India ha iniciado conversaciones con los Emiratos Árabes Unidos para la venta de misiles supersónicos BrahMos y del sistema de defensa aérea Akashteer, según fuentes de la negociación citadas por Reuters. El movimiento se interpreta como un paso más en el rearme acelerado del Golfo Pérsico tras el conflicto en Oriente Próximo, que ha dejado expuestas las fisuras en el paraguas de seguridad que Estados Unidos desplegaba tradicionalmente sobre sus aliados.
Las conversaciones, que avanzan con rapidez, incluyen tanto el misil de crucero BrahMos —capaz de alcanzar velocidades de Mach 3— como la batería antiaérea automatizada Akashteer, desarrollada por la empresa estatal india Bharat Electronics. Ambos sistemas representan un salto cualitativo en las capacidades de disuasión emiratíes, especialmente relevante en un escenario de tensión permanente en el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
La BrahMos, desarrollada conjuntamente por India y Rusia, cuenta con variantes para ataque terrestre, naval y aéreo. Su empleo contra objetivos paquistaníes el año pasado demostró una efectividad letal y consolidó la reputación del misil en el mercado internacional. Por su parte, Akashteer ofrece una capacidad de respuesta aérea totalmente automatizada, lo que reduce los tiempos de reacción y la dependencia de personal especializado en entornos de alta saturación.
Un misil supersónico para un Golfo en tensión
Los Emiratos Árabes Unidos sufrieron ataques significativos durante la guerra desencadenada por la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán. Aunque el alto el fuego ha reducido la intensidad de los combates, la sensación de vulnerabilidad persiste. Abu Dhabi aspira ahora a proteger sus activos críticos, incluidos los puertos y terminales energéticas, así como a garantizar la seguridad de sus buques mercantes y militares que deben transitar el estrecho de Ormuz bajo la amenaza de Irán y de sus proxies.
Washington sigue siendo el mayor exportador de armas al Medio Oriente, pero la guerra de Irán ha evidenciado las limitaciones de su compromiso cuando sus propios intereses directos están en juego. La percepción de que Estados Unidos prioriza su rivalidad con Pekín en el Indo-Pacífico y que puede retirar activos del Golfo en momentos críticos ha llevado a las monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo a diversificar sus suministradores. India, que mantiene buenas relaciones con todos los actores regionales y una creciente industria de defensa, emerge como una alternativa creíble y asequible.
La compra de BrahMos no es solo una adquisición: es la constatación de que el orden de seguridad liderado por Estados Unidos en Oriente Próximo se está fracturando.
De cliente a proveedor: la pujanza de la industria de defensa india
India ha pasado de ser el mayor importador de armas del mundo a posicionarse como un exportador notable. En el año fiscal cerrado en marzo de 2026, sus exportaciones de defensa superaron los 4.000 millones de dólares, un salto astronómico desde los apenas 7,26 millones de hace una década. BrahMos Aerospace, la empresa conjunta indo-rusa, registró un crecimiento récord del 48,6 % en sus ingresos durante el ejercicio 2025-26.
El primer cliente exterior del BrahMos fue Filipinas, que firmó un contrato de 375 millones de dólares en 2022. Posteriormente, India cerró un acuerdo con Vietnam y mantiene negociaciones avanzadas con Indonesia. Ahora, la incorporación de Emiratos Árabes Unidos, un actor con gran capacidad financiera y necesidad estratégica, podría escalar el volumen de negocio a varios miles de millones adicionales.
El acuerdo requiere la autorización de Rusia, pero las fuentes consultadas —incluido un alto asesor del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) citado por Reuters— dan por seguro que Moscú la concederá. Las estrechas relaciones entre Abu Dhabi y el Kremlin, fortalecidas en los últimos años en el ámbito energético y de inversión, facilitan el trámite.

Equilibrio de Poder
La operación BrahMos-Akashteer tiene el potencial de remodelar el mercado de defensa en el Golfo y, por extensión, de influir en la arquitectura de seguridad que afecta directamente a los intereses europeos y españoles. Desde una perspectiva estratégica, la triangulación India-Rusia-Emiratos introduce un nuevo eje de suministro de armamento avanzado que erosiona el casi monopolio occidental en la región.
Para Estados Unidos, la noticia supone la pérdida de un cliente histórico y la constatación de que su influencia militar se desgasta cuando su fiabilidad como garante se pone en duda. La administración Trump, en su segundo mandato, ha dejado claro que la seguridad de los aliados de Medio Oriente no es una prioridad automática, lo que incentiva la búsqueda de sistemas de armas que no dependan de la voluntad política de Washington. Para Rusia, participar en este acuerdo —aunque sea a través de su socio tecnológico indio— le permite mantener presencia en el mercado del Golfo pese a las sanciones occidentales y seguir generando divisas.
La Unión Europea observa con preocupación cómo potencias externas ganan terreno en una zona de tránsito energético vital. La seguridad del estrecho de Ormuz es, en última instancia, una cuestión europea: una interrupción del tráfico dispararía los precios del crudo y del gas natural licuado, afectando directamente a la economía de países como España, donde la dependencia del gas catarí y de otras fuentes del Golfo es notable. Además, una mayor proliferación de misiles de crucero supersónicos en manos de actores estatales del Golfo altera el equilibrio militar y podría desencadenar carreras armamentísticas regionales que Bruselas, con su limitada proyección naval en el Índico, difícilmente podría contener.
Para España, las implicaciones son múltiples. Por un lado, la estabilidad del Golfo es condición necesaria para mantener los precios energéticos bajo control y para proteger las inversiones de empresas españolas en la región. Por otro, la entrada de India como exportador de alta tecnología militar abre una ventana de oportunidad para la industria de defensa española, que podría explorar alianzas con Nueva Delhi para codesarrollar sistemas o para beneficiarse de transferencias tecnológicas en el marco de programas navales y aéreos. Navantia e Indra ya han mostrado capacidad para competir en mercados complejos, y una asociación con un actor como India podría ser estratégica para el futuro del sector.
En el horizonte de cinco a diez años, cabe esperar que Estados Unidos se repliegue cada vez más hacia el Indo-Pacífico, dejando vacíos de poder en el Golfo que serán ocupados por potencias regionales con capacidad industrial propia —India, pero también Turquía, China o Rusia—. La decisión de los Emiratos de adquirir misiles BrahMos no es solo una compra de armas: es un termómetro de la confianza en el aliado tradicional y un voto por un nuevo orden de seguridad menos dependiente de Occidente. Europa, y España en particular, harían bien en leer la señal y prepararse para un escenario donde la defensa colectiva será cada vez más responsabilidad propia.

