Galicia cortó 10,77 millones de metros cúbicos de madera en 2025 y, si uno recorre el mapa de sus trescientas empresas de silvicultura, los aserraderos de A Coruña o las fábricas de pasta en Lugo, entiende que no hablamos de un recurso anecdótico sino del motor que vertebra el 95 % de los concellos. El dato lo acaba de confirmar el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025, elaborado por XERA —la axencia de la Xunta de Galicia— y la Universidade de Vigo, con el respaldo del Sistema de indicadores de la Consellería do Medio Rural. La fotografía es la de un sector que suma 3.300 empresas y que sitúa nuevamente al eucalipto como la especie protagonista: más del 50 % del volumen aprovechado.
La cadena forestal‑madera gallega no es una línea recta; en ella participan propietarios particulares, comunidades de montes, rematantes, empresas de servicios, serradores, fábricas de tablero, biomasa, pasta, papel y, por supuesto, el mueble. En la práctica, cada rincón de Galicia toca el monte porque, según el informe, hay actividad forestal en el 95 % de los municipios cuando se examinan las cuatro ramas principales: silvicultura aprovechamiento forestal y transformación industrial. Diez millones de metros cúbicos anuales es una cifra que exige ordenación y planificación, y en ese hueco la certificación PEFC se ha convertido en la carta de presentación internacional: la comunidad cuenta con cerca de 478.000 hectáreas certificadas, la segunda mayor extensión de España por detrás de Castilla y León.
Sin embargo, el peso industrial de Galicia es inigualable. Concentra más de la mitad de la madera que se aprovecha en España, un dato que obliga a mirar al monte con otros ojos. El eucalipto, en concreto, superó los 5,6 millones de metros cúbicos en 2025, una cifra que explica por qué la pasta de papel y los tableros son los principales destinos, pero que también esconde aplicaciones en construcción, envases y hasta en la valorización de fibras de especies locales como el abedul o el chopo, actualmente en fase de desarrollo.
La dimensión territorial del sector se deja ver incluso en las cuentas más modestas. Más de 3.300 empresas repartidas por toda la geografía significan empleo, fijación de población y una red logística que desde los puertos de Vigo y Ferrol conecta con los mercados europeos. Cada vez más, la madera gallega depende de atraer talento especializado: hacen falta motoserristas, maquinistas, técnicos en prevención de riesgos, en digitalización y en I+D. Y la ausencia de relevo generacional es ya una sombra que recorre las comarcas forestales.
Precisamente en la formación está poniendo el foco la industria tractora. La compañía Ence, a través de su división forestal Ence Terra, ha lanzado un programa de mejora del material vegetal que incluye un catálogo con 28 materiales comerciales de eucalipto y más de mil en fases de prueba. El objetivo es que cada propietario reciba la planta más adaptada a su parcela, algo decisivo en un clima cambiante. Además, desde 2023, los técnicos de la empresa han asesorado a más de 2.500 propietarios y han mejorado la gestión de más de 4.000 hectáreas. En paralelo, los cursos de maquinista forestal —con simulador— y el centro de entrenamiento de motoserristas de Vilalba han formado a cerca de 400 personas, un ejemplo que ya observa con interés el sector forestal europeo.
La innovación que persigue Ence no se queda en el laboratorio. Su servicio gratuito de acompañamiento técnico sobre el terreno incluye análisis de suelo y recomendaciones de fertilización, lo que permite elevar la rentabilidad sin descuidar la sostenibilidad. Es, en el fondo, la receta que repiten los expertos consultados: gestión forestal activa, ordenación del monte y certificación de servicios ecosistémicos como la captura de CO₂ o la protección de biodiversidad. Galicia es la principal potencia maderera española, pero sigue teniendo pendiente la tarea de certificar más superficie y reducir el abandono de parcelas.
La paradoja gallega: es la segunda comunidad en superficie forestal certificada, pero produce la mitad de la madera que se corta en España.
