Andalucía certifica 1,6 millones de hectáreas para la montanera de 2026 con 189.442 recintos

La capa de montanera de 2026 alcanza los 189.442 recintos y 1,6 millones de hectáreas, con un aumento del 6,9% en la Superficie Arbolada Cubierta de Quercus (SAC). La Consejería de Agricultura abre un plazo de un mes para solicitar modificaciones.

La Junta de Andalucía ha publicado esta semana la capa de montanera definitiva para 2026, que certifica 1,6 millones de hectáreas y 189.442 recintos en los que se criarán los cerdos ibéricos que darán vida a los jamones más prestigiosos del mundo. La Orden del 7 de julio, recogida en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA), fija así el territorio donde la montanera —la fase de engorde en la dehesa a base de bellotas— podrá desarrollarse con todas las garantías.

La certificación, elaborada por la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, supone un ligero ajuste respecto a 2025: 269 recintos y 16.726 hectáreas menos. Pero la clave no está en la reducción, sino en la calidad. Gracias a la tecnología LíDAR, el valor medio de la Superficie Arbolada Cubierta de Quercus (SAC) sube un 6,9% en toda Andalucía, hasta alcanzar los 31 puntos. Dicho en román paladino: hay menos terreno declarado, pero el que queda es más frondoso y, por tanto, más apto para la bellota.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Junta de Andalucía ha publicado la capa de montanera de 2026 con 189.442 recintos y 1,6 millones de hectáreas en toda la comunidad.
  • ¿Dónde y quién? La decisión la firma la Consejería de Agricultura y afecta a dehesas de Córdoba, Huelva, Sevilla, Cádiz, Jaén y Málaga.
  • ¿Qué supone para los ciudadanos? Establece las bases para la producción de cerdo ibérico de bellota y abre un plazo de un mes para que los titulares de fincas puedan solicitar modificaciones si no están conformes con los datos.

1,6 millones de hectáreas certificadas y la revolución del LíDAR

La incorporación de los datos LíDAR ha permitido eliminar aquellos recintos que, pese a estar declarados, apenas contaban con arbolado de quercíneas, concentrando así la protección en las dehesas realmente productivas. Este cambio de paradigma, de estimaciones visuales a una medición objetiva, beneficia al consumidor final y obliga al sector a ser más riguroso.

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Por provincias, el peso de la montanera se concentra en Córdoba, con 69.321 recintos y 513.664 hectáreas de superfice, y Huelva, con 47.383 recintos y 324.120 hectáreas. Le siguen Sevilla (25.086 recintos y 191.430 ha), Jaén (16.158 recintos y 205.963 ha), Cádiz (14.291 recintos y 188.760 ha) y Málaga (17.203 recintos y 72.873 ha). El valor del SAC medio sube en todas ellas, desde el 2,6% en Málaga hasta el 10% en Sevilla, lo que confirma una mejora en la calidad de la dehesa en toda Andalucía.

Frente a la capa de 2024, la última sin LíDAR, el salto es aún más notable: el SAC medio de Andalucía ha pasado de 26 a 31, un incremento del 19,2%, mientras que la superficie apenas se ha reducido un 2,9% (47.200 ha). En Jaén, el SAC medio ha ganado siete puntos, un 38,9% más que hace dos años, lo que evidencia que la dehesa jiennense estaba infravalorada.

Esa precisión no está exenta de ajustes. La Orden publicada reconoce que 16.726 hectáreas han salido de la capa definitiva, lo que obligará a algunos ganaderos a revisar su planificación de cara a la próxima campaña. Sin embargo, el sector respira tranquilo: la mayoría de las dehesas emblemáticas mantienen su clasificación y la subida de la SAC media asegura que los cerdos críen en condiciones óptimas.

El cerdo ibérico de bellota no es solo una joya gastronómica: es un motor económico que sostiene a miles de familias en el medio rural andaluz. La certificación de la montanera, con mayor precisión que nunca, protege ese valor y lo proyecta al mundo.

Plazo de alegaciones abierto: un mes para solicitar cambios

La publicación en el BOJA abre un plazo de un mes, a contar desde el día siguiente al de la publicación de la Orden —es decir, hasta mediados de agosto de 2026—, para que los titulares de los recintos presenten solicitudes de modificación. La normativa es clara: ‘sólo se admitirá una solicitud de modificación de la capa de montanera por persona o entidad solicitante’, y si se presentan varias, se considerará válida la última, quedando sin efecto las anteriores.

Las alegaciones deberán presentarse de forma presencial o telemática ante la Dirección General de la Producción Agrícola y Ganadera, y en cada petición habrá que incluir todos los recintos sobre los que se solicita alguna modificación, sin posibilidad de enmendar la jugada después con una segunda instancia. Un procedimiento pensado para evitar dilaciones y garantizar que la capa definitiva esté lista antes de que comience la montanera, que suele arrancar en octubre.

La Lectura Andaluza

La montanera es mucho más que una fase productiva: es el corazón de la dehesa, un ecosistema único que define el paisaje y la economía de buena parte de Andalucía. Desde Córdoba hasta Huelva, pasando por las serranías de Jaén y los llanos de Sevilla, los quercus no solo alimentan a los cerdos: fijan población, generan empleo y sostienen una industria agroalimentaria que exporta jamón ibérico a más de 100 países. Con la nueva certificación, la Junta de Andalucía da un paso más en la transparencia y el rigor, dos requisitos cada vez más demandados por los mercados internacionales.

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Para el ganadero andaluz, la capa de montanera es su pasaporte. Determina cuántos animales puede engordar en bellota y, por tanto, el valor final de su producto. La incorporación del LíDAR garantiza que la asignación de hectáreas sea justa, aunque obligue a algunos a ajustar sus expectativas. Como explica un productor de Los Pedroches, ‘ya no vale engañarse; si no hay árbol, no hay bellota, y el LíDAR no miente’. La proyección es clara: en 2027, cuando se revise la capa con dos años de LíDAR acumulados, el sistema será aún más fiable y podrá exportarse a otras regiones. Mientras tanto, el sector afronta el reto de preparar las alegaciones antes de que acabe el plazo de un mes. Andalucía vuelve a demostrar que sabe cuidar su despensa. Y que la tecnología, lejos de deshumanizar el campo, lo hace más justo.