Putin confirma para la próxima semana negociaciones Ucrania Rusia-EEUU en Abu Dabi

El Kremlin designa a Medinski para encabezar la delegación rusa y deja fuera de la sala a París, Berlín y Bruselas, que sostienen a Kiev. Ucrania no ha confirmado su asistencia y España no figura en ninguno de los formatos.

Las negociaciones Ucrania Rusia vuelven el 10 de noviembre a Abu Dabi con Washington y Moscú en la sala y Europa fuera.

Vladímir Putin confirmó este viernes, ante el Consejo de Seguridad ruso, que las delegaciones de Rusia, Estados Unidos y Ucrania abrirán una nueva ronda el martes en Emiratos Árabes Unidos. La cita la había anticipado el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, que fijó dos jornadas: 10 y 11 de noviembre. Kiev no la confirma. La delegación rusa la encabezará el veterano Vladímir Medinski, según adelantó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Del equipo ucraniano no hay un solo nombre público.

A la reunión del viernes asistieron el asesor Yuri Ushakov, el vice primer ministro Dmitri Patrushev, los viceministros de Exteriores Mijaíl Galuzin y Serguéi Riabkov, el jefe de la inteligencia militar (GRU) Ígor Kostyukov y el general Yuri Zhigarlovsky, del Estado Mayor. No es una foto de protocolo. Es la sala donde Moscú decide qué puede firmar.

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Witkoff detalló el orden del día: ‘acuerdos de seguridad posguerra, desescalada, esfuerzos humanitarios y próximos pasos hacia la paz’. Traducido al español de todos los días: no se negocia un alto el fuego de tres semanas, se negocia la arquitectura que sustituye a la guerra.

Por qué Moscú sienta a Washington y deja a Bruselas en el pasillo

El precedente que el Kremlin esgrime para vetar a los europeos es Minsk. Sostiene que París y Berlín quemaron su credibilidad como mediadores al no hacer cumplir los acuerdos firmados en 2014 y 2015. El argumento tiene un grano de verdad y una trampa: Minsk no fracasó por la nacionalidad de los mediadores, sino porque nunca hubo mecanismo de verificación ni coste para quien lo incumpliera.

La exclusión tiene miga. El miércoles y el jueves, los negociadores estadounidenses se reunieron en Bruselas con Francia, Alemania, Reino Unido, la Comisión Europea, y la OTAN para hablar de garantías de seguridad y de oportunidades económicas en la reconstrucción. Jared Kushner resumió el resultado con una frase que debería inquietar: Washington seguirá consultando a Kiev y a sus socios europeos y ‘también hablará con Rusia’. Consultar no es negociar.

Europa pone el dinero y las garantías; Estados Unidos pone el calendario. En Abu Dabi se sienta quien escribe el texto, no quien lo paga.

Lo que España se juega en Rota, en el Sahel y en la factura de la paz

Putin

Ninguna delegación española figura en el reparto. Moncloa no ha estado en el canal de Witkoff, ni en el formato E3, ni en la ronda que Bruselas celebró esta semana. España ha aprendido a influir a través de la UE y de la OTAN, y las dos puertas están, por ahora, en el pasillo.

Hay dos razones por las que esto importa más en Madrid que en Varsovia. La primera es Rota. El despliegue estadounidense en Rota y Morón es el activo más valioso que España tiene frente a Washington y también el más vulnerable: si la arquitectura de seguridad europea se diseña en clave bilateral, esas bases pasan de pilar de la OTAN a moneda de cambio.

La segunda es el flanco sur. Nadie ha puesto el Sahel sobre la mesa de Abu Dabi. Pero Moscú lleva años consolidando posiciones en Libia y en el Sahel con el África Corps, y Argelia sigue siendo el primer cliente africano de su industria militar. Cualquier trueque global que incluya un repliegue estadounidense en África o una relajación de sanciones reordena el Magreb. Y el Magreb es nuestra frontera.

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El dinero tampoco es ajeno. Los activos del Banco Central ruso inmovilizados en Europa —Bruselas maneja cifras en el entorno de los 190.000 millones de euros— son la garantía sobre la que se ha construido el préstamo europeo a Ucrania. Si la paz llega con un acuerdo que descongele, devuelva o reordene parte de ese dinero, el reparto de la factura vuelve al Consejo. España responde por su cuota.

Y está el gasto. En La Haya, España se sumó al compromiso de alcanzar el 5% del PIB en 2035, con un 3,5% de gasto militar puro que, con el PIB actual, equivaldría a más de 50.000 millones anuales. Si la amenaza se desactiva en un papel firmado en Emiratos, la presión política para mantener el ritmo se afloja justo cuando el FCAS, los Eurofighter y los SAMP/T necesitan continuidad industrial.

Equilibrio de Poder

La lectura desde el Pentágono es transaccional. La administración Trump quiere cerrar el expediente ucraniano para liberar recursos hacia el Indo-Pacífico, y para eso necesita algo que Moscú considere suficiente. El canal real no es la OTAN, ni la UE, ni el formato E3: es bilateral, con Witkoff y Kushner como correa de transmisión.

Moscú llega con ventaja de calendario y con el discurso consolidado. Putin repite desde 2022 que no aceptará un alto el fuego que sirva a Kiev para rearmarse y que cualquier arreglo debe abordar ‘las causas profundas’, es decir, el estatus de los territorios ocupados, las sanciones y el papel de la OTAN. En una mesa de negociación, eso o es maximalismo de partida o es el suelo real.

Bruselas se ha instalado en la paradoja de pagar sin firmar: financia a Kiev, asumirá las garantías que se discutan en su propio edificio y no tiene silla en Abu Dabi.

En clave española, el riesgo a cinco o diez años no es que Rusia gane. Es que se consolide un formato de seguridad europea gestionado en capitales ajenas, en el que los europeos financian, certifican y no deciden. El memorándum de Budapest de 1994 ya enseñó lo que valen las garantías sin consecuencias adjuntas: Ucrania entregó su arsenal nuclear a cambio de tres firmas.

Lo que no sabemos es casi todo lo importante. No hay mecanismo de verificación anunciado, no conocemos la composición de la delegación ucraniana y ni siquiera está confirmada la asistencia de Kiev. Y no hay señal de que la próxima ronda incluya a europeos. Una cumbre sin verificadores es un comunicado con fecha.

Nadie firma sin ver el menú. El primer examen llega el miércoles 11 de noviembre: si de Abu Dabi sale un texto con calendario, verificadores y una ruta para las sanciones, el tablero se mueve de verdad. Si sale una foto, habremos asistido a la enésima ronda de conversaciones sobre conversaciones. Seguimos de cerca ambas.