Innovación y territorio, la fórmula gallega
El músculo del sector no se entiende sin las empresas tractoras que conectan el conocimiento universitario con las pequeñas propiedades. XERA y la Universidade de Vigo han documentado cómo la colaboración público‑privada está movilizando proyectos en el territorio. Ence Terra, por ejemplo, ha desarrollado un programa selvícola que identifica buenas prácticas para cada fase de la masa forestal y aplica tratamientos biológicos contra plagas como el Gonipterus. Pero la clave, insisten los técnicos, es que esa innovación llegue al propietario que tiene dos hectáreas en Ourense o diez en Pontevedra. La extensión capilar de los servicios de asesoramiento gratuito es el verdadero pegamento de la cadena.
La apuesta por la formación continua también responde a una urgencia cuantificable. Los 213 maquinistas que han pasado por el programa conjunto con Forma-t y Forest Pioneer son solo una primera generación; el centro de Vilalba, que ha recibido a unas 200 personas en jornadas prácticas, aspira a convertirse en referencia estatal. Atraer perfiles jóvenes a la maquinaria forestal y a la motosierra es hoy tan estratégico como abrir nuevos mercados. La digitalización de los inventarios y la certificación PEFC —que ya cubre 478.000 hectáreas— añaden una capa de exigencia que el sector no puede cubrir sin técnicos cualificados.
Mientras tanto, el monte gallego sigue exhibiendo una radiografía diversa: frondosas con función ambiental, coníferas como el Pinus pinaster y el Pinus radiata para aserrío y tablero, y el omnipresente eucalipto. Los datos de 2025 confirman que el eucalipto representa más de la mitad de los aprovechamientos, una cifra que alimenta el debate sobre la monocultura, pero que también sostiene una industria que exporta pasta y tablero a toda Europa. La balanza entre producción y sostenibilidad se juega, en gran medida, en la gestión diaria de las más de tres mil empresas que operan en los concellos.
El Laboratorio Gallego
Galicia gobernada sin interrupciones por el PPdeG desde 2009 ha convertido el sector forestal en un pilar de su relato económico. Las sucesivas mayorías absolutas han mantenido una política de apoyo a la industria transformadora, con la Xunta financiando instrumentos como XERA y facilitando la expansión de grandes operadores como Ence. La lectura nacional es inmediata: en un país donde el debate forestal oscila entre el abandono del mundo rural y la despoblación, el modelo gallego demuestra que la combinación de pequeña propiedad, gran industria y certificación puede disparar la productividad sin renunciar —al menos en el discurso oficial— a la sostenibilidad.
El PP nacional ha mirado hacia Galicia en otras ocasiones cuando ha necesitado ejemplos de gestión “silenciosa y eficaz”. Aunque Alberto Núñez Feijóo no haya verbalizado una propuesta concreta sobre el sector forestal en su programa de oposición, sus asesores suelen citar la cadena de la madera gallega como un caso en el que la administración autonómica actuó como facilitadora. El bloque se completa con la posición del BNG y del PSdeG, que critican el peso excesivo del eucalipto y reclaman más ordenación del territorio, pero que no cuestionan las cifras de empleo y riqueza que genera la industria. Esa tensión entre ambientalismo y desarrollo seguirá marcando la agenda parlamentaria en Santiago de Compostela.
De cara a 2027, año de las próximas elecciones autonómicas, el sector forestal se perfila como un escenario de disputa. Los retos son conocidos: certificar más superficie, reducir el abandono de montes comunales y privados, y profesionalizar una mano de obra que envejece. Lo que ocurra en los montes gallegos influirá directamente en la capacidad de España para cumplir los objetivos europeos de economía circular y descarbonización. Porque, como recuerda el informe de XERA, Galicia no es solo la mitad de la madera española; es el laboratorio donde se está probando si la gestión forestal puede ser rentable y, al mismo tiempo, respetuosa con el territorio.
Ficha del Caso
- El caso: La cadena forestal‑madera de Galicia es la mayor de España por volumen de cortas y empleo empresarial, pero afronta el desafío de modernizarse sin perder el arraigo en los concellos.
- Datos importantes: 10,77 millones de m³ en 2025, más de 5,6 millones de eucalipto, 3.300 empresas, presencia en el 95 % de los municipios, 478.000 ha certificadas PEFC.
- Resumen: Innovación, formación y certificación son las palancas para mantener el liderazgo nacional; la política autonómica, con el PPdeG al frente, convierte al monte gallego en un espejo para otras comunidades.

