Trump arremete contra las petroleras Exxon y Chevron: ‘ganan demasiado dinero’ con Irán y promete precios por los suelos

El presidente estadounidense critica a las dos mayores petroleras por obtener beneficios récord durante la crisis de Irán y promete que los precios del crudo se desplomarán tras el conflicto. La intervención verbal sobre el sector energético sacude los principios de libre mercado

Donald Trump ha arremetido este miércoles contra las dos mayores petroleras estadounidenses, ExxonMobil y Chevron, acusándolas de ganar «demasiado dinero» gracias a la crisis con Irán y prometiendo que los precios de la gasolina caerán «por los suelos» cuando termine el conflicto. La intervención del presidente de Estados Unidos sobre los beneficios corporativos ha provocado asombro incluso entre aliados conservadores y reabre el debate sobre los límites del libre mercado bajo esta administración.

El ataque de Trump a las grandes petroleras

«Basados en una escasez, están ganando demasiado dinero», dijo Trump a los periodistas, en referencia a los precios disparados del crudo tras la escalada con Irán. Y no se mordió la lengua. Trump aseguró que que «Basados en una escasez, están ganando demasiado dinero», insistiendo en que tanto Exxon como Chevron se están aprovechando de la situación. «Cuando terminemos con Irán, verán caer los precios por los suelos. Pero ellos han ganado demasiado dinero. Demasiado. Chevron, demasiado. ExxonMobil, demasiado», remachó.

Las declaraciones del presidente, recogidas por BlazeTV, subrayan una línea inusual de presión directa desde la Casa Blanca hacia los gigantes energéticos, que suelen ser aliados del Partido Republicano. El contexto: la tensión en el Golfo Pérsico ha elevado el barril de crudo por encima de los 90 dólares, alimentando la inflación en los surtidores americanos. El mandatario, en plena carrera por contener el descontento interno, busca un chivo expiatorio.

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Reacciones: entre el asombro conservador y el silencio corporativo

Las críticas no tardaron en llegar desde el propio espectro conservador. Pat Gray, presentador de BlazeTV, calificó el ataque de «preocupante» y sentenció: «Eso no es capitalismo». Su compañero Jeff Fisher añadió una nota pragmática: «Señor Presidente, cuando los precios se desplomen, estas empresas habrán tenido este dinero para sobrevivir un poco más».

El productor ejecutivo Keith Malinak aportó datos bursátiles para matizar la acusación de beneficios desmedidos. Señaló que Chevron cerró el 27 de febrero a 189 dólares por acción y hoy cotiza a 193, mientras que ExxonMobil ha subido solo 6 dólares en el mismo período. Ganancias muy modestas, desde luego, comparadas con las que obtuvieron las farmacéuticas durante la pandemia.

Las palabras de Trump trascienden la política energética: son un desafío frontal a los principios de libre mercado que han definido al Partido Republicano durante décadas.

La Lógica de Washington

Para entender por qué Trump ataca a sus aliados naturales del sector energético hay que mirar más allá de la bronca puntual. El presidente necesita desesperadamente que los precios de la gasolina bajen; son el termómetro más visible de la inflación para el votante medio. Más que una defensa de la competencia, sus palabras responden a un instinto populista que antepone el alivio inmediato al consumidor a cualquier dogma de mercado.

Esta lógica no es nueva en la política americana. Richard Nixon impuso controles de precios y salarios en 1971 para combatir la inflación, una decisión que muchos economistas consideran un error que agravó la estanflación de los años 70. Trump coqueteó con medidas similares al amenazar a las farmacéuticas durante su primer mandato. Ahora, con la crisis de Irán como telón de fondo, vuelve a blandir la intervención verbal como arma política.

Para España, las consecuencias de un choque entre la Administración y las grandes petroleras son ambivalentes. Por un lado, una bajada brusca del crudo beneficiaría a un país que importa más del 70% de su energía. Los costes de transporte y producción se reducirían, aliviando la factura de familias y empresas. Repsol, la mayor petrolera española, podría ver afectados sus márgenes de refino si la presión sobre el sector se contagiase a las multinacionales europeas, pero en el corto plazo el consumidor español celebraría precios más bajos en los surtidores. El riesgo, apuntan analistas consultados por Moncloa.com, es que la incertidumbre regulatoria retraiga la inversión global en exploración y producción, sembrando las semillas de un futuro repunte de precios cuando la demanda vuelva a crecer.

La próxima ventana clave será el cierre del conflicto iraní. Si Trump cumple su promesa y la guerra termina, los precios del crudo caerán por inercia; si no, la presión para que las petroleras «colaboren» podría ir más allá de las palabras. Por ahora, la Casa Blanca se mantiene en el terreno de la retórica, pero el mensaje está claro: bajo esta administración, incluso los beneficios empresariales pueden convertirse en asunto de campaña.

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Ficha del Caso

  • El caso: Donald Trump acusa a ExxonMobil y Chevron de beneficiarse en exceso de la crisis con Irán y promete que los precios del combustible se desplomarán tras el conflicto.
  • Datos clave: Declaraciones a periodistas recogidas por BlazeTV; acciones de Chevron de $189 a $193 en seis meses, Exxon +$6. No se presentan cifras oficiales de beneficios.
  • Para España: Un descenso del crudo abarataría la factura energética y el transporte, beneficiando a consumidores y empresas; la intervención presidencial añade incertidumbre regulatoria que podría afectar la inversión a medio plazo.