La Eurocámara aprueba negociar el euro digital: paso decisivo para el BCE

El pleno da luz verde al mandato para iniciar los trílogos, tras el intento de bloqueo de los grupos de extrema derecha y conservadores euroescépticos. El BCE aspira a lanzar la moneda electrónica en 2029, con un límite de 3.000 euros por persona y pagos offline.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Parlamento Europeo ha aprobado el inicio de los trílogos (negociaciones a tres) para el reglamento del euro digital, tras el rechazo de una impugnación de los grupos Conservadores y Reformistas Europeos y Patriotas por Europa.
  • ¿Quién está detrás? El BCE, la Comisión Europea y los gobiernos, con el apoyo del PPE y otros grupos. El BCE prevé un piloto en 2027 y el lanzamiento en 2029.
  • ¿Qué impacto tiene? La moneda digital complementará al efectivo, permitirá pagos offline y limitará la dependencia de infraestructuras extranjeras. Para España, implicará la integración con sistemas como Bizum y un nuevo horizonte de pagos transfronterizos.

El Parlamento Europeo ha dado luz verde este jueves a la negociación definitiva del euro digital, la moneda pública electrónica con la que el Banco Central Europeo (BCE) aspira a transformar los pagos en la Eurozona.

El trámite político: del pleno a los trílogos

La decisión salió adelante después de que los grupos Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) y Patriotas por Europa impugnaran el mandato negociador. La impugnación fue rechazada, y el pleno autorizó el inicio de los trílogos —las negociaciones a tres bandas entre Parlamento, Consejo y Comisión— que cerrarán el texto definitivo del reglamento.

Es un paso previo necesario antes de que el BCE tome la decisión final de emitir los euros digitales. El proceso legislativo debe completarse a lo largo de 2026, y la primera ronda de conversaciones interinstitucionales comenzará próximamente, bajo la presidencia irlandesa del Consejo de la UE.

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Cómo será el euro digital: offline, sin intereses y con límite de 3.000 euros

BCE

El euro digital no es una criptomoneda ni una stablecoin. Su valor será idéntico al del efectivo: un euro digital equivaldrá siempre a una moneda de un euro y tendrá curso legal. Los ciudadanos podrán almacenarlo en una cartera digital integrada en las aplicaciones de sus bancos y transferir fondos desde su cuenta corriente para usarlo en pagos.

Una de las innovaciones más relevantes es la posibilidad de realizar pagos offline, sin necesidad de conexión a internet. Bastará con acercar el móvil al terminal de pago o a otro usuario. El diseño prevé límites a la tenencia: aunque la cifra definitiva no está cerrada, el BCE ha defendido un máximo de 3.000 euros por persona para no comprometer la estabilidad financiera. La moneda no generará intereses, evitando así la competencia con los depósitos bancarios.

El euro digital no es una criptomoneda ni un sustituto del efectivo: es dinero de banco central con el que Europa aspira a recuperar el control de sus pagos y su soberanía financiera.

El Eje del Poder Europeo

La votación de este jueves refleja la división política que arrastra el proyecto. Los grupos de extrema derecha y los conservadores euroescépticos del ECR temen que el BCE pueda vigilar las transacciones —aunque el diseño garantiza un alto nivel de privacidad— y consideran que la moneda digital duplica soluciones privadas ya existentes. El PPE, que lidera la negociación, insiste en que el euro digital debe complementar al efectivo sin sustituirlo.

El pulso va más allá de la política: la banca europea mira con recelo al euro digital. Acepta la necesidad de una alternativa pública, pero defiende que las soluciones privadas de pagos instantáneos —como el español Bizum o sus equivalentes en otros países— pueden competir con los gigantes extranjeros. El sector teme que la moneda pública duplique infraestructuras y encarezca sus costes. El BCE replica que el euro digital no sustituirá esas plataformas, sino que podrá integrarse con ellas y garantizar pagos paneuropeos en cualquier país de la zona euro.

Para España, el impacto es doble. De un lado, la integración de los estándares del euro digital con Bizum allanaría el camino para que un usuario pueda pagar en un comercio de Berlín o Roma con la misma facilidad que lo hace en Madrid. Los planes de la banca europea pasan por conectar todas las soluciones nacionales de pagos instantáneos, con el objetivo de habilitar pagos transfronterizos entre particulares este mismo año. El euro digital podría acelerar esa conectividad y dotarla de un sello oficial de banco central.

La soberanía estratégica sigue siendo el gran argumento del BCE. Más de dos tercios de las transacciones con tarjeta en la Eurozona se procesan mediante esquemas internacionales, y 13 de los 20 países del euro carecen de un sistema nacional propio. En un contexto de tensión geopolítica y sanciones financieras, controlar la propia red de pagos es una prioridad. El camino hasta 2029 es largo: ahora arranca la fase política decisiva, y el éxito dependerá de que el reglamento convenza a todos los actores. La primera reunión del trílogo, bajo presidencia irlandesa, marcará el tono de la negociación.

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