EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Irán ha respondido a Donald Trump que el Estrecho de Ormuz no se toma con tuits y que seguirá bajo control de Teherán.
- ¿Quién está detrás? El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní y la Guardia Revolucionaria, frente a la Casa Blanca.
- ¿Qué impacto tiene? Nueva presión sobre el crudo y el GNL en plena crisis del Estrecho, con coste directo para la factura energética de España.
La tensión en el Estrecho de Ormuz se dispara tras la respuesta iraní a la amenaza de Donald Trump. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán ha recordado que la vía marítima ‘ha sido iraní, es iraní y seguirá siendo iraní’, después de que el presidente estadounidense afirmase que declarará el paso como territorio de Estados Unidos.
El pulso por el control del corredor energético
El origen del choque se remonta a finales de febrero, según ha recogido la cadena rusa RT, cuando los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán llevaron a Teherán a cerrar el Estrecho. Washington respondió con un bloqueo naval sobre los puertos iraníes. La medida interrumpió el tráfico en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta y disparó el precio del crudo: la cotización llegó a tocar 120 dólares por barril.
El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, ha lanzado la réplica en un mensaje en X. ‘Que Estados Unidos acepte de una vez por todas la realidad’, ha escrito. ‘El Estrecho de Ormuz ha sido iraní, es iraní y seguirá siendo iraní. Solo se cerrará y se abrirá bajo el mando de Irán y, mientras no acepte la derrota y cese en sus delirios, Irán seguirá aplicando el bloqueo.’
Gharibabadi ha insistido en que Hormuz no puede ser tomado por un tuit, ni por un portaaviones, ni por una orden, ni por un discurso electoral. ‘Irán no teme amenazas ni se encoge ante exhibiciones de poder’, ha añadido, según la misma fuente.
Trump, por su parte, había declarado el viernes en una academia policial del condado de Nassau, en Nueva York, que la República Islámica está siendo ‘muy gravemente derrotada’ y que, una vez asegurada la victoria, declarará el Estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos. ‘Muy pronto’, reiteró.
El Estrecho de Ormuz es uno de los corredores energéticos más importantes del planeta y la llave del crudo que también condiciona los precios del gas.
A principios de agosto, Teherán condicionó la reapertura del Estrecho a una compensación por los daños de guerra, al levantamiento de las sanciones, al desbloqueo de los fondos iraníes congelados y al cese permanente de las hostilidades contra Irán y sus aliados regionales. La Guardia Revolucionaria, el brazo armado que controla de facto la seguridad del estrecho, ya había dejado claro que la reapertura depende de que Washington acepte por completo esas condiciones.
La negociación no tiene calendario. La semana pasada, Trump dijo a Axios que su Administración ‘no tiene prisa’ y que está ‘perfilando’ las conversaciones mientras mantiene la presión económica. El diálogo, descrito como ‘semi-negociaciones’, se produjo después de semanas de desacuerdo sobre un memorando de 14 puntos que había establecido un alto el fuego temporal, preveía el levantamiento gradual del bloqueo naval y pedía la restauración del tráfico comercial. Los combates se reanudaron en julio al fracasar la aplicación del acuerdo.
Impacto directo en el crudo y el gas que importa España

Para España, la tensión no es abstracta. Aunque el suministro directo de gas natural licuado no depende de un solo estrecho, la prima de riesgo se traslada a los precios internacionales. Las plantas de regasificación de la Península reciben GNL contratado en mercados con fuerte componente spot; cuando el crudo subió hasta los 120 dólares en febrero, los precios gasistas también se contaminaron.
La presión sobre la factura energética española puede reactivarse si la negociación no despeja la reapertura. España, como puerta de entrada de GNL al sur de Europa, está expuesta al coste de fletar buques metaneros y al encarecimiento de los derivados del petróleo, gasóleo y gasolina incluidos.
Equilibrio de Poder
El pulso se mueve entre tres placas. Washington, con Trump, apuesta por una negociación transaccional: presión económica y bloqueo mientras declara que no tiene prisa. Moscú observa con interés cualquier desestabilización del suministro energético, porque refuerza el papel de sus exportaciones alternativas. Bruselas, en cambio, se enfrenta a un dilema: secundar la vía de máxima presión puede asegurar el respaldo de Washington, pero prolonga una crisis que encarece la energía europea.
La información proviene de RT, cadena financiada por el Kremlin; aunque los hechos son verificables, el énfasis en la firmeza iraní y la ridiculización de Washington responde al alineamiento de Moscú con Teherán. Que el Kremlin se ocupe de difundir la réplica de Teherán no es casual: respalda la posición iraní y se beneficia del encarecimiento energético.
Para España, el coste del bloqueo se traduce en inflación energética y en una mayor dependencia de los suministros alternativos que llegan por el Magreb o desde Estados Unidos. El precedente de la guerra de petroleros de los años ochenta, cuando la Armada estadounidense y la iraní chocaron en el Golfo, muestra que estos episodios pueden prolongarse: la reapertura del Estrecho no es solo una cuestión militar, sino de credibilidad y plazos.
El próximo hito será si Washington acepta las condiciones iraníes o si la administración estadounidense mantiene el bloqueo y la presión económica. La cita de Axios deja claro que por ahora no hay calendario realista para levantar el bloqueo. La cesta de la compra energética de España y de Europa seguirá cotizando cada vaivén del Estrecho.
