José María Figaredo, diputado de Vox, tilda de ‘cortina de humo’ la agresión ultra de Oviedo para tapar la crisis de Ceuta. El número dos del GPVOX en el Congreso denuncia además ‘escraches’ contra su sede en Oviedo.
Qué denuncia Figaredo y con qué argumentos
Figaredo ocupa el número dos del Grupo Parlamentario VOX (GPVOX) en el Congreso de los Diputados. Ha expuesto su tesis tras la misa en honor a San Mateo en Oviedo. A su juicio, la agresión que sufrieron dos militantes de AMA Asturies durante las fiestas ha sido ‘repetida y cacareada’ por dirigentes políticos para ocultar la crisis de Ceuta.
‘Se está utilizando una cortina de humo para tapar la auténtica agresión, la que sufren miles de españoles, con miles de barrios en los que no se puede vivir’, ha asegurado el parlamentario. En su argumentación, Ceuta funciona como ‘bola de cristal’: ‘es el futuro que se viene para el resto de España, y de eso no quieren hablar’. El diputado ha insistido en que ‘los niños españoles ya no pueden ir a los parques’.
A ese diagnóstico suma los ‘escraches’ que, según sostiene, padece su propio partido. Figaredo ha aludido a una concentración ante la sede de Vox en Oviedo en la que, asegura, se profirieron ‘gritos de la Guerra Civil española’ y afirmaciones como ‘arderéis como en el 36’ o ‘somos más’.
El diputado asturiano ya fue protagonista el pasado agosto, en plena crisis de Ceuta, al defender en televisión que había que ‘cazar a los inmigrantes uno a uno’ y ‘devolverlos’ a Marruecos. Preguntado entonces por el uso de ese verbo, respondió con un ‘tienen ustedes la piel muy fina’ antes de matizar que se refería a ‘apresar, detener o aprehender’.
Figaredo convierte la agresión de Oviedo en un argumento de oposición: desplaza el foco del ataque hacia la inseguridad que Vox denuncia en los barrios y en Ceuta.
El rechazo del Gobierno asturiano y el alcance de la agresión
La reacción institucional no se ha hecho esperar. El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, ha calificado las palabras de Figaredo de ‘despropósito’ y ha remarcado que ‘la violencia nunca se debe justificar’. ‘Da igual si se ejerce contra Rubén Rosón, Abascal o la diputada ceutí Julia Ferreras’, ha escrito en redes sociales.
Desde el Gobierno central, el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, ha sostenido que ‘esto es la ultraderecha’ y ha reprochado al diputado que ‘encubre ahora la agresión fascista en las fiestas de Oviedo.
La agresión a la que se refiere Figaredo se produjo en las fiestas de San Mateo. Cinco jóvenes, ultras del Real Oviedo, han sido detenidos y se les atribuye un delito de odio por un ataque homófobo. Cuatro de ellos están acusados de lesiones como presuntos autores materiales de la paliza. Su defensa mantiene que no hay ‘motivo político’ y que son de ‘buena familia’.
Qué busca Vox con este movimiento
La salida de Figaredo encaja en una línea que Vox viene desplegando desde el verano: instalar la crisis de Ceuta y la política migratoria en el centro del debate público. El partido sostiene, según su argumentario habitual, que el control de fronteras y la seguridad en los barrios son la prioridad de los españoles. Y, de fondo, late el pulso con el PP: cada pronunciamiento de este tipo presiona a los populares por la derecha y complica su discurso en inmigración.
El episodio, eso sí, deja un flanco a Vox. La oposición ha encontrado en el marco elegido por Figaredo un argumento para acusar al partido de relativizar la agresión. El Gobierno asturiano y el Ejecutivo central ya lo han explotado. La dirección de Vox afronta así el reto de sostener su discurso sobre Ceuta sin que la polémica desplace su mensaje de seguridad.
Con las fiestas de San Mateo recién cerradas y el debate migratorio abierto, el partido mantiene su hoja de ruta: marcar perfil propio y condicionar cualquier acuerdo futuro con el PP a compromisos firmes en fronteras. La próxima cita parlamentaria medirá hasta dónde llega ese pulso.

