Ucrania ataca centros logísticos de Wildberries en Rusia con drones: 7 muertos y 49 heridos

Los drones, equipados con metralla según las autoridades rusas, alcanzaron dos almacenes en Tambov y Elektrostal. Moscú califica el ataque de 'ataque terrorista premeditado' mientras crece la escalada en la guerra de drones.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Drones ucranianos atacaron dos centros logísticos de la empresa Wildberries en Rusia la madrugada del viernes. Las autoridades rusas confirman 7 muertos y 49 heridos, entre trabajadores nocturnos.
  • ¿Quién está detrás? El ataque se atribuye a Ucrania, que no ha emitido comentarios oficiales. El gobernador de Tambov calificó la acción de ‘ataque terrorista premeditado’.
  • ¿Qué impacto tiene? La guerra de drones contra infraestructura civil rusa se recrudece. Moscú amenaza con una respuesta a gran escala, lo que podría afectar la estabilidad energética europea y tensar aún más el flanco este de la OTAN.

En la madrugada del viernes, drones ucranianos de largo alcance impactaron contra dos centros logísticos de la empresa rusa Wildberries, en las regiones de Tambov y Moscú. Los ataques, sincronizados y con munición de fragmentación según las autoridades locales, dejaron al menos 7 muertos y 49 heridos, en lo que Moscú califica de un salto cualitativo en la agresión contra suelo ruso.

El gobernador de Tambov, Evgeny Pervyshov, informó que un dron suicida impactó de lleno en el almacén de Kotovsk, donde los empleados trabajaban en turno nocturno. Las víctimas mortales —siete trabajadores— fueron confirmadas, mientras que 25 personas resultaron heridas y fueron trasladadas a hospitales locales. Los equipos de emergencia extinguieron el incendio, aunque las labores de enfriamiento continuaban al amanecer. Según Pervyshov, los drones estaban cargados con metralla para maximizar el número de víctimas civiles.

Paralelamente, otro centro logístico de Wildberries fue alcanzado en Elektrostal, a 50 kilómetros al este de Moscú. El gobernador de la región de Moscú, Andrey Vorobyov, elevó a 24 los heridos en ese ataque. Imágenes difundidas por los servicios de emergencia mostraban grandes llamaradas y una columna de humo sobre las instalaciones, mientras todos los empleados eran evacuados. Este ataque se enmarcó en una oleada masiva: más de 370 drones ucranianos fueron lanzados hacia la capital rusa desde la noche del viernes, según el alcalde Serguéi Sobianin, de los cuales 64 fueron interceptados en las aproximaciones a Moscú.

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La ofensiva no se limitó a los centros logísticos. En la ciudad de Vladimir, un dron se estrelló contra un edificio residencial y provocó un incendio, obligando a desalojar a los vecinos. En Noginsk, otro aparato cayó sobre un depósito de combustible y las autoridades evacuaron una maternidad cercana como medida de precaución. Ninguna de las dos capitales informó de víctimas mortales adicionales, pero el simbolismo del ataque —alcanzar infraestructuras civiles en el corazón de Rusia— refuerza la narrativa ucraniana de que la guerra también se libra en el patio trasero de Moscú.

El uso de drones con metralla contra centros logísticos civiles eleva el conflicto a una nueva dimensión: la guerra económica por otros medios.

Rusia ha descrito estos ataques como ‘indiscriminados’ y ‘actos de terrorismo premeditado’, destinados a desviar la atención de los reveses ucranianos en el campo de batalla. Las autoridades rusas subrayaron que los drones iban equipados deliberadamente con fragmentación para causar el mayor daño entre la población civil. El Kremlin ha vinculado esta escalada con su renovada campaña de bombardeos de largo alcance contra infraestructuras de doble uso y fábricas militares en Kiev, muchos de ellos con misiles de crucero Kalibr y Kinzhal.

Ataques sincronizados con munición de fragmentación

Los drones, según el gobernador estaban equipados con metralla, un método de ataque inusual en el arsenal ucraniano. Fuentes de inteligencia rusas apuntan a que los aparatos eran del tipo UJ-22 o ‘Lyutyi’, con capacidad para volar más de 1.000 kilómetros. El hecho de que dos centros logísticos de Wildberries —una empresa privada de venta en línea— fueran alcanzados casi simultáneamente sugiere una planificación detallada y un cambio en la doctrina de objetivos: ya no solo se golpean bases aéreas o refinerías, sino activos civiles que sostienen la economía de guerra rusa.

