Hezbolá rechaza el acuerdo de paz con Israel y lo califica de humillante

El pacto condiciona la retirada israelí al desarme del grupo chií, algo que Naim Qassem tacha de 'rendición impuesta'. Las protestas en Beirut evidencian el malestar popular con unos términos negociados en Washington sin la participación de Hezbolá.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Hezbolá rechaza el acuerdo de paz entre Líbano e Israel, mediado por Estados Unidos y firmado el viernes en Washington.
  • ¿Quién está detrás? El líder de Hezbolá, Naim Qassem, que califica el pacto de ‘humillante’ y de cruzar todas las líneas rojas.
  • ¿Qué impacto tiene? El rechazo tensiona la frontera norte de Israel, complica las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y pone en riesgo a la misión de la ONU (UNIFIL), con más de 600 militares españoles desplegados.

El líder del partido-milicia chií Hezbolá, Naim Qassem, ha hecho añicos la frágil paz esbozada entre Líbano e Israel al rechazar este sábado el acuerdo preliminar alcanzado bajo mediación estadounidense. En una declaración contundente, Qassem tildó el documento de ‘humillante, vergonzoso e inválido‘ y sentenció que ‘cruza todas las líneas rojas‘ porque vincula la retirada de las tropas israelíes al desarme completo del grupo armado.

Las cláusulas del acuerdo: retirada israelí a cambio de desarme

El pacto firmado el viernes en Washington por delegaciones israelí y libanesa —con Estados Unidos como garante— estipula una retirada gradual de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) de las zonas del sur del Líbano ocupadas desde el inicio de la escalada en marzo de 2026. Como contrapartida, Hezbolá debería entregar sus arsenales y bastiones al ejército libanés, una exigencia que el grupo chií considera una rendición inadmisible.

En una comparecencia nocturna del viernes, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu celebró el acuerdo como ‘un duro golpe a Irán y a Hezbolá‘. Aunque el texto afirma que Israel ‘no tiene ambiciones territoriales’ en Líbano, Netanyahu advirtió de que las tropas permanecerán ‘todo el tiempo que sea necesario‘. La ambigüedad de ese compromiso alimenta los recelos en Beirut, donde miles de manifestantes salieron a las calles para protestar contra un acuerdo que, a ojos de muchos, legitima la presencia militar israelí.

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Según el Ministerio de Salud libanés y la ONU, la ofensiva israelí en el sur del Líbano ha causado más de 4.200 muertos y ha desplazado a cerca de un millón de personas, en un contexto de escalada regional que ha llevado a operaciones militares coordinadas de Estados Unidos e Israel contra Irán y sus aliados desde marzo de 2026.

La reacción de Hezbolá y la negativa a desarmarse

Líbano paz

Para Hezbolá, la vinculación entre la retirada israelí y el desarme es directamente ‘una rendición impuesta’. Qassem afirmó que equiparar las negociaciones directas con Israel a ‘imponer la capitulación y conceder concesiones gratuitascruce de todas las líneas rojas y convierte a Líbano ‘en un juguete en manos del enemigo‘. El líder chií consideró que cualquier legitimación del control israelí sobre territorio libanés allana el camino hacia una ocupación a largo plazo o una anexión.

La negativa de Hezbolá a desarmarse sin una retirada israelí incondicional convierte el acuerdo de Washington en un instrumento sin aplicación práctica sobre el terreno.

El posicionamiento refleja la postura de Irán, principal apoyo de Hezbolá, que ha condicionado el avance de las conversaciones nucleares con Washington al cese de las operaciones israelíes en Líbano. Así, el rechazo de Hezbolá no solo condena al limbo el pacto de Washington, sino que tensa aún más la frágil mesa de negociación entre Washington y Teherán.

Equilibrio de Poder

El rechazo frontal de Hezbolá al acuerdo negociado por Washington desnuda la falta de mecanismos de implementación reales sobre el terreno. Mientras la administración estadounidense y el gobierno israelí confiaban en que la presión militar bastaría para imponer los términos, la respuesta de Qassem demuestra que la influencia de Irán sigue siendo determinante en la ecuación libanesa. Desde Bruselas, la Unión Europea ha reclamado contención y ha reiterado su apoyo al ejército libanés como única fuerza legítima, pero carece de capacidad para forzar el desarme de una milicia que supera en efectivos y armamento al propio Estado.

Para España, el deterioro de la situación en el sur del Líbano reviste una dimensión directa: más de 600 militares españoles están desplegados en la Fuerza Interina de Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL), que opera precisamente en la zona de confrontación. Cualquier extensión de las hostilidades o el vacío del frustrado alto el fuego podría exponer a los cascos azules a un riesgo creciente de fuego cruzado o represalias. Además, la inestabilidad en el Mediterráneo oriental incide en las rutas comerciales y energéticas clave para la Península Ibérica, en un momento en que el suministro de gas natural licuado procedente del Golfo compite con los flujos del norte de África.

La lectura estratégica inmediata es que el fracaso del acuerdo abre una ventana de escalada. Netanyahu mantiene la opción de prolongar las operaciones militares ‘todo el tiempo necesario’, mientras Hezbolá retiene la capacidad de lanzar proyectiles contra el norte de Israel. La mayoría de los analistas considera que las próximas semanas serán críticas para determinar si el conflicto se enquista o se produce una nueva fase de choque armado a gran escala. Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, que Teherán vincula explícitamente al fin de las operaciones israelíes, corren serio peligro de descarrilarse. La próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, prevista para mediados de julio, se presenta como el primer termómetro de la voluntad de las potencias por frenar la espiral.

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