Lagarde: la unión de mercados de capitales es clave para que el euro sea moneda de reserva global

La presidenta del BCE urge a completar la unión de los mercados de capitales como paso imprescindible para que el euro compita con el dólar. La Eurocámara vota mañana el euro digital, clave para reducir la dependencia de Visa y Mastercard en los pagos transfronterizos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha afirmado este lunes en la Eurocámara que la unión de los mercados de capitales es el paso más importante para que el euro se convierta en moneda de reserva global.
  • ¿Quién está detrás? El Banco Central Europeo impulsa una estrategia que incluye el euro digital y las nuevas infraestructuras de pago ‘Pontes’ y ‘Appia’, diseñadas para reducir la dependencia de las tecnológicas estadounidenses.
  • ¿Qué impacto tiene? La votación del euro digital en el Parlamento Europeo, prevista para mañana martes, es el primer hito legislativo y acelerará la autonomía financiera de la UE frente al dominio de Visa y Mastercard, que hoy acaparan el 61% de los pagos con tarjeta en la zona euro.

El euro no se convertirá en moneda de reserva global ‘de la noche a la mañana’, afirmó este lunes en Bruselas la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, durante su comparecencia ante el Parlamento Europeo. La dirigente instó a los legisladores a completar la unión de los mercados de capitales, que calificó como el paso más importante para reforzar el papel internacional de la divisa.

Europa intensifica el debate sobre cómo ampliar el peso del euro mientras la política exterior confrontacional de Donald Trump y el auge de las stablecoins privadas aceleran la necesidad de blindar la soberanía monetaria. Las cifras hablan solas: Visa y Mastercard representan el 61 % de los pagos con tarjeta en la zona euro y casi la totalidad de las transacciones transfronterizas, según datos del BCE de 2025.

Estrategia de pagos para sacudirse la dependencia del dólar

Para revertir ese dominio, la UE ha apostado por varias vías paralelas. La más inmediata es el euro digital, una moneda pública respaldada por el BCE que complementará los billetes y ofrecerá una alternativa paneuropea a los gigantes estadounidenses. La legislación que lo regula debe someterse este martes a una votación clave en el Parlamento Europeo y, si todo avanza según lo previsto, se aprobará a finales de 2026.

Publicidad

Junto al euro digital, el BCE presentó a finales de marzo una nueva estrategia de pagos que incluye la creación de dos infraestructuras de red: ‘Pontes’ y ‘Appia’, pensadas para adaptar la institución a tecnologías emergentes como la tokenización y la tecnología de registro distribuido (DLT). El objetivo es claro: anclar el dinero de banco central en el nuevo panorama de pagos impulsado por las tecnofinanzas.

El empeño responde en parte al auge de las stablecoins emitidas por entidades privadas, que han ido ganando terreno en los pagos transfronterizos y operan precisamente sobre esas nuevas tecnologías. Mientras China y Rusia ya han desplegado sus propias monedas digitales públicas, Estados Unidos ha girado hacia las stablecoins, después de que Trump abandonara los planes para un dólar digital de la Reserva Federal.

Lagarde fue contundente al recordar que ninguna moneda ha sido reserva internacional sin capacidad militar para defenderse: ‘Si se mira la historia, ninguna moneda ha tenido ese estatus a menos que tuviera la capacidad de defenderse y la fuerza militar para resistir a sus contrapartes’, señaló. Una advertencia que sitúa la soberanía monetaria en el mismo plano que la defensa colectiva.

El euro digital, en la recta final legislativa

La votación de mañana en el Parlamento Europeo es el penúltimo escalón de un proceso que arrancó hace más de dos años. Si recibe luz verde, el texto pasará al Consejo para su adopción definitiva antes de que termine el año, abriendo la puerta a una fase de implantación progresiva que los Estados miembros deberán coordinar con el BCE.

El euro digital no competirá directamente con los bancos, insisten en Fráncfort, porque incluirá límites de tenencia y no generará intereses. Pero su valor estratégico reside en que dotará a la zona euro de una infraestructura pública de pagos capaz de funcionar en paralelo a las redes privadas estadounidenses. La presidenta del BCE lo situó como una de las prioridades urgentes, junto a la reforma de los mercados de capitales.

Lagarde

El Eje del Poder Europeo

La conexión entre la unión de mercados de capitales y el estatus del euro como divisa de reserva es hoy uno de los debates más sensibles dentro del reparto de poder comunitario. Para el eje franco-alemán, avanzar hacia un mercado único de capitales profundo permitiría a la UE movilizar inversión privada en proyectos estratégicos y competir con la profundidad del mercado estadounidense. Sin embargo, los países frugales del norte temen que una mayor mutualización lleve aparejada una transferencia de riesgos sin las contrapartidas fiscales que exigen desde hace años.

Publicidad

Para España, el envite tiene doble lectura. Primero, porque su sistema bancario —muy dependiente de las redes internacionales de pago— se beneficiaría de una infraestructura europea que reduzca costes y dependencia externa. Segundo, porque la profundización de los mercados de capital es una condición de facto para que el euro aspire a ser activo de reserva, y Madrid se ha alineado tradicionalmente con París y Roma en la reclamación de una unión bancaria y de mercados que equilibre el peso de los países del sur.

El calendario político añade presión: la votación del euro digital esta semana y la previsible aceleración de la agenda de reformas en otoño convierten el mensaje de Lagarde en una hoja de ruta. Si Bruselas logra cerrar tanto la moneda digital como la unión de mercados de capitales antes de que termine la década, el euro tendrá por primera vez los mimbres para disputar al dólar algo más que un papel secundario.

La apuesta de Lagarde es tan técnica como geopolítica: sin una unión de mercados de capitales que canalice inversión y emita deuda paneuropea, el euro seguirá siendo un gigante comercial pero un enano en la reserva de divisas.

El precedente histórico que maneja el BCE es áspero: ni el marco alemán ni el franco francés llegaron a ser monedas de reserva porque carecían de un Estado soberano detrás con plena capacidad de proyección. La lección, según Fráncfort, es que la UE debe construir ahora las instituciones económicas que le permitan proyectar el euro como activo global. El primer test será la votación de mañana.