EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Drones rusos Geran-2 han alcanzado un centro de entrenamiento de comandos ucranianos en el sur del paÃs, incluidos depósitos de drones navales, según el Ministerio de Defensa de Rusia.
- ¿Quién está detrás? La portavocÃa militar rusa ha reivindicado el ataque con vÃdeo y ha detallado que los drones operaron en modo ‘autoguiado’.
- ¿Qué impacto tiene? El golpe muestra la capacidad rusa de atacar infraestructura crÃtica en retaguardia mientras avanza en los frentes de Zaporozhie y Dnipropetrovsk, en plena escalada de la guerra de drones.
Rusia ha atacado este domingo un centro de entrenamiento del Mando de Operaciones Especiales ucraniano ‘Sur’ con drones de largo alcance Geran-2 (versión rusa del diseño iranà Shahed-136), según ha informado el Ministerio de Defensa ruso en su canal oficial de Telegram. El comunicado, acompañado de un breve vÃdeo, asegura que los proyectiles impactaron en «almacenes de drones navales» y barracones del centro.
Las imágenes difundidas por Moscú muestran varios edificios de una sola planta envueltos en espesas columnas de humo y pequeños incendios activos en el suelo adyacente. En un fragmento se aprecia una explosión secundaria de gran magnitud, lo que sugiere la detonación de municiones o combustible almacenado. El ministerio no ha ofrecido una evaluación de daños ni un balance de bajas, limitándose a calificar la acción de «ataques de alta precisión».
La versión rusa detalla que los drones, una variante autóctona desarrollada a partir del Shahed-136 iranÃ, emplearon un modo de «autoguiado» terminal para impactar los objetivos. No se ha podido contrastar de forma independiente ni el número de proyectiles utilizados ni el resultado material de la operación. Las autoridades ucranianas no se han pronunciado oficialmente sobre este ataque concreto al cierre de esta edición.
Drones Geran-2 contra los comandos del ‘Sur’
El centro alcanzado pertenece al Mando de Operaciones Especiales ucraniano en la región sur, una unidad que ha participado en incursiones anfibias, sabotajes contra la flota rusa del mar Negro y operaciones de inteligencia tras las lÃneas enemigas. La presencia de almacenes de drones navales —probablemente del tipo MAGURA V5 o Sea Baby— indica que la instalación funcionaba como nodo logÃstico para los ataques asimétricos que han dañado repetidamente buques rusos en Sebastopol y NovorossÃisk.
El Ministerio de Defensa ruso, en su comunicado, no aclara si el centro se encontraba en Odesa, Mikoláiv o la región de Jersón. La elección de drones Geran-2 responde a una lógica operativa: estos aparatos, baratos (unos 25.000 euros por unidad) y con un alcance superior a 1.500 kilómetros, permiten saturar defensas sin arriesgar aeronaves tripuladas y golpear objetivos detectados por inteligencia de señales o fuentes humanas.
Rusia lleva meses empleando los Geran-2 para desgastar la infraestructura energética ucraniana, pero el ataque a un centro de fuerzas especiales confirma un cambio de prioridad: la destrucción sistemática de la capacidad de mando y proyección de las unidades de élite ucranianas. El modo «autoguiado» sugiere, además, una mejora en los sensores de estos drones, posiblemente mediante cámaras ópticas o cabezales de radiofrecuencia que les permiten ajustar su trayectoria final sin depender exclusivamente de coordenadas preprogramadas.
El dominio del espacio aéreo profundo ya no es exclusivo de los grandes ejércitos: un enjambre de drones baratos puede golpear en la retaguardia más protegida.
La iniciativa rusa con los Geran-2 se produce en un contexto en que las defensas antiaéreas ucranianas están tensionadas por la necesidad de cubrir tanto el frente como las ciudades. Los sistemas Patriot, NASAMS y SAMP/T, concentrados en Kiev y los principales nodos logÃsticos, dejan huecos en zonas del sur donde estos drones a baja altitud pueden infiltrarse con relativa facilidad.
Ofensiva en Zaporozhie y escalada de la guerra de drones
El ataque al centro de comandos no es un hecho aislado. El mismo domingo, el Ministerio de Defensa ruso informó de la toma de las localidades de Novoselovka (región de Zaporozhie) y Pisantsy (región de Dnipropetrovsk), tras desalojar a las tropas ucranianas de sus posiciones fortificadas. Las bajas ucranianas declaradas por Moscú —decenas de soldados, más de diez blindados y cuarenta drones pesados destruidos en dos operaciones— no han sido verificadas, pero coinciden con la intensificación ofensiva que las fuentes del ISW y del Estado Mayor ucraniano vienen documentando desde abril.
