La Eurocámara aprueba la reforma de los derechos de pasajeros aéreos: rueda de prensa el martes

Tras 11 años de bloqueo en el Consejo, los Veintisiete alcanzaron un compromiso en junio de 2025 que ahora se sella en Estrasburgo. La rueda de prensa con Novakov y Sinkevičius aclarará la nueva letra pequeña de las compensaciones.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo vota este martes 7 de julio la reforma de las normas de derechos de los pasajeros aéreos, que llevan vigentes desde 2004. Los ponentes Andrey Novakov y Virginijus Sinkevičius comparecerán en rueda de prensa tras la votación.
  • ¿Quién está detrás? La Comisión de Transportes impulsó la revisión tras once años de bloqueo en el Consejo. Los ministros de la UE lograron un compromiso en junio de 2025, allanando el terreno para el acuerdo final.
  • ¿Qué impacto tiene? Las nuevas reglas reforzarán las compensaciones por cancelaciones, retrasos y pérdida de equipaje. Para los viajeros españoles, que lideran el tráfico aéreo en Europa, supondrá más seguridad jurídica y reembolsos más ágiles.

El pleno del Parlamento Europeo celebra este martes la votación final sobre la esperada reforma de los derechos de los pasajeros aéreos, una legislación comunitaria que no se revisaba desde 2004. Tras once años de parálisis por las diferencias entre Estados miembros, los eurodiputados dan por fin luz verde a un texto que, según fuentes parlamentarias, sale adelante con un amplio respaldo de populares, socialistas, liberales y verdes.

Inmediatamente después del anuncio del resultado, los dos ponentes de la Eurocámara —Andrey Novakov, del PPE búlgaro, y Virginijus Sinkevičius, vicepresidente de la Comisión de Transportes por los Verdes lituanos— detallarán el contenido del acuerdo en una rueda de prensa en Estrasburgo. La cita está prevista para las 14.00 CET y contará con interpretación en inglés, francés, alemán, italiano, búlgaro y lituano. También se podrá seguir en directo por el servicio multimedia del Parlamento.

El camino hasta este momento ha sido tortuoso. El reglamento original, que establecía indemnizaciones de entre 250 y 600 euros por denegación de embarque o cancelación, empezó a quedarse obsoleto casi desde su entrada en vigor. La Comisión Europea propuso una revisión ya en 2013, pero el Consejo —donde se sientan los gobiernos nacionales— fue incapaz de consensuar una posición común hasta junio de 2025. Entonces, los ministros de Transportes superaron sus divergencias y desbloquearon un expediente que llevaba empantanado desde 2014. A partir de ahí, las negociaciones a tres bandas (trílogo) entre Comisión, Parlamento y Consejo avanzaron con rapidez y culminaron en el compromiso que ahora se ratifica.

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22 años después de las primeras normas, la UE actualiza por fin la protección de los viajeros, pero la letra pequeña esconderá nuevas batallas entre aerolíneas y asociaciones de consumidores.

Qué se vota exactamente y por qué importa a España

Aunque los detalles precisos no se harán públicos hasta la rueda de prensa del martes, los borradores filtrados en los últimos meses apuntan a tres grandes bloques de cambios. Primero, las compensaciones por cancelación o gran retraso se endurecen: las aerolíneas ya no podrán escudarse en «circunstancias extraordinarias» ambiguas y tendrán que reubicar al pasajero en el primer vuelo disponible, aunque sea de otra compañía. Segundo, los reembolsos serán más rápidos, con un plazo máximo de 14 días, y se podrán solicitar directamente a través de una plataforma única europea. Tercero, se introduce un mecanismo de protección frente a la insolvencia de la aerolínea, algo que las quiebras recientes han convertido en urgente.

Para las compañías españolas —Iberia, Vueling, Volotea o Air Europa— la nueva regulación implica un aumento de los costes operativos, pero también un marco más predecible. Según fuentes del sector, las aerolíneas españolas ya cumplen voluntariamente con muchas de las exigencias previstas, en particular en cuanto a reubicación y atención en tierra, por lo que el impacto financiero sería limitado. Distinto es el caso de las aerolíneas de bajo coste del norte de Europa, que llevan años oponiéndose a cualquier refuerzo de los derechos de los pasajeros.

Precisamente por eso el expediente estuvo bloqueado durante tanto tiempo. Los países con grandes hubs turísticos —España, Italia, Grecia o Portugal— siempre defendieron una mayor protección para los viajeros, convencidos de que una mala experiencia de vuelo daña la imagen de todo el destino. Enfrente, los Estados del norte y del centro de Europa, más alineados con los intereses de sus aerolíneas de bandera o de bajo coste, frenaban cualquier avance. El desbloqueo de junio de 2025 llegó cuando Alemania y Francia aceptaron un texto de compromiso que, sin renunciar por completo a la flexibilidad para las compañías, eleva el listón de forma significativa.

El Eje del Poder Europeo

La geometría de este voto es un reflejo casi perfecto del reparto de fuerzas que vertebra todas las negociaciones legislativas en la UE. El sur turístico, con España a la cabeza, empujó por más derechos; el norte industrial, liderado por Países Bajos y los nórdicos, por mantener los costes a raya; y el bloque del este, con Polonia y los países bálticos, osciló entre ambas posiciones según el tema concreto. Al final, la mayoría cualificada necesaria en el Consejo se construyó con el apoyo de los grandes —Francia y Alemania— y de la práctica totalidad de los mediterráneos, aisló a los más recalcitrantes y permitió cerrar el trílogo en tiempo récord.

Desde una perspectiva española, el resultado es favorable. El Gobierno de Pedro Sánchez, a través de la Representación Permanente en Bruselas, fue uno de los Estados miembros que más presionó para que el texto incluyese el pasaje sobre insolvencia, un asunto que en España se vivió con dramatismo durante la quiebra de Thomas Cook. Además, Moncloa logró introducir una cláusula que obliga a las aerolíneas a informar al consumidor de sus derechos en el mismo momento de la compra, una vieja reivindicación de las asociaciones de usuarios.

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El precedente no es menor: el reglamento de 2004, aprobado en un contexto de liberalización acelerada del mercado aéreo, daba por sentado que la competencia bastaba para proteger al viajero. Dos décadas de cancelaciones masivas, quiebras sonadas y la propia pandemia de covid-19 demostraron que esa confianza era ingenua. Así que la reforma que se vota este martes no es solo una actualización técnica; es una enmienda a la filosofía original del mercado único europeo, una señal de que Bruselas ya no delega en exclusiva en la mano invisible la seguridad del pasajero.

Lo que se vota este martes no es solo una nueva regulación. Es la constatación de que la UE puede legislar a favor del ciudadano cuando los gobiernos deciden dejar de mirar por el retrovisor de sus aerolíneas nacionales.

La votación en el pleno será, en la práctica, un hito. A continuación, el Consejo deberá adoptar formalmente el texto, previsiblemente en la segunda mitad de julio, para que entre en vigor a lo largo de 2027. A partir de ahí, los pasajeros dispondrán de nuevas herramientas para exigir compensaciones, pero los detalles —cuándo exactamente saltará la obligación de reubicar, cómo se financiará el fondo de insolvencia— serán los que marquen la diferencia entre un triunfo sobre el papel y una mejora real. La conferencia de prensa del martes, con Novakov y Sinkevičius, despejará esas incógnitas. Y, como siempre en Bruselas, la letra pequeña y los periodos transitorios dirán si la UE ha aprobado un cambio de paradigma o un maquillaje bienintencionado.

Parlamento Europeo