El Gobierno de Abelardo De La Espriella sacó su presupuesto en Colombia con solo seis cambios y más de 500 proposiciones de congresistas rechazadas. Y ese pulso, aunque se libre a 8.000 kilómetros de Madrid, lo acaban pagando también empresas españolas.
Conviene empezar por lo básico. Las comisiones económicas del Congreso colombiano —Tercera y Cuarta de Senado y Cámara— dieron luz verde al proyecto que fija los dineros que se usarán en 2027. Lo hicieron después de una semana de máxima tensión con los coordinadores ponentes y con el texto que presentó el Ejecutivo prácticamente intacto.
Qué aprobó el Gobierno colombiano y con qué margen
Las seis modificaciones incluyen un traslado de 2 billones de pesos a la salud desde el sector de Hacienda, una reducción de 13,5 billones en los proyectos de inversión de 2027 y una adición de 170.000 millones de pesos para justicia y deporte que sale de recortar fondos a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Frente a más de 500 proposiciones presentadas, el texto apenas se movió.
El detalle que casi nadie cuenta es quién movió las piezas. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, mantuvo una posición de hierro: nada de cambios. Quien cosió el acuerdo fue el ministro del Interior, Rodrigo Lara, con un argumento que interesa mucho en España: había que mostrar a los mercados internacionales que se iba a pagar la deuda.
Por qué este presupuesto importa tanto en España
Aquí está la clave para un lector español. Colombia es uno de los principales destinos de la inversión española en América Latina, con Telefónica, Banco Santander, BBVA, Mapfre y Repsol entre las compañías con presencia consolidada. Un presupuesto que se aprueba sin sobresaltos reduce el riesgo país, el riesgo país entendido como el sobrecoste que paga cualquier empresa por financiarse allí.
La otra cara es el sinceramiento de las cuentas que esgrimió Hacienda. Según el Ejecutivo, el Gobierno anterior de Gustavo Petro había omitido información que obligaba a elevar el gasto de funcionamiento y el pago de deuda. Por eso el monto a pedir subió en lugar de bajar, como se había comprometido al principio. Los legisladores dudaron, aceptaron los argumentos y votaron sin tocar la cifra.
El texto que sale de las comisiones mantiene la promesa de pago a los acreedores y aplaza el dinero destinado a las regiones.
Para calmar los ánimos, el Gobierno deslizó una promesa: más adelante, cuando se renegocie o refinancie la deuda, habría margen para llevar más recursos a los territorios. El propio Rodrigo Lara recordó que existe una suerte de caja menor en Hacienda para girar dinero directamente a los gobernadores. Así se deshizo la tensión en las comisiones.

No todos compran el relato. El senador Carlos Meisel ha reconocido su compromiso con las propuestas del Gobierno, pero también una molestia concreta: nadie ha explicado todavía cómo será la ley de ajuste fiscal que debe acompañar todo esto. Desde la oposición añaden que el Congreso está acompañando al Ejecutivo por la inercia de los primeros meses, un trabajo al debe que se romperá si el Gobierno sigue sin escuchar a los legisladores.
Lo que este pulso enseña sobre el riesgo colombiano
Tampoco es nuevo el guion de fondo. En Colombia, los presupuestos se han cerrado históricamente con mermelada, el reparto de partidas a cambio de votos en el Congreso. Lo que cambia ahora es la forma: en vez de engordar el articulado, el Ejecutivo se quedó el margen para repartir después. Un Gobierno que prefiere mostrar disciplina ante los mercados y administrar los favores fuera del texto.
Para España, la lección tiene dos capas. La primera es financiera: las filiales de la banca española y las grandes cotizadas se financian en un mercado que mira con lupa el déficit colombiano, y cada gesto de disciplina abarata esa factura.
La segunda es de imagen y de legado. España ha sido uno de los socios europeos que más ha respaldado el proceso de paz colombiano, y el recorte de fondos a la JEP para engordar justicia y deporte toca de lleno los compromisos del Acuerdo de Paz de 2016.
Queda camino. El proyecto debe superar todavia el debate en las plenarias de Senado y Cámara, y el Ejecutivo aún no ha desvelado su ley de ajuste fiscal. Para las empresas españolas con intereses en el país, la pregunta no es qué ocurre en Bogotá esta semana, sino si la disciplina que se exhibe ante los mercados acabará traduciéndose en reglas claras. Eso, y no un titular, es lo que mueve la inversión.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El Gobierno de Abelardo De La Espriella logró que las comisiones económicas del Congreso colombiano aprobaran su presupuesto para 2027 con solo seis cambios y más de 500 proposiciones rechazadas.
- Datos importantes: Se trasladaron 2 billones de pesos a la salud, se recortaron 13,5 billones a la inversión y se sumaron 170.000 millones a justicia y deporte quitándoselos a la JEP.
- Resumen: La disciplina fiscal exhibida ante los mercados beneficia el riesgo país y, con él, a las empresas españolas, pero queda pendiente la ley de ajuste fiscal.

