El Ayuntamiento de Barcelona descarta por ahora las luces de Navidad en plaza Catalunya mientras se mantenga la acampada por la vivienda. La decisión, confirmada este viernes 6 de noviembre, deja al centro de la ciudad sin el alumbrado de autor que el año pasado ocupaba el espacio central.
La reacciĂłn no se ha hecho esperar. Barcelona Oberta, la asociaciĂłn que agrupa los principales ejes comerciales de la ciudad, ha reclamado al consistorio que desmantele la acampada una vez pase la huelga general del 11-N y que active a continuaciĂłn un dispositivo de limpieza y ‘puesta a punto’ de la plaza. En un comunicado, la entidad pide además que el Ayuntamiento aclare antes de la movilizaciĂłn si todavĂa hay plazo material para instalar el alumbrado navideño y, en caso contrario, que estudie una alternativa para iluminar el espacio estas fiestas.
El gobierno municipal sostiene que la instalaciĂłn es una creaciĂłn concebida especĂficamente para ese punto de la ciudad, de modo que no puede trasladarse a otro emplazamiento sin desnaturalizarla. Es el argumento que ha esgrimido para descartar, al menos de momento, tanto el montaje en plaza Catalunya como su reubicaciĂłn en una ubicaciĂłn distinta.
Del ‘por ahora’ del Ayuntamiento al calendario que exige el comercio
El problema es de reloj. El Festival de Navidad —teatro, circo, danza y mĂşsica en pleno centro— requiere varias semanas de montaje, y cada jornada que pasa sin un calendario claro aleja la posibilidad de celebrarlo con normalidad. Por eso Barcelona Oberta quiere que el consistorio concrete antes de la huelga las fechas de retirada, limpieza y preparaciĂłn: ‘Esto permitirĂa empezar los trabajos tan pronto como acabe la movilizaciĂłn y recuperar la plaza tanto para el uso cotidiano como para las actividades de Navidad’, señalan desde la entidad.
La asociaciĂłn reconoce la gravedad del problema de acceso a la vivienda y la legitimidad de las movilizaciones. Lo que discute es el mĂ©todo y el coste. A su juicio, la prolongaciĂłn de la acampada ‘ha desdibujado el sentido de la reivindicaciĂłn inicial’ y ha contribuido a la acumulaciĂłn de suciedad y al deterioro del espacio pĂşblico. En paralelo, el comercio del entorno mira al calendario con aprensiĂłn: la campaña de Navidad es la que más facturaciĂłn concentra del año para buena parte de los locales del centro.
La plaza es el escaparate de la ciudad en diciembre, y este año el escaparate está ocupado por otra cosa: un pulso polĂtico que nadie sabe cĂłmo acaba.
El espejo que pone Barcelona Oberta está en Madrid. La entidad cita el desalojo de la acampada de la Puerta del Sol el pasado 3 de noviembre como referencia para fijar ‘un calendario de actuaciĂłn en Barcelona’. La comparaciĂłn tiene truco: cada ciudad tiene su propio equilibrio entre derecho a la vivienda, orden pĂşblico, y uso del espacio compartido, pero el argumento del comercio es que ya existe un antecedente reciente y que la capital catalana no lo está aplicando.
Desde el otro lado del mostrador, la acampada no es un problema de limpieza. Es la constatación de que el acceso a la vivienda sigue roto en el área metropolitana y de que la protesta ha encontrado en la plaza más visible de la ciudad su mejor altavoz. Cualquier desalojo que llegue sin una respuesta habitacional se leerá, inevitablemente, como una operación estética antes de Navidad.
El 11-N como fecha lĂmite: la presiĂłn se traslada a Collboni

La oposiciĂłn ha convertido el asunto en un juicio a la autoridad del alcalde. El presidente del grupo municipal de Junts y candidato a la alcaldĂa, Jordi MartĂ Galbis, ha lamentado la ‘falta de autoridad’ de Jaume Collboni por no garantizar el alumbrado en plaza Catalunya y ha recordado que su partido denuncia desde hace tiempo que Barcelona ‘tiene alcalde, pero no tiene gobierno’. ‘ÂżQuiĂ©n manda?’, se ha preguntado en la red social X.
El presidente del PP en el Ayuntamiento y alcaldable, Daniel Sirera, ha ido más lejos al calificar de ‘vergĂĽenza’ que Barcelona sea, a su juicio, la Ăşnica gran ciudad europea cuya plaza principal no contará con iluminaciĂłn navideña. Sirera añade un elemento que incomoda especialmente al gobierno municipal: este año la ciudad ostenta el tĂtulo de Capital Europea de Navidad, lo que a su entender obliga a ser ‘un referente de celebraciĂłn, convivencia y atractivo turĂstico’ con la plaza como epicentro de las fiestas.
Collboni gobierna en minorĂa y cada decisiĂłn sobre el espacio pĂşblico se convierte en un test de gestiĂłn con las municipales en el horizonte. La acampada le obliga a elegir entre dos costes polĂticos: si actĂşa, parte de la izquierda le acusará de priorizar el escaparate sobre el derecho a la vivienda; si no actĂşa, el comercio y la oposiciĂłn le acusarán de no gobernar.
Lo que se juega la ciudad más allá del alumbrado
Hay una lectura economicista que el Ayuntamiento no puede ignorar. La plaza Catalunya es el nudo donde confluyen Rodalies, FGC, TMB y los autobuses de media Cataluña; tambiĂ©n es la puerta de entrada de los turistas que llegan en diciembre. Un diciembre sin alumbrado ni festival en ese punto no cierra comercios, pero sĂ envĂa una señal: la ciudad no ha sabido ordenar su espacio más simbĂłlico en su mes más rentable.
Lo que observamos es un patrĂłn que se repite. El consistorio tiende a responder con el calendario en la mano —’por ahora’, ‘de momento’— y deja que el conflicto se dirima por agotamiento. FuncionĂł con otras ocupaciones, pero aquĂ el reloj corre en contra: el montaje navideño no espera y la huelga del 11-N marcará el pistoletazo de salida de cualquier operaciĂłn posterior.
El precedente madrileño tampoco es neutral. El desalojo de Sol se produjo sin un calendario pĂşblico de realojamiento, y esa es precisamente la crĂtica que los colectivos de vivienda trasladarán a Barcelona si el Ayuntamiento actĂşa igual. La diferencia es que aquĂ la retirada no se plantea como una operaciĂłn de orden pĂşblico puro, sino como la condiciĂłn para que la ciudad recupere su escaparate navideño.
Queda menos de una semana para saberlo. Si la acampada sigue en pie el jueves 12 de noviembre, el Ayuntamiento tendrá que elegir entre mantener el pulso o habilitar una solución de emergencia para iluminar la plaza. Barcelona Oberta ya ha dicho qué espera: calendario antes del 11-N, limpieza inmediata después y, si los plazos lo permiten, luces. Lo contrario será una Navidad a oscuras en el corazón comercial de la ciudad.

