La tranquilidad de las costas españolas ha sido el escenario de una operación policial sin precedentes. En una acción coordinada que marca un antes y un después en la lucha contra el crimen organizado, la Guardia Civil y la Policía Nacional, bajo el amparo de la colaboración internacional de EUROPOL, han logrado desmantelar una de las estructuras criminales transnacionales más peligrosas y complejas detectadas hasta la fecha en el Mediterráneo. Esta organización, con base operativa en Argelia y ramificaciones profundas en suelo español, se especializaba en un macabro negocio de doble flujo: el tráfico de drogas de ida y la trata de seres humanos de vuelta.
La magnitud del operativo, que contó con la participación de cuerpos de seguridad de Francia, Portugal y Polonia, pone de manifiesto la escala del entramado. Se trata, según los investigadores, de la estructura de origen argelino más profesionalizada que ha operado en nuestras aguas, utilizando embarcaciones de alta velocidad (EAV) para desafiar la vigilancia costera. Tras meses de pesquisas iniciadas en 2023, las autoridades han logrado documentar al menos 64 episodios migratorios, atribuyendo a la banda la introducción irregular de más de 2.000 personas en nuestro país, lo que les reportó unos beneficios económicos superiores a los 24 millones de euros.

Una logística criminal de alto nivel y gran sofisticación
El éxito de esta red criminal no era fruto del azar, sino de una estructura altamente profesionalizada. La organización operaba a través de subestructuras jerarquizadas asentadas estratégicamente en Andalucía, la Región de Murcia, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. Bajo el mando férreo de un líder absoluto, encargado de la financiación y planificación de los movimientos, el grupo mantenía una operativa similar a la de una empresa logística, pero dedicada exclusivamente a actividades ilícitas.
Este entramado disponía de una capacidad técnica asombrosa, equipada con sistemas de comunicación cifrada, teléfonos satelitales, dispositivos GPS y una extensa red de «puntos de abastecimiento» para sus naves. Durante la fase final de la investigación, las fuerzas de seguridad lograron incautar 18 embarcaciones de alta velocidad valoradas en más de cinco millones de euros. Estas naves, capaces de alcanzar velocidades vertiginosas, estaban equipadas con múltiples motores de gran potencia, esenciales para eludir el control de las autoridades. El valor de este capital incautado subraya el nivel de recursos que manejaba el grupo, financiado en gran parte por la exportación de sustancias sintéticas como el MDMA hacia el norte de África, donde existe una demanda creciente.

Doble flujo de terror: drogas y seres humanos
Lo que hace a este grupo especialmente peligroso es la diversificación de sus actividades. La organización no solo traficaba con personas; utilizaban las mismas rutas y embarcaciones para introducir drogas en España y, al regresar, aprovechaban el trayecto para trasladar a migrantes hacia las costas de Almería, Cartagena, Murcia, Alicante e Ibiza. Este sistema de doble flujo les permitía maximizar sus ganancias, cobrando hasta 12.000 euros por cada persona trasladada, sin importar los riesgos extremos a los que exponían a sus pasajeros.
Las condiciones en las que realizaban estos trayectos eran inhumanas. Los migrantes viajaban hacinados, a gran velocidad, en medio de fuerte oleaje y sin ningún tipo de seguridad mínima, como chalecos salvavidas. La situación alcanzaba niveles de crueldad extrema cuando, para evitar que cayeran al agua debido a la brusquedad de las maniobras o las condiciones meteorológicas, los integrantes de la red llegaban a atar a los ocupantes. Este periplo, que culminaba en la costa mediterránea, era solo el final de un largo y agotador recorrido previo a través del continente africano, donde muchos de los migrantes eran retenidos en infraviviendas bajo condiciones de insalubridad y hacinamiento antes de ser embarcados.

Violencia extrema y el control del miedo
La naturaleza de este grupo criminal se definía por el uso sistemático de una violencia extrema. La protección de sus activos —especialmente sus valiosas embarcaciones— era su prioridad absoluta, llegando a aleccionar a sus pilotos para enfrentarse directamente contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Esta agresividad no se limitaba a los agentes; dentro de la propia organización se mantenía un sistema disciplinario basado en la intimidación, el secuestro, las agresiones físicas y las amenazas de muerte.
El alcance de esta red de miedo llegaba incluso a conexiones con grupos criminales europeos de gran renombre, como la denominada «mocro maffia» o grupos delictivos de Marsella, desde donde se dictaban directrices de control. La fase final de esta macrooperación, que ha culminado con la detención de 78 personas, ha permitido realizar 17 registros en diversas provincias españolas. En ellos se han intervenido cantidades ingentes de droga —incluyendo 15.000 pastillas de MDMA y 61 kg de hachís—, así como armas de fuego y material de navegación de última generación. Los arrestados se enfrentan ahora a cargos que incluyen pertenencia a organización criminal, trata de seres humanos, tráfico de drogas, blanqueo de capitales y extorsión, entre otros delitos. Con el bloqueo de sus cuentas y la detención de sus cabecillas, se ha asestado un golpe demoledor a una de las estructuras más peligrosas del Mediterráneo.
