía de 60.000 millones de dólares en nueve meses y consolida a EE.UU. como polo mundial de chips.

Donald Trump ha arremetido contra las administraciones anteriores a las que califica de «estúpidas» por haber dejado que Taiwán acaparara la fabricación de semiconductores. En un mensaje en Truth Social, el presidente anunció además que Apple se une a Intel para diseñar y producir sus chips en suelo estadounidense, siguiendo los pasos de Nvidia y de la megafactoría TerraFab que Elon Musk está construyendo con tecnología de Intel.

El movimiento es la última pieza de una estrategia de reshoring industrial que el ejecutivo norteamericano lleva desplegando desde su regreso a la Casa Blanca. «La tecnología de la que depende el mundo se inventó en Estados Unidos. Todos recordamos ‘Intel Inside’. Presidentes estúpidos dieron por sentada nuestra economía y permitieron que Taiwán y otros nos robaran las fábricas de semiconductores», escribió Trump.

La apuesta por Intel como vector de soberanía industrial se remonta a 2025, cuando el Gobierno adquirió 433,3 millones de acciones primarias de la compañía a 20,47 dólares por título, una participación cercana al 10 %. Entonces, el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, agradeció la confianza depositada en la única empresa estadounidense capaz de desarrollar I+D de lógica de vanguardia y fabricar chips en el país.

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El acuerdo: Apple, Nvidia y Elon Musk se suman a Intel

Según el relato presidencial, la reactivación de la industria de chips ha seguido un plan escalonado. Primero llegó Nvidia, que aceptó fabricar con Intel sus chips de primer nivel. Luego Elon Musk se comprometió a levantar la TerraFab, la mayor planta de semiconductores del mundo, diseñada conjuntamente con el equipo de ingeniería de Intel. Y finalmente Apple, el mayor diseñador de procesadores móviles del planeta, ha aceptado trabajar con Intel para diseñar y producir sus chips en territorio estadounidense.

La entrada de Apple en la ecuación supone un giro estratégico de primer orden. La compañía de Cupertino lleva años diseñando sus propios procesadores —la serie A para iPhone y los chips M para Mac— pero hasta ahora los encargaba a fabricantes asiáticos. Que ahora apueste por la manufactura nacional con Intel como socio industrial redefine el mapa global de la cadena de suministro de los semiconductores de alto valor.

En nueve meses, la participación de Estados Unidos en Intel ha pasado de valer 10.000 millones a más de 60.000 millones de dólares. Una rentabilidad que ningún presidente había logrado en décadas.

Una inversión pública que ya renta 60.000 millones

El presidente no ha ocultado su satisfacción por el rendimiento económico de la operación. Cuando el Gobierno entró en el capital, la valoración de Intel rondaba los 100.000 millones de dólares. Nueve meses después, la compañía supera los 600.000 millones, lo que convierte la participación estadounidense —hoy por encima de los 60.000 millones— en una de las inversiones públicas más rentables de la historia reciente.

«¿Cuándo fue la última vez que un presidente le generó dinero a Estados Unidos?», preguntó Trump en su publicación. El dato no solo sirve para alimentar el relato de éxito de la Administración sino que también refuerza la idea de que la intervención pública en sectores estratégicos puede ser autofinanciable si se ejecuta con criterios de mercado.

En Washington, la cifra ha sido recibida como un espaldarazo a la política industrial de la era Trump. El argumento es sencillo: la seguridad nacional exige recuperar el control de las cadenas de suministro de chips, y hacerlo a través de participaciones accionariales bien calibradas puede generar, además, retornos para el erario público.

La Lógica de Washington

Para entender el envite semiconductor hay que remontarse al manual proteccionista que Ronald Reagan aplicó en los años ochenta con el acero y los automóviles. Aquella estrategia buscaba proteger industrias esenciales mediante aranceles y presión diplomática, al tiempo que se incentivaba la inversión doméstica. Ahora, Trump añade un ingrediente: la entrada directa del Estado en el capital de empresas estratégicas, algo que recuerda más a las intervenciones de la Segunda Guerra Mundial que a la ortodoxia republicana clásica.

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La justificación es doble. Por un lado, la dependencia de Taiwán —un territorio bajo creciente presión de China— supone un riesgo inaceptable para el Pentágono y para la economía digital estadounidense. Por otro, el electorado del Partido Republicano ha abrazado mayoritariamente el discurso de la deslocalización como causa de la pérdida de empleo manufacturero. Fabricar los chips donde se inventaron conecta directamente con ese relato.

Para España, el impacto es indirecto pero relevante. El sector tecnológico español no cuenta con grandes fábricas de semiconductores, pero sí con empresas como Telefónica, Indra o GMV que consumen chips de última generación para sus infraestructuras de defensa y telecomunicaciones. Una reconfiguración de la cadena de suministro global que aleje la producción de Asia y la concentre en Estados Unidos —y, potencialmente, en Europa si la UE acelera su propia ley de chips— podría alterar los costes y los plazos de entrega que hoy asumen las compañías españolas. Además, la escalada de valoración de Intel tiene reflejo en las carteras de grandes fondos y bancos españoles con exposición al sector tecnológico estadounidense.

En Washington, la apuesta se da por consolidada. La pregunta que flota en los pasillos del Congreso es si la Casa Blanca intentará replicar el modelo con otros sectores —farmacéutico, baterías, tierras raras— o si la operación Intel quedará como un experimento excepcional amparado por la emergencia de seguridad nacional. Las próximas comparecencias del secretario de Comercio ante el Comité de Asignaciones despejarán parte de esas dudas.

Ficha del Caso

  • El caso: Trump acusa a sus predecesores de negligencia industrial por permitir que Taiwán domine la fabricación de semiconductores y anuncia que Apple producirá sus chips en EE.UU. junto a Intel, mientras se confirma un retorno de 60.000 millones para las arcas públicas.
  • Datos clave: Participación pública en Intel del 9,9 % comprada a 20,47 dólares por acción; valoración actual de Intel por encima de 600.000 millones; acuerdos con Nvidia, Apple y Elon Musk (TerraFab); plusvalía de 60.000 millones.
  • Para España: Aunque la industria española de chips es limitada, las empresas tecnológicas y de defensa se ven afectadas por cambios en la cadena de suministro global. La revalorización de Intel beneficia a fondos con intereses españoles.