EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente Donald Trump ha advertido desde el Despacho Oval que las negociaciones con Irán son su ‘última oportunidad’ antes de una operación militar ‘mayor que cualquier ataque desde la Segunda Guerra Mundial’.
- ¿Quién está detrás? Trump ha pospuesto los ataques planeados tras la mediación de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar, que le pidieron dar otra oportunidad a la diplomacia.
- ¿Qué impacto tiene? El precio del petróleo y la seguridad de la ruta del estrecho de Ormuz —por donde transita un tercio del crudo mundial— están en juego. Una escalada dispararía el coste de la energía para España.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio este lunes a Irán su «última oportunidad» para alcanzar un acuerdo diplomático antes de desencadenar una campaña militar que, según sus propias palabras, superaría en escala a cualquier ataque desde la Segunda Guerra Mundial. La declaración, realizada en el Despacho Oval, tensa aún más el suministro global de crudo y coloca al estrecho de Ormuz —la principal arteria petrolera del planeta— en el centro de la crisis.
Trump aseguró que las conversaciones ya están en marcha, pese a las negativas públicas de Teherán. «Esta es una última oportunidad», afirmó. «Es una última oportunidad para que firmen un buen documento». El mandatario reveló que había pospuesto los ataques planeados a petición de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar, que le instaron a dar otra oportunidad a la vía diplomática tras meses de amenazas militares.
Irán, sin embargo, mantiene que no hay negociaciones directas con Washington. El portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, explicó que las discusiones se limitan a Omán y abordan «un corredor marítimo mutuamente aceptable» por el estrecho, no un regreso al estatus previo a la guerra. Trump calificó a los líderes iraníes de «increíblemente falsos» en su red Truth Social y zanjó: «Lo quieran admitir o no, estamos hablando de una solución».
La operación militar, todavía sobre la mesa, sería «el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial». Trump insistió en que preferiría no ejecutarla: «Si me dan la oportunidad de dejar que mucha gente viva, quiero darla. El presidente detalló un plan en dos fases: primero la reapertura total del estrecho de Ormuz «literalmente mañana» y después la desnuclearización de Irán. «No permitiré que cobren peajes a los buques comerciales», añadió, subrayando el control naval estadounidense de la zona.
El factor petrolero es inevitable. Un cierre —o incluso una interrupción parcial— del estrecho de Ormuz elevaría de inmediato la cotización del crudo Brent y, con ella, los costes energéticos de toda Europa. Arabia Saudí, primer exportador mundial de petróleo, teme que una guerra regional desestabilice los mercados y dañe sus propias infraestructuras. Por eso Riad presiona a la Casa Blanca para que explore cada vía diplomática antes de encender la mecha.
El petróleo que atraviesa Ormuz no entiende de diplomacia, pero su precio sí: cada día de bloqueo encarecería la factura energética de millones de españoles.
La Lógica de Washington
Desde el Ala Oeste, la secuencia tiene su propia racionalidad. Trump aplica aquí el manual de máxima presión que ya exhibió con Corea del Norte: combinar la amenaza militar creíble con una oferta diplomática de última hora. El objetivo inmediato no es Teherán, sino el estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento por el que circula un tercio del petróleo mundial. Al exigir su reapertura incondicional y sin tarifas, Washington defiende la libertad de navegación —un principio que la Armada estadounidense protege desde la era Reagan y la guerra de los petroleros en los años ochenta— mientras deja la cuestión nuclear para una segunda fase.
La insistencia de Arabia Saudí y otros aliados del Golfo no es solo humanitaria. Riad sabe que una escalada en Ormuz haría saltar los precios del crudo en plena transición energética europea, erosionando aún más la competitividad industrial del Viejo Continente y, por extensión, la demanda de su propio producto. Para España, el riesgo es directo: es un importador neto de energía y cada dólar extra en el barril se traduce en gasolinas más caras y mayor presión inflacionista. Empresas como Repsol, con intereses en el Golfo y refino en la Península, seguirían de cerca el pulso. El Gobierno de Pedro Sánchez, alineado con la postura europea de contención, vería con buenos ojos cualquier salida negociada que estabilice los mercados.
La próxima ventana clave será la evolución de las conversaciones en Omán durante los próximos días. Si Irán no cede en Ormuz, el reloj de la «última oportunidad» se agotará y el precio del petróleo marcará el termómetro real del conflicto.
Ficha del Caso
- El caso: Donald Trump ha dado a Irán una última oportunidad diplomática antes de lanzar una operación militar de gran escala, con el estrecho de Ormuz como pieza central de la negociación.
- Datos clave: Un tercio del comercio mundial de crudo pasa por Ormuz. Trump exige su reapertura total sin peajes. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar median para evitar la guerra. El Brent subiría con fuerza ante cualquier interrupción.
- Para España: Un shock en el precio del petróleo lastraría la recuperación económica, elevaría la inflación y golpearía a sectores intensivos en energía. La estabilidad del estrecho es un interés nacional español de primer orden.

