Madrid se derrite cada agosto y, mientras media ciudad hace cola en la A-6 rumbo a la costa, hay quien conoce un atajo mucho más discreto. A poco más de una hora en coche, en la falda sur de la Sierra de Gredos, una garganta de montaña esconde dos piscinas naturales donde el agua nunca deja de estar fría, ni en pleno julio.
Se llama Charca de la Nieta, y su nombre no viene de ninguna abuela, sino de una planta que crecía junto al cauce. La forma un muro de contención construido a mediados de los años 50 sobre la Garganta de Nuño Cojo, y desde entonces es el plan de baño favorito de todo el Valle del Tiétar.
Madrid tiene su propio Gredos a un paso
La localidad que guarda este tesoro es Piedralaves, un pueblo abulense de poco más de dos mil habitantes situado en la vertiente sur de la sierra, justo en el punto donde el agua del deshielo empieza a bajar con fuerza hacia el valle. Aunque administrativamente pertenece a Castilla y León, su cercanía a Madrid lo ha convertido durante décadas en destino de fin de semana para quien busca naturaleza sin recorrer cientos de kilómetros.
La garganta atraviesa el propio casco urbano de norte a sur, y recibe aguas de otras gargantas menores —Matavacas, La Graja, El Retamalejo— que nacen más arriba, en la zona conocida como El Horcajo. Ese origen múltiple explica por qué el caudal se mantiene fresco incluso en las semanas de más calor, algo que sorprende a quien se baña por primera vez.
Una piscina que nace de una presa de los años 50
En Madrid el patrón se repite en varios puntos de la sierra: gargantas represadas que dan lugar a charcas de baño seguro, con agua que baja directamente del deshielo y temperaturas que rara vez superan los 15 o 16 grados. La diferencia de Piedralaves es que su charca combina ese frío serrano con un entorno casi intacto, alejado de las masificaciones que sufren otras piscinas naturales más cercanas a la capital.
La Charca de la Nieta no está sola. A escasos metros, río arriba, otra poza más pequeña y menos profunda, conocida como La Abuela, ofrece un espacio más tranquilo, ideal para quienes viajan con niños pequeños y prefieren evitar la profundidad de la charca principal.
Cómo es un día de baño en la Garganta de Nuño Cojo
El acceso es sencillo: un aparcamiento gratuito junto a la zona recreativa deja al visitante a apenas unos minutos a pie de las dos charcas. No hay socorrista permanente en todos los tramos, así que conviene extremar la precaución con los más pequeños, especialmente en los bordes de piedra pulida por el agua.
Durante la temporada estival, la zona cuenta con un chiringuito donde tomar algo mientras los niños se refrescan, además de zonas de sombra y merenderos de piedra repartidos junto al cauce. El entorno forma parte de una Zona de Especial Protección de Aves, lo que garantiza un paisaje de pinares y vegetación de ribera que apenas ha cambiado en las últimas décadas.
Qué más ver en Piedralaves antes o después del baño
El pueblo en sí merece una visita tranquila. Sus calles empedradas, flanqueadas por casas con balconadas de madera y fachadas de granito, conservan el aire serrano típico del Valle del Tiétar. Antes de subir a la charca, o después del chapuzón, hay varios puntos que rara vez faltan en la visita:
- El Puente Romano, en realidad de origen medieval, que durante siglos fue paso obligado en el camino entre Madrid y Plasencia.
- La iglesia de San Antonio de Padua, con un artesonado mudéjar y un retablo barroco del siglo XVIII.
- La Torre del Reloj, singular por estar separada del propio ayuntamiento.
- La Cruz de los Enamorados, uno de los rincones más fotografiados del casco urbano.
Quien prefiera alargar el día puede completar la visita con la Presa del Horcajo, punto de confluencia de las distintas gargantas que alimentan el cauce de Nuño Cojo, o con alguna de las rutas de senderismo señalizadas que arrancan desde el propio pueblo.
Por qué este tipo de escapadas seguirá creciendo
El interés por las gargantas y piscinas naturales de la sierra no es una moda pasajera: cada verano más caluroso empuja a más gente a buscar alternativas de proximidad frente a la saturación de la costa. Piedralaves y su Charca de la Nieta encajan en esa tendencia por partida doble, ya que ofrecen agua fría garantizada y un pueblo con encanto sin necesidad de reservar con meses de antelación.
La recomendación de quien ya conoce el lugar es simple: llegar temprano, respetar las normas del entorno —no se permite el baño de perros ni el uso de altavoces— y aprovechar entre semana si se busca tranquilidad total. Con la tendencia de veranos cada vez más largos en el centro de la Península, este tipo de rincones ganará peso como alternativa real, no solo como capricho ocasional de fin de semana.


