Alemania propone fabricar armas de EE.UU. en su territorio para acelerar el rearme

Pistorius defiende que la producción bajo licencia de sistemas como el F-35 no contradice la autonomía estratégica europea. El canciller Merz enmarca el movimiento dentro de una OTAN más europea, mientras la cumbre de Ankara se acerca.

Berlín ha dado un giro estratégico. A pocos días de la cumbre de la OTAN en Ankara, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, anunció que Alemania quiere expandir su cooperación industrial de defensa con Estados Unidos, incluyendo la producción bajo licencia de sistemas de armas estadounidenses en su territorio. El anuncio, realizado el miércoles en una rueda de prensa conjunta con el canciller Friedrich Merz y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, busca acelerar el rearme europeo sin romper el vínculo transatlántico.

La propuesta no es una mera declaración de intenciones. Pistorius detalló que Berlín está «muy interesado» en fabricar en Alemania sistemas completos o componentes de fabricación estadounidense, citando expresamente el programa del caza F-35 y otros ámbitos donde las capacidades europeas no bastan. «Hay sistemas que aún no tenemos, o que no tenemos en cantidad suficiente, y que necesitaremos en los próximos 10 o 15 años», afirmó Pistorius. La referencia a las limitadas capacidades de producción propias —»sabemos que nuestras capacidades de producción también son limitadas»— fue el andamiaje de un mensaje de urgencia que Rutte respaldó sin matices.

Fabricar el F-35 en casa: pragmatismo o rendición a Washington

Pistorius reconoció la «aparente contradicción» con el objetivo europeo de reducir la dependencia de Washington, pero la desactivó con un argumento sencillo: la autonomía estratégica no exige renunciar a sistemas estadounidenses. «Nadie ha dicho que aspirar a una mayor independencia en la industria de defensa signifique comprometerse solo con sistemas puramente europeos», subrayó. La lectura de Berlín es que la urgencia en cerrar brechas de capacidad —misiles de largo alcance, defensa aérea integrada, aviónica avanzada— justifica un modelo de cooperación que algunos socios europeos ven con recelo.

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El canciller Merz enmarcó la decisión dentro de una transformación más amplia de la Alianza. «Queremos hacer la OTAN más europea en su conjunto. Como europeos estamos asumiendo más responsabilidad en la OTAN y reduciendo dependencias transatlánticas unilaterales», dijo. Era un guiño a París y a Bruselas, pero también a Washington: se trata de reequilibrar, no de desacoplarse.

La autonomía estratégica europea, entre paréntesis

El movimiento alemán cae en un momento delicado para el discurso de la autonomía estratégica impulsado por Francia. La Comisión Europea, con su Brújula Estratégica y el Fondo Europeo de Defensa, venía empujando hacia un ecosistema industrial europeo más autónomo. Ahora Berlín, con el argumento de la emergencia operativa, abre una puerta trasera a los grandes contratistas estadounidenses. No es un cambio de doctrina, pero sí una señal de que la geometría de la defensa comunitaria se está moviendo por debajo de los tratados.

Rutte, que compareció junto a Merz y Pistorius, reforzó el mensaje de que la OTAN necesita más inversión y más producción, sin detenerse en la etiqueta de origen del armamento. «Alemania lidera y Alemania cumple», sentenció, recordando que el país va camino de invertir el 3,5% del PIB en defensa para 2029, un «logro extraordinario» según sus palabras. A la industria le exigió: «Estén listos, aceleren, trabajen juntos. Abran nuevas líneas de producción. Amplíen las cadenas de suministro. Y entreguen rápido lo que necesitamos para nuestra seguridad».

Boris Pistorius

El expediente español y el reparto del pastel industrial

En España, el anuncio alemán se sigue desde los grandes contratistas —Navantia, Indra, Airbus Defence & Space— pero también desde La Moncloa. España ha defendido en Bruselas un equilibrio entre capacidad europea y vínculo transatlántico, sin la retórica de autonomía de París pero con interés real en que el dinero del rearme alimente tejido industrial europeo. La decisión alemana abre una doble vía: favorece a los gigantes estadounidenses que ya operan en Europa, pero también puede generar subcontratación en países como España si se articula bien la participación en los programas bajo licencia. De momento, el Gobierno español no se ha pronunciado oficialmente, aunque fuentes del Ministerio de Defensa indican que se espera una discusión en profundidad durante la cumbre de Ankara.

La urgencia de cerrar brechas de capacidad militar está diluyendo los discursos más doctrinales sobre la autonomía estratégica europea.

El Eje del Poder Europeo

El anuncio de Pistorius refleja un pulso subterráneo entre dos visiones de la defensa europea. Por un lado, el eje atlantista —con Países Bajos, los países bálticos y ahora Alemania en un papel dual— que ante la amenaza inmediata prefiere comprar lo que funciona, sin esperar a que la industria europea madure. Por otro, el núcleo francés de autonomía plena, con el respaldo difuso de Italia y España, que teme que cada licencia estadounidense sea un clavo en el ataúd de la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa Europea (BITDE).

Para España, el envite supone un dilema de difícil digestión. La necesidad de modernizar capacidades —cazas, misiles, sistemas antiaéreos— es acuciante y los programas europeos (FCAS, Eurodrone) no llegarán a tiempo. Si la opción alemana se consolida, Madrid podría verse arrastrada a seguir la misma senda, con el riesgo de fragmentar aún más un mercado europeo que ya arrastra duplicidades y sobrecostes. El precedente de la crisis del euro, cuando Alemania impuso una ortodoxia fiscal que el sur europeo tuvo que tragar, planea sobre esta nueva encrucijada: ahora es en defensa, pero el patrón de una Alemania que marca el paso sin consultar demasiado se repite.

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La lectura a largo plazo es incierta. Si la producción bajo licencia de sistemas estadounidenses se extiende, la Unión Europea podría acabar con un zoco de arsenales nacionales incompatibles y una industria europea debilitada. Pero por ahora, con una guerra a las puertas y un aliado estadounidense que exige más gasto, el pragmatismo vence a la doctrina. La cumbre de Ankara, que arranca en unos días, será el primer test de cómo se encajan estos equilibrios. Y Moncloa sabe que su margen de maniobra es estrecho: sin un tejido industrial propio comparable al alemán, la elección real será entre subirse al tren estadounidense o quedarse en el andén de la autonomía europea que tarda en llegar.

Coordinado desde Bruselas con información de POLITICO y datos de gasto en defensa de la OTAN disponibles en su web oficial.