EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Ryanair ha pedido a los gobiernos de la UE posponer el Sistema de Entrada y Salida (EES) hasta septiembre alegando que su aplicación en plena temporada alta de verano está provocando grandes colas y caos en varios aeropuertos, especialmente en España.
- ¿Quién está detrás? La aerolínea irlandesa, junto con las principales asociaciones de aeropuertos (ACI) y aerolíneas (A4E, IATA), que han escrito a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunciando una ‘presión insostenible’.
- ¿Qué impacto tiene? Cuatro aeropuertos españoles (Tenerife Sur, Palma, Alicante y Málaga) aparecen entre los más afectados por las disrupciones. El Gobierno español, a través del ministro Grande-Marlaska, guarda silencio mientras las quejas de los pasajeros aumentan.
Ryanair ha vuelto a la carga. La mayor aerolínea de bajo coste de Europa ha instado este jueves a los estados miembros de la UE a suspender de inmediato la aplicación del nuevo control biométrico de pasaportes en fronteras externas Schengen, conocido como Sistema de Entrada y Salida (EES), para evitar el colapso de los aeropuertos turísticos durante las semanas más críticas del verano.
La compañía, que transporta a millones de pasajeros a destinos como Tenerife Sur, Palma, Alicante y Málaga, denuncia que los nuevos procedimientos están generando colas interminables y retrasos. Según su director de Operaciones, Neal MacMahon, los viajeros están siendo utilizados como «conejillos de indias» de un sistema «a medio hacer» que, alerta, provocará vuelos perdidos y un estrés innecesario. «Los pasajeros y sus familias no deberían pagar las consecuencias», ha afirmado en un comunicado.
La lista de aeropuertos españoles que preocupan a Ryanair
La denuncia no es nueva, pero sí la inclusión de cuatro aeródromos españoles entre los más conflictivos. Tenerife Sur, Palma, Alicante Málaga figuran, junto a Milán Bérgamo, Cracovia y París Beauvais, como puntos críticos donde las interrupciones son ya cotidianas. Ryanair asegura que la situación empeorará al entrar en las semanas de máxima afluencia turística, justo a partir de mediados de julio.
La aerolínea ha informado ya a sus clientes de que deben llegar con más antelación al aeropuerto y de que se están produciendo colas al viajar a destinos fuera del espacio Schengen. En una comunicación interna, ha recomendado a los pasajeros que se preparen para los nuevos controles biométricos —fotografía facial y huellas dactilares— que exige el EES y que, en demasiados puntos de control, funcionan de forma deficiente.
La petición ha llegado directamente al ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, a través de una carta en la que Ryanair reclama medidas urgentes. Sin embargo, según fuentes de la aerolínea, no ha habido respuesta alguna. El silencio de Moncloa contrasta con la gravedad de las quejas de los pasajeros, que ya llenan las redes sociales con imágenes de terminales abarrotadas.
Ryanair ha sido clara: los pasajeros son conejillos de indias de un sistema a medio hacer y el caos solo acaba de empezar en pleno pulmón turístico español.
Bruselas defiende la implantación y la industria aérea alza la voz
La Comisión Europea se ha apresurado a defender la puesta en marcha del EES. Fuentes comunitarias aseguran a Moncloa.com que la «mayoría» de los aeropuertos están aplicando el nuevo sistema de manera «fluida» y que se ofrece apoyo técnico a las instalaciones rezagadas. No obstante, la patronal de los aeropuertos (ACI), las aerolíneas (A4E) y la IATA han firmado una carta conjunta dirigida a Ursula von der Leyen en la que califican la situación de «presión insostenible».
Lo que está en juego es la fiabilidad operativa en temporada alta. El Reglamento (UE) 2017/2226, que establece el EES, incluye la posibilidad de que los Estados miembros retrasen la aplicación de los controles biométricos en determinados aeropuertos si la infraestructura no está preparada. España podría ampararse en ese resquicio legal, pero hasta ahora no ha movido ficha. De hecho, el Ejecutivo de Sánchez parece haber optado por mirar hacia otro lado mientras las aerolíneas y los gestores aeroportuarios elevan el tono.
El Eje del Poder Europeo
Observamos aquí cómo la colisión entre la agenda digital de Bruselas y los intereses turísticos de los países del sur vuelve a saltar a la palestra. Alemania y los Países Bajos, con aeropuertos hub donde la tecnología lleva meses instalada, presionan para que el EES se mantenga sin excepciones. Mientras, España, Italia y Grecia afrontan un veredicto de fuego: si las colas se convierten en la imagen de la temporada, el daño reputacional y económico podría ser grave.
Ryanair ha sabido leer este malestar y lo está utilizando como palanca. Solo en España, la compañía mueve decenas de millones de pasajeros al año, y los cuatro aeropuertos señalados concentran buena parte del tráfico hacia el Reino Unido —ahora tercer país— y otros destinos extra Schengen. Cualquier disrupción prolongada se traduce en cifras: vuelos cancelados, indemnizaciones y la pérdida de la confianza del cliente. La falta de respuesta del ministro Grande-Marlaska resulta, cuando menos, llamativa.
Porque la legislación europea ofrece la llave para una moratoria. El artículo 6 del Reglamento habilita a los gobiernos a retrasar la implantación en puntos de paso fronterizo que no hayan completado los requisitos técnicos. Ese es, precisamente, el argumento que la industria aérea lleva meses esgrimiendo: demasiados aeropuertos tienen los equipos a medio instalar o con un software que falla bajo carga real. Si España no activa esa cláusula, el riesgo es doble: enfado de los turistas y fricción con las aerolíneas que, en última instancia, son las que llenan las terminales.
La Comisión, por su parte, no puede permitirse otro fiasco en la gestión de fronteras —el caos del verano de 2022 en varios aeropuertos europeos sigue fresco en la memoria—, pero tampoco ceder de forma abierta pondría en duda la autoridad del nuevo sistema. La solución de compromiso que parece dibujarse es la asistencia técnica urgente a los puntos negros, sin paralizar globalmente el EES. Lo veremos en las próximas semanas, cuando el pulso entre las aerolíneas y la torre Berlaymont se dirima en las pistas de aterrizaje y en los mostradores de facturación.
