EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los cinco submarinos nucleares de ataque clase Astute de la Royal Navy están inoperativos por culpa de cuellos de botella en el mantenimiento. El Reino Unido se queda sin capacidad de ataque submarino.
- ¿Quién está detrás? El problema es interno del Ministerio de Defensa británico: infraestructura insuficiente en Devonport, escasez de repuestos y de ingenieros especializados. La crisis deja al país sin su principal herramienta de disuasión frente a Rusia.
- ¿Qué impacto tiene? La OTAN pierde temporalmente una de sus flotas submarinas más avanzadas en el Atlántico Norte, lo que obliga a Estados Unidos a asumir más carga y regala a Moscú una ventana de oportunidad estratégica.
La Royal Navy carece de submarinos nucleares de ataque operativos. Los cinco Astute están en puerto por cuellos de botella en su mantenimiento, según el Defence Journal británico, que cita datos de seguimiento de flotas y a oficiales retirados. La situación es tan grave que antiguos comandantes navales califican al Reino Unido de «desdentado» ante Moscú.
El Defence Journal ha revelado que la totalidad de los sumergibles de ataque de la clase Astute se encuentra inmovilizada. Ninguno de los cinco buques que componen la columna vertebral de la fuerza submarina británica está disponible para patrullar las aguas del Atlántico Norte o del Ártico, justo cuando las tensiones con Rusia no dejan de escalar.
Una flota entera atrapada en puerto
Según el Defence Journal, dos de los submarinos permanecen inactivos en la base de Faslane, en el estuario del Clyde escocés, tras largos periodos fuera del agua. Otros dos están sometidos a un mantenimiento profundo prolongado en los astilleros de Devonport, en Plymouth —la única base británica equipada para dar servicio a buques de propulsión nuclear—. Un quinto barco, el HMS Anson, acaba de regresar de un despliegue y se encuentra en procedimientos rutinarios, pero tampoco está listo para zarpar.
A ese panorama se suma el HMS Agamemnon, el sexto submarino de la clase, botado el año pasado pero todavía en pruebas de mar. Mientras, una séptima unidad sigue en construcción. En la práctica, el Reino Unido lleva semanas sin un solo submarino nuclear de ataque en condiciones de ser desplegado.
El HMS Anson, pese a ser el más reciente en regresar, ni siquiera puede aprovechar la coyuntura, porque el personal de submarinos —ya de por sí escaso— está perdiendo la oportunidad de mantener sus habilidades náuticas mientras los barcos permanecen amarrados.
El problema no son los submarinos, sino un sistema de mantenimiento colapsado que ha dejado al Reino Unido sin su principal herramienta de disuasión submarina.
El cuello de botella logístico: Devonport, repuestos y personal
El Defence Journal apunta a que el verdadero lastre no está en el rendimiento en alta mar de los Astute, sino en la capacidad de mantenerlos. Devonport dispone de un espacio limitado de diques secos, y la escasez de repuestos y de ingenieros especializados ha agravado los retrasos. Al menos uno de los buques ha sido parcialmente canibalizado para extraer piezas con las que mantener operativos a los demás.
La crisis de personal añade otra capa de deterioro. Sin barcos en los que entrenar, las tripulaciones pierden las horas de mar necesarias para estar en condiciones de combate. Los planes del Ministerio de Defensa para reconstruir los diques de Devonport tardarán años en materializarse, y mientras tanto la ventana de indisponibilidad se alarga.
El ex capitán de submarinos Ryan Ramsey calificó la situación de «seria llamada de atención» y admitió que el problema «ha estado oculto durante décadas, pasando la pelota al siguiente responsable». El Times ya informó en febrero de que el Ministerio había dejado de gastar más de 500 millones de libras (unos 660 millones de dólares) destinados al mantenimiento de submarinos desde 2018, con constantes demoras en los trabajos programados.
En diciembre, el contralmirante retirado Philip Mathias, ex director de política nuclear del Ministerio de Defensa, advirtió de que el Reino Unido «ya no es capaz» de gestionar un programa de submarinos nucleares. Señaló una «disponibilidad escandalosamente baja» causada por los recortes presupuestarios y la mala gestión de personal. «Es una situación sin precedentes en la era del submarino nuclear. Un fallo catastrófico de planificación de la sucesión y del liderazgo», declaró entonces.

Equilibrio de Poder
La parálisis de la flota Astute es un boquete estratégico para la OTAN en el Atlántico Norte. Los submarinos británicos no solo cumplen misiones de ataque, sino que aportan inteligencia, vigilancia y una capacidad de disuasión convencional que ahora recae en mayor medida sobre la US Navy y, en menor grado, sobre Francia, el único otro aliado europeo con submarinos nucleares de ataque. Washington, ya tensionada por sus compromisos en el Indo-Pacífico, ve cómo uno de sus socios más fiables se descuelga temporalmente.
Para Rusia, la indisponibilidad británica es una oportunidad. La Flota del Norte, con base en Severomorsk, opera submarinos cada vez más modernos como los clase Yasen, que pueden acechar las rutas del GIUK sin la presión de tener que esquivar a los Astute. La debilidad británica anima a Moscú a probar los límites de la vigilancia aliada, algo que ya se ha visto con incursiones aéreas y navales recientes.
Desde la perspectiva española, el vacío británico tiene lecturas directas. La base de Rota concentra destructores AEGIS de la US Navy que podrían asumir parte de la protección antisubmarina, pero su función principal es la defensa antimisiles. La Armada española, con sus nuevos submarinos S-80, es un actor convencional incapaz de sustituir la capacidad nuclear de ataque. La crisis recuerda a Madrid que la seguridad colectiva depende de capacidades nacionales que, si no se mantienen, se vuelven vulnerabilidades compartidas.
El precedente más claro es la guerra de las Malvinas, cuando el submarino nuclear HMS Conqueror hundió al crucero argentino General Belgrano y cambió la dinámica del conflicto. Sin esa herramienta, la proyección de fuerza británica queda mutilada. Hoy, la Royal Navy se enfrenta a un enemigo mayor y tecnológicamente más capaz, y la ausencia prolongada de sus submarinos erosiona la credibilidad de toda la alianza.
En esta redacción entendemos que la crisis de los Astute no es un fallo técnico puntual, sino el síntoma de una desinversión crónica que Bruselas y Washington llevan tiempo señalando. La próxima cumbre de la OTAN ofrecerá un termómetro de hasta qué punto Londres está dispuesto a recuperar el tiempo perdido.