El incendio en el almacén de Kotovsk fue sofocado tras varias horas, pero las consecuencias logísticas podrían ser significativas. Wildberries es uno de los mayores minoristas electrónicos del país, con una red de distribución crucial para el abastecimiento de productos básicos en ciudades medias. Expertos rusos advierten de que la destrucción de estos centros podría afectar la cadena de suministros en la región central, justo cuando la presión económica empieza a notarse en los hogares rusos.

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Rusia denuncia terrorismo y amenaza con represalias

La respuesta oficial fue inmediata. El gobernador Pervyshov, además de calificar el ataque como terrorista, prometió ‘apoyo total’ a las familias de los fallecidos y anunció una revisión de los protocolos de defensa antiaérea en las regiones fronterizas y en los alrededores de Moscú. El gobernador de la región de Moscú, Vorobyov, insistió en que todos los heridos estaban siendo atendidos y que no había riesgo de contaminación química. Sin embargo, la cifra de drones neutralizados —más de 300 en una sola noche— refleja un esfuerzo defensivo titánico que, sin embargo, no pudo evitar que varios aparatos alcanzaran sus blancos.

El Ministerio de Defensa ruso no ha detallado aún qué sistemas antiaéreos se emplearon, pero es probable que se hayan activado baterías S-400, Pantsir y sistemas electrónicos de perturbación alrededor de la capital. Aun así, el porcentaje de drones que perforan la defensa —al menos una docena consiguieron impactar— es una señal de alarma para un Kremlin que ha invertido miles de millones en su escudo antimisiles. Ucrania, por su parte, no ha reivindicado explícitamente el ataque, en línea con su estrategia habitual de mantener la ambigüedad respecto a operaciones en suelo ruso.

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Equilibrio de Poder

El ataque a los centros logísticos de Wildberries supone un salto en la campaña ucraniana de ataques en profundidad. Desde los primeros bombardeos con drones improvisados en 2023, la estrategia ha ido evolucionando hacia una guerra económica y psicológica: golpear refinerías, fábricas de misiles y ahora grandes almacenes. La apuesta de Kiev es clara: si no puede quebrar militarmente las líneas rusas en el Donbás, al menos hará que la guerra sea insoportable para la retaguardia enemiga. Pero el uso de metralla contra civiles introduce un difícil equilibrio moral que puede erosionar el apoyo occidental si se repite con frecuencia.

Para Europa y la OTAN, esta nueva fase tiene varias lecturas. Por un lado, la proliferación de drones suicidas de largo alcance con carga de fragmentación representa una amenaza asimétrica que ya no distingue entre el frente y la retaguardia. España, con sus bases de Rota y Morón como nodos logísticos críticos, podría verse expuesta a tácticas similares en un escenario de tensión con Marruecos o en el flanco sur. De hecho, el Ejército del Aire español ha acelerado la adquisición de sistemas anti-dron como el Cervus III, precisamente para proteger bases e infraestructuras críticas. La lección de Tambov es que un almacén civil puede convertirse en objetivo estratégico si la guerra se prolonga.

En el terreno energético, la inestabilidad rusa dispara las alarmas. Los ataques ucranianos sobre la infraestructura económica de Moscú podrían provocar una respuesta rusa contra el suministro energético europeo —ya sea cortando gas o atacando oleoductos en el mar del Norte— en una espiral de represalias que afectaría directamente al bolsillo de los españoles. El precio del gas natural en el hub TTF ya se ha movido al alza esta semana, y cualquier escalada adicional tensionará aún más los presupuestos familiares.

El precedente histórico más cercano a esta campaña de ataques a la economía civil es la guerra Irán-Irak de los años 80, con los llamados ‘ataques a las ciudades’ y el bombardeo mutuo de refinerías. Entonces, la economía de ambos países quedó devastada sin que ninguno alcanzara una victoria clara. Hoy, Ucrania parece dispuesta a emular esa estrategia, confiando en que el umbral de dolor de la sociedad rusa sea más bajo que el de la ucraniana. De momento, el Kremlin no da señales de ceder; al contrario, cada ataque en su territorio endurece el discurso nacionalista y justifica nuevas movilizaciones.

El ojo analítico está ahora en la respuesta rusa de esta misma noche. Si Moscú opta por replicar con una andanada masiva de misiles sobre infraestructuras civiles ucranianas, como ya ha hecho en el pasado, la OTAN podría verse arrastrada a reforzar su presencia en el flanco este. Para España, con tropas desplegadas en Letonia y un ciclo de inversión en defensa pendiente de aprobación, cualquier escalada del conflicto se traduce en mayor presión presupuestaria y riesgos geopolíticos que el Gobierno debe calibrar. La madrugada del viernes en Tambov y Elektrostal es, en definitiva, la constatación de que la guerra ha dejado atrás las líneas del frente para instalarse en los centros comerciales de la retaguardia.