Al mismo tiempo, Kiev prosigue su campaña de ataques con drones de largo alcance contra territorio ruso. En la noche del viernes al sábado, los sistemas antiaéreos rusos interceptaron 660 drones kamikaze ucranianos, la mayor cifra registrada hasta la fecha. Uno de los artefactos impactó en un museo de la Segunda Guerra Mundial en la región de Rostov, causando doce heridos según el gobernador local.
Moscú califica estos ataques de «terroristas» y advierte con «represalias sistemáticas» contra la infraestructura militar ucraniana. La escalada de la guerra remota, con ambos bandos golpeando retaguardias, está vaciando las reservas de defensas aéreas y obligando a priorizar la protección de centros de mando, infraestructura energética y bases aéreas.
La pregunta estratégica es si Ucrania podrá mantener la cadencia de producción y reposición de sus drones de largo alcance (como el UJ-22 o el nuevo modelo de hélice con motor a reacción) mientras Rusia multiplica su flota de Geran-2 y los integra en enjambres con otros señuelos. El equilibrio actual favorece a quien aguante más, y la industria rusa está demostrando una capacidad de producción masiva gracias a los componentes que siguen llegando vÃa terceros paÃses.
Equilibrio de Poder
El ataque ruso al centro de entrenamiento de comandos ucranianos reconfigura la balance de fuerzas en el teatro sur de tres maneras inmediatas. Primero, la capacidad rusa de alcanzar objetivos tácticos en profundidad sin exponer su aviación reduce la ventaja que hasta ahora habÃa otorgado a Ucrania el uso de misiles de crucero occidentales. Segundo, la destrucción de capacidad de mando de fuerzas especiales merma la opción de Kiev de ejecutar operaciones de distracción naval o incursiones que alivien la presión en el frente de tierra. Tercero, el modo «autoguiado» de los Geran-2 —si se confirma— cambia el juego en guerra electrónica: los drones se vuelven más autónomos frente a las perturbaciones rusas y ucranianas.
Desde la perspectiva española, el impacto es indirecto pero significativo. España participa en la misión de adiestramiento de la Unión Europea (EUMAM UA) con instructores en territorio aliado. Cualquier golpe a centros de instrucción ucranianos —aunque sea en el sur y no afecte directamente a instructores españoles— alimenta la narrativa de que la OTAN debe aumentar la protección de los flujos de formación y asistencia. Además, la inestabilidad en el mar Negro y la creciente amenaza a rutas marÃtimas elevan la prima de riesgo para desplegar sistemas antiaéreos NASAMS españoles o para reforzar la presencia naval en el Mediterráneo, con Rota como eje.
El precedente más cercano es el ataque ruso con misiles Iskander a un centro de la Legión Internacional en Yavoriv en marzo de 2022, que mató a decenas de voluntarios extranjeros. Aquel golpe forzó a un rediseño de la dispersión de instrucción. Ahora, el empleo masivo de drones económicos contra nodos de mando muestra que la OTAN carece de una respuesta a la altura en términos de enjambres defensivos. El programa FCAS y el Tempest europeo siguen sin estar operativos; mientras, los sistemas antidrón portátiles como el EDM4S lituano o el español Cervus se enfrentan a saturación por bajo coste.
A medio plazo, si Rusia consolida esta capacidad de ataque profundo con munición barata, la ecuación disuasoria en el flanco sur de la OTAN —Ceuta, Melilla, Canarias— podrÃa requerir cambios doctrinales. Marruecos ha invertido en drones de origen israelà y turco, y China observa. El salto de los drones de reconocimiento a los drones autoguiados capaces de golpear blancos precisos sin GPS es una lección que el Magreb está aprendiendo en directo y que el Ministerio de Defensa sigue con atención.
La próxima cumbre de la OTAN, prevista para otoño en Bruselas, tendrá que abordar la urgencia de dotar a la Alianza de una arquitectura anti-drones en todos los teatros. Para España, la incógnita es si los presupuestos de defensa —presionados por la meta del 2% y las exigencias de Washington— llegarán a tiempo para modernizar la protección de sus propias bases y de los centros de adiestramiento que aloja en suelo nacional.

