50 aniversario de ‘Pertur’: el asesinato no resuelto del dirigente de ETA que abogaba por la paz

La pareja de Eduardo Moreno Bergareche mantiene que fue la propia organización, mientras un informe reciente apunta a los servicios secretos. El caso sigue sin esclarecerse medio siglo después.

La desaparición de Eduardo Moreno Bergareche, ‘Pertur’, cumple este jueves medio siglo sin que la justicia haya determinado la autoría de su muerte. El 23 de julio de 1976, el joven dirigente de ETA político-militar fue visto por última vez en las cercanías de la frontera hispanofrancesa. Hoy, dos tesis contrapuestas mantienen abierto el caso: que fue asesinado por su propia organización ante su deriva hacia el abandono de las armas, o que fue víctima de la guerra sucia del Estado.

‘Pertur’, ideólogo y responsable de formación de la rama polimili, había comenzado a defender una vía exclusivamente política en la España postfranquista. Su entorno, encabezado por quien era su pareja en 1976, Lourdes Auzmendi, sostiene que los sectores más duros de ETA lo liquidaron. En cambio, un informe del Euskal Herriko Giza Eskubideen Behatokia (GEB) concluye, en palabras recogidas por esta redacción, que “sólo los servicios secretos tenían la capacidad de organizar con tanta eficacia y precisión” la desaparición.

La disputa sobre la autoría: entre la ‘guerra sucia’ y la liquidación interna

Auzmendi ha reiterado a elDiario.es que ‘Pertur’ fue retenido dos días en un armario durante una preasamblea de ETA en abril de 1976. “Por 33 votos a 30 decidieron incorporarlo a la asamblea”, relata, convencida de que aquello fue un aviso de lo que ocurriría el 23 de julio. ‘Pakito’, uno de los últimos en verlo con vida, se convirtió después en máximo dirigente de la rama militar, condenado a más de 2.300 años de prisión por atentados como el de la casa cuartel de Zaragoza. Su versión siempre ha sido que lo dejó sano y salvo en la muga.

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El GEB, por su parte, difundió en el aniversario un documento que descarta la ejecución interna porque los bereziak —comandos especiales— no habrían actuado sin el visto bueno de la dirección política. El historiador Gaizka Fernández Soldevilla, del Memorial de Víctimas del Terrorismo, ha documentado que la propia ETA organizó una rueda de prensa al día siguiente señalando a “los terroristas al servicio de la Policía española”, alimentando la hipótesis de los servicios secretos.

La evolución política que ‘Pertur’ quiso para ETA

Moreno Bergareche, de 26 años, trabajaba en la ponencia ‘Otsagabia’, que buscaba relegar la lucha armada y apostar por las vías institucionales. De aquel pensamiento nacería el partido Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA), el embrión de Euskadiko Ezkerra, que en 1993 se fusionó con el PSE-EE. “Era una persona muy vital, con muchas inquietudes intelectuales”, ha rememorado Auzmendi.

El contexto de 1976 era convulso: en marzo, los bereziak habían secuestrado y asesinado al industrial Ángel Berazadi tras no pagar un rescate de 200 millones de pesetas. Aquel hecho tensó a la organización y acentuó la fractura entre quienes defendían la violencia como único camino y quienes, como ‘Pertur’, entendían que la democracia exigía un “frente político” sin atentados. “Esos bestias han creado un clima tal que ETA no es un colectivo revolucionario, sino un Estado-policía”, escribió él en una carta días antes de desaparecer.

Medio siglo después, el caso de ‘Pertur’ ejemplifica la dificultad de cerrar las heridas de la Transición sin un relato compartido.

La Audiencia Nacional reabrió la investigación en 2008 sin resultados. Ni el sumario ni las comisiones de la verdad han logrado esclarecer qué sucedió. En el 50 aniversario, ninguna institución vasca ha programado actos oficiales de recuerdo, aunque el debate historiográfico ha vuelto a la esfera pública con nuevas publicaciones.

“Asesinar, en este país, ha salido muy, muy barato para la inmensa mayoría de la gente”, ha lamentado Auzmendi. La falta de certezas mantiene vivo el dolor de los allegados y deja la memoria de ‘Pertur’ pendiente de un reconocimiento que, según todas las fuentes consultadas, sigue sin llegar. El 23 de julio de 2026 se cumplen exactamente 50 años de aquella desaparición que simboliza las contradicciones de una ETA en transición y de un Estado que tampoco ha aclarado su papel en aquellos años oscuros.