Adiós a la caída del precio del aceite de oliva: el Gobierno retira el 12% de la producción

Las almazaras deberán apartar 188.000 toneladas mientras dure la campaña. Facua califica la medida de escandalosa y avisa de que el litro no bajará en el supermercado.

Pagar más de 10 euros por un litro de aceite de oliva parecía irreversible hace tres años. Hoy lo encuentras por debajo de cinco euros en casi cualquier supermercado, y esa bajada tiene los meses contados.

El motivo no es una mala cosecha ni un giro del IVA. Es una decisión administrativa. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha activado por primera vez en la historia la retirada obligatoria de parte de la producción de las almazaras: un 12% de la producción mensual acumulada de cada una, con independencia de su tamaño y de su categoría.

Traducido a kilos, hablamos de unas 188.000 toneladas que dejan de circular. No se destruyen ni se tiran. Se inmovilizan, se apartan del mercado y esperan. Cada almazara decide de qué categoría retira —virgen extra, virgen u oliva—, pero no puede decidir no retirar.

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¿Por qué se activa justo esta campaña? Porque viene cargada. El aforo estimado ronda los 1,6 millones de toneladas, la cuarta mejor cifra desde que hay registros, y a finales de octubre aún quedaban 357.040 toneladas de existencias de la campaña anterior. Con ese panorama, el operador más despistado sabe lo que pasa: la oferta se desborda y los precios de compra en origen se hunden.

El marco legal es el artículo 5 de la norma de comercialización del aceite, dentro de la transposición del Reglamento 1308/2013 que ordena el mercado común. El mecanismo se enciende cuando las existencias iniciales más la previsión de la nueva campaña superan el 120% de la media de las seis campañas anteriores. Y ahí estamos.

Retirar aceite del mercado no abarata nada: sostiene el precio del agricultor a costa de que la bajada no llegue nunca a la etiqueta del supermercado.

Qué hay detrás del 12%

La retirada no es un arrebato intervencionista. Es la respuesta a un mercado que en seis años ha pasado de la sequía a la abundancia sin escala intermedia. Entre 2022 y 2024 España encadenó dos de las peores cosechas de su historia reciente: 665.700 toneladas en la campaña 2022/2023 y 850.200 en la 2023/2024. Después llegó el rebote, con 1.415.400 toneladas en 2024/2025 y 1.305.828 en 2025/2026.

El problema es la suma. A la cosecha prevista se le añaden las existencias heredadas, y el indicador se dispara por encima del umbral del 120%. La norma permite retirar producto en ese escenario; activarla era potestad del ministerio, y esta vez ha decidido usarla. Nunca antes lo había hecho.

Las claves de la retirada

  • Obligatoria y mensual: cada almazara aparta el 12% de su producción acumulada del mes. No hay margen voluntario ni negociación posible.
  • La categoría la eliges tú: la empresa decide si retira virgen extra, virgen u oliva. Lo que no puede es apartar menos kilos de los que le tocan.
  • El aceite no se destruye: se inmoviliza mientras la medida siga vigente y puede volver al mercado cuando cambie el escenario de campaña.
retirada aceite de oliva

Quién gana y quién pierde en el lineal

Para el agricultor, la medida llega como un balón de oxígeno. El sector llevaba años quejándose de que en las campañas buenas el precio en origen apenas cubre costes, y en las malas tampoco. Asaja Córdoba la ha valorado en positivo con una condición: frenar las importaciones mientras la retirada esté vigente, porque de poco sirve apartar aceite español si el hueco lo ocupa aceite de fuera.

En la otra esquina está Facua. La asociación de consumidores tacha la decisión de escandalosa, y su argumento es difícil de rebatir: si se recorta la oferta para sostener el precio en origen, la bajada no llegará al lineal. El perjudicado es el de siempre, el que compra una botella de litro cada dos meses.

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Los datos de los últimos años apuntan a que el traslado del precio en origen al supermercado es lento e incompleto. Cuando el litro se disparó por encima de los 10 euros, la escalada llegó a la etiqueta en semanas. Ahora que la caída debería notarse, la mayoría de los operadores considera que el ajuste tardará en verse, si es que se ve.

Cómo comprar y conservar mientras dure la medida

Mientras la política decide, el aceite de oliva sigue siendo un zumo de fruta: vivo, perecedero y más frágil de lo que sugiere su precio. Estas son las tres cosas que a mí me habría gustado saber antes de tirar más de una botella a medias.

El formato manda. Un cinco litros sale mejor por litro, sí, pero solo si lo consumes en cuatro o cinco meses. A partir de ahí la oxidación se nota en el amargor y en ese regusto a cartón que arruina cualquier ensalada.

La luz y el calor son el enemigo silencioso. Nada de tener la garrafa junto al fuego ni en la encimera donde da el sol de la mañana. Armario cerrado, temperatura estable y tapón bien ajustado; si tienes un mueble fresco o una despensa sin calefacción, es su sitio.

Y no compres por pánico. Acaparar cuando se anuncia una medida como esta solo encarece aquello que intentabas proteger. Compra lo que vayas a gastar de verdad y aprovecha la entrada de la campaña nueva, que es cuando los vírgenes extra llegan más baratos a la estantería.

Queda una pregunta incómoda. Si la única forma de que el agricultor cobre un precio digno pasa por esconder producto, el problema quizá no esté en la cosecha de este año. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.

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