El Gobierno alemán de Friedrich Merz ha entrado en su peor crisis de apoyo desde 2021. La coalición CDU/CSU-SPD apenas suma un 32% de intención de voto, solo cuatro puntos por delante de AfD. El dato enciende las alarmas de Berlín y de Bruselas sobre el futuro del rearme alemán.
La caída que sitúa a AfD como primera fuerza
Según la encuesta INSA publicada por Bild am Sonntag, realizada entre el 10 y el 14 de agosto a 1.203 personas, la CDU/CSU cayó un punto en una semana hasta el 20%. Es su peor resultado desde octubre de 2021. El margen de error se sitúa en 3,1 puntos porcentuales.
Alternativa para Alemania (AfD), partido de extrema derecha, se mantiene en el 28% y repite como fuerza más votada. Los Verdes obtienen 13%; el SPD y La Izquierda empatan en 12%; el FDP registra 5% y la Alianza Sahra Wagenknecht, 3%. La suma de los dos partidos en el Gobierno arroja 32%, cuatro puntos más que AfD en solitario.
El desgaste alcanza también a la figura del canciller. Solo el 16% aprueba la gestión de Merz; el 78% la desaprueba. Cuatro de cada cinco alemanes rechazan el trabajo del Gobierno federal. El director de INSA, Hermann Binkert, lo resumió en Bild: ‘El apoyo nunca ha sido tan bajo y el rechazo tan alto’. A su juicio, la tendencia quizá ya no tenga reversa porque la mayoría de los votantes aún leales a los partidos gobernantes ya no respaldan al Consejo de Ministros.
La protesta ya tiene dimensión de calle. Unas 10.000 personas se manifestaron la pasada semana en Plauen, según la policía de Sajonia, para exigir elecciones anticipadas, rebajas de la energía y cambios en sanidad, migración y política militar.
El dato de AfD no cambió respecto a la semana anterior, pero supone un salto desde el 20,8% de las elecciones federales de febrero de 2025. El partido avanza a pesar del cordón sanitario que le imponen el resto de formaciones. En el este, su dominio es mayor: roza el 41% en Sajonia-Anhalt y el 36% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, según los sondeos. Los investigadores citados por Reuters vinculan la fuerza de AfD en el este a los ingresos bajos, la pérdida de población, la escasez de mano de obra y la sensación de abandono político.
Merz no cae solo por la economía: cae porque una parte creciente de Alemania percibe que su Gobierno discute impuestos y gasto social, y no protección.
El trasfondo económico de la caída es evidente. El Ejecutivo de Merz carga con una economía estancada, disputas internas sobre impuestos y bienestar, y la sensación de que varias promesas electorales han quedado sin cumplir. La coalición nació debilitada en mayo de 2025 y no ha logrado presentar una agenda de crecimiento creíble. Las reformas importantes siguen bloqueadas, y cada semana sin acuerdo empuja a los votantes hacia la opción antisistema.
El rearme alemán, atrapado en una coalición sin autoridad

La debilidad del canciller golpea directo a la política de defensa. El programa de rearme alemán, heredero del giro estratégico conocido como Zeitenwende, necesita mayorías parlamentarias estables y consenso social para sostener presupuestos militares crecientes. Sin embargo, la coalición no logra cerrar reformas clave en impuestos, gasto social, y prioridades de defensa. La parálisis no es un problema teórico: la Comisión Europea y la OTAN cuentan con Berlín como motor del rearme del flanco este.
La lectura desde España conviene hacerla con calma. Si la locomotora alemana se bloquea, la financiación de la defensa europea se encarece para todos. Moncloa necesita aprobar incrementos comprometidos con la OTAN, pero una Alemania débil refuerza a quienes piden retrasar el calendario de gasto. A esto se suma el efecto sobre la industria: los programas europeos como el FCAS, donde Alemania es socio de España y Francia, dependen de decisiones presupuestarias plurianuales.
La crisis llega cuando la OTAN pide a las capitales europeas no solo mantener el 2% del PIB, sino avanzar hacia el 3,5% o más. En Berlín, esa discusión ya no es técnica: es un pulso político entre quienes quieren blindar la defensa y quienes exigen recortar energía y sanidad. El canciller Merz no tiene margen para imponer su agenda. Su respaldo parlamentario es estrecho, y la desaprobación ciudadana reduce toda capacidad de negociación.
Equilibrio de Poder
La crisis alemana introduce una nueva variable en el eje Washington-Moscú-Bruselas. La administración Trump presiona a los aliados europeos para elevar el gasto militar, pero Berlín no está en condiciones de liderar el aumento. Rusia, que observa la política alemana con atención desde la invasión de Ucrania, celebra cada semana de parálisis en la primera economía europea. Bruselas, por su parte, pierde a su tradicional pagador y árbitro fiscal.
El precedente más cercano es la caída del Gobierno de Scholz en 2024, que anticipó elecciones y congeló decisiones de defensa durante meses. Si Merz no reconstruye su autoridad, el calendario regional de Alemania oriental podría castigar aún más a la CDU y reforzar a AfD. La próxima gran cita será la negociación presupuestaria de defensa en el Bundestag, donde la coalición tendrá que demostrar que puede sumar sin recurrir a la oposición.
Lo que observamos en Moncloa es una paradoja: Alemania se ha convertido en el eslabón más expuesto del rearme europeo justo cuando su Gobierno no puede asumir el coste político. El dato de INSA no es una simple foto de agosto: es un aviso de que la crisis de legitimidad alemana ya cotiza en el mercado de la defensa europea.
