Con 64.000 millones de dólares ya comprometidos con OpenAI, el presidente de SoftBank, Masayoshi Son, ha salido al paso de los crecientes temores sobre una burbuja en la inteligencia artificial con un mensaje tan contundente como provocador: «Decir que es una burbuja es una blasfemia». El ejecutivo, que ha concentrado toda la apuesta de la compañía en la firma de Sam Altman, descarta así cualquier paralelismo con el estallido de las puntocom.
Claves de la operación
- SoftBank concentra su apuesta en OpenAI con 64.000 millones de dólares. Es el mayor inversor de la startup y no ha diversificado en otras compañías de IA.
- La cúpula directiva teme repetir el fiasco de WeWork. Varios ejecutivos han expresado su preocupación por la fe ciega de Son en Sam Altman.
- El 54,9 % de los estadounidenses cree que se está formando una burbuja. Una encuesta reciente refleja un escepticismo ciudadano que choca con el optimismo de los líderes tecnológicos.
La fe de un visionario frente a los números rojos
Masayoshi Son no es ajeno a las grandes apuestas. El japonés convirtió a SoftBank en un gigante global gracias a inversiones tempranas en Alibaba, pero también acumula sonoros fracasos, como WeWork. La concentración de la cartera en OpenAI es la mayor exposición a un único activo que ha asumido el grupo en su historia. En la reciente conferencia de resultados, Son fue tajante: «Creo que decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA. Esto no es más que el principio. El potencial de la IA está por descubrirse».
SoftBank registró un beneficio de 25.000 millones de dólares en el primer trimestre de su ejercicio fiscal, lo que catapultó sus acciones un 216 % en 2025. Sin embargo, el futuro del conglomerado está atado al éxito de OpenAI, que planea salir a bolsa antes de que termine 2026. Si la operación sale bien, Son puede multiplicar su inversión; si tropieza, las pérdidas serán multimillonarias. Mientras tanto, la firma de inteligencia artificial ya está valorada en 852.000 millones de dólares, pero sus pérdidas operativas, según filtraciones, marean.
El miedo ciudadano que irrita a los CEO de Silicon Valley
El desdén de Son coincide con el de otros pesos pesados como Jensen Huang (NVIDIA) o Satya Nadella (Microsoft), que niegan la burbuja. Sin embargo, los ciudadanos no comparten ese entusiasmo. Una encuesta de Haystack News revela que el 54,9 % de los estadounidenses están ‘muy preocupados’ por una burbuja tecnológica ligada a la IA, mientras que solo un 21,2 % no lo está en absoluto.
El contraste no es trivial. Mientras los líderes empresariales hablan de una revolución comparable a la electricidad, los ciudadanos perciben despilfarro y riesgos ambientales por la construcción masiva de centros de datos. Algo recuerda al escepticismo previo al estallido de las puntocom, aunque el tamaño de las inversiones sea ahora mucho mayor. De hecho, la inversión global en IA ya supera el billón de dólares, según cálculos del sector, una cifra que muchos analistas consideran insostenible.
64.000 millones de dólares sobre la mesa y un CEO que no admite dudas: cuando la racionalidad choca con la fe, el mercado siempre pide factura.
El dilema de SoftBank: sin plan B y con una OpenAI a las puertas de la salida a bolsa
La postura de SoftBank recuerda inevitablemente al caso de WeWork. Entonces, Son invirtió miles de millones en la empresa de alquiler de oficinas compartidas, seducido por el carisma de Adam Neumann, y se negó a escuchar las alertas internas. El resultado fue una de las mayores quiebras del capital riesgo moderno. Ahora, varios directivos del conglomerado vuelven a callarse ante la fascinación del presidente por Sam Altman. Las preguntas incómodas sobre qué pasaría si OpenAI fracasa han sido tajantemente descartadas por Son según Bloomberg.
En el mercado español, la sombra de WeWork también se sintió: la firma llegó a tener centros en Madrid y Barcelona, y su colapso dejó a fondos y pequeños inversores con pérdidas. La experiencia ha servido para que los inversores ibéricos sean más cautelosos a la hora de apostar todo a una sola ficha. Mientras SoftBank pone todos los huevos en la misma cesta de OpenAI, actores locales como los fondos de venture capital se posicionan en múltiples startups de IA, buscando diversificar el riesgo.
La salida a bolsa de OpenAI será el momento de la verdad. Si los mercados acogen con apetito la OPV, Son podrá exhibir un retorno descomunal y callar a sus críticos. Pero si los inversores exigen beneficios reales y no promesas, la mayor burbuja de la historia moderna podría desinflarse con un estruendo que resonaría en todas las economías, incluida la española, donde la digitalización depende cada vez más de los servicios de inteligencia artificial estadounidenses.

