Crisis de memorias: los precios subirán hasta un 50% en el tercer trimestre de 2026

El informe de Jefferies Equity Research anticipa subidas acumuladas de hasta el 80 % hasta final de año, con la memoria DDR5 que podría superar los 500 euros por módulo. Los contratos a largo plazo de los hyperscalers estrangulan la oferta para el canal minorista.

La factura del próximo PC se dispara. Los módulos de memoria DDR5, que hoy cuestan 240 euros, rozarán los 500 euros en diciembre si se cumplen las previsiones de Jefferies Equity Research.

Claves de la operación

  • Los precios subirán un 40-50 % en el tercer trimestre y otro 30-40 % en el cuarto. La suma encadena un encarecimiento cercano al 80 % hasta final de año.
  • El 50 % de la producción mundial ya está reservado para contratos a largo plazo de hyperscalers. El dato podría escalar hasta el 70 % y secar el mercado de PCs, móviles y consolas.
  • La crisis se alargará hasta 2028, con 2027 todavía con subidas interanuales del 40-45 %. Sólo en 2028 se espera una ligera desaceleración de la demanda y un aumento de oferta del 15-20 %.

La factura del PC se infla: DDR5 a 500 euros en Navidad

El análisis de Jefferies cifra la subida de precios para el tercer trimestre entre el 40 % y el 50 % respecto al trimestre actual. En el cuarto trimestre se añadirá otro 30-40 % más. Es decir, un módulo de 16 GB DDR4 pasará de 139 euros a 209 euros en verano y hasta 292 euros en otoño. El DDR5, de 240 euros actuales, escalará a 360 euros en el tercer trimestre y rozará los 504 euros a final de año. Más que duplicación.

La subida afecta a toda la cadena de consumo electrónico. Ordenadores, móviles, tarjetas gráficas, consolas y coches verán cómo sus precios finales incorporan este incremento. Apple, que ya ajustó tarifas en 2025 por la escalada de componentes, podría volver a mover ficha.

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La IA se come el suministro y deja sin memoria al resto del mercado

El detonante de esta crisis es la demanda de inteligencia artificial, que absorbe la mayor parte de la producción de módulos de memoria de alto rendimiento. Los hyperscalers —Microsoft, Google, AWS— necesitan chips HBM y DRAM para sus centros de datos y están cerrando contratos plurianuales que estrangulan la oferta disponible para el canal minorista.

Según el informe de Jefferies, el 50 % de la producción global de memorias ya está comprometida en contratos a largo plazo. Ese porcentaje podría subir al 70 %. Micron, por ejemplo, ha firmado 16 acuerdos estratégicos con grandes firmas. Samsung y SK Hynix han redirigido sus líneas más avanzadas a pedidos corporativos, dejando al mercado de consumo migajas de capacidad.

El efecto es inmediato. En Computex 2026 se constató que los fabricantes chinos, como CXMT, apenas alivian la presión porque sus precios se equiparan a los de los líderes y su producción se consume en el mercado doméstico. Apple intenta que Washington retire a CXMT de la ‘Entity List’, pero el movimiento es incierto.

La memoria se ha convertido en el cuello de botella de la era de la IA, y los consumidores serán los últimos en la cola.

Análisis: ¿puede China aliviar la crisis?

España carece de un tejido industrial de semiconductores que pueda amortiguar estos movimientos. A diferencia de Alemania, que atrae inversiones de Intel y TSMC, nuestra economía depende por completo de proveedores asiáticos. La crisis de 2020-2022 ya demostró cómo un estrangulamiento logístico paraliza líneas de producción. Esta vez no será un atasco de contenedores: será un atasco de materias primas digitales.

En el lado empresarial, las grandes tecnológicas europeas —SAP, Dassault, Siemens— verán inflados sus costes de infraestructura cloud, pero trasladarán el impacto a sus clientes con menos fricción que los fabricantes de dispositivos. Para el consumidor español, la ecuación es más simple: si quiere renovar equipo en 2027, preparará un presupuesto un 40 % mayor o esperará a 2028. La incógnita es si los fabricantes de PCs —Lenovo, HP, Dell— absorberán parte del golpe para no hundir ventas. La historia reciente sugiere que no: en 2025 ya subieron precios en un 10-15 % por componentes.

Mientras tanto, la UE avanza en su Chips Act, pero las primeras fábricas no estarán operativas hasta 2030. La dependencia de Taiwán y Corea del Sur se mantendrá intacta durante lo peor de la crisis.

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