Los nuevos BAM de Navantia elevan la capacidad estratégica de la Armada española

Los dos nuevos buques permitirán aumentar la vigilancia, reforzar la presencia naval y liberar a las fragatas para misiones de mayor intensidad.

La Armada española contará con dos nuevos Buques de Acción Marítima (BAM) construidos por Navantia, una incorporación que va mucho más allá de la simple renovación de la flota de patrulleros. En un escenario en el que la seguridad marítima ha ganado protagonismo y España debe vigilar una extensa superficie de interés estratégico, estas unidades están llamadas a convertirse en una herramienta fundamental para mantener presencia naval allí donde no resulta necesario desplegar una fragata.

El Gobierno autorizó un programa de 716 millones de euros para el diseño y construcción de los dos nuevos BAM, que se incorporarán a una familia formada actualmente por seis unidades: Meteoro, Rayo, Relámpago, Tornado, Audaz y Furor. Navantia prevé comenzar la producción durante el primer semestre de 2027.

La clave está precisamente en su concepto. Los BAM no son grandes buques de combate destinados a enfrentarse a una fuerza naval de primer nivel. Su misión es distinta: estar en la mar, vigilar, identificar, disuadir y actuar ante amenazas de menor intensidad, al tiempo que permiten a la Armada reservar sus plataformas más sofisticadas para las operaciones que realmente requieren sus capacidades.

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BAM fabricado por Navantia (Fuente: Navantia)
BAM fabricado por Navantia (Fuente: Navantia)

Una Armada que necesita estar en más sitios al mismo tiempo

La incorporación de dos nuevos BAM responde a una necesidad muy concreta: aumentar la presencia naval española sin consumir los recursos de las unidades de combate de mayor valor estratégico.

España tiene intereses marítimos repartidos por una geografía especialmente compleja. El Estrecho de Gibraltar, el Mediterráneo occidental, Canarias, el Atlántico y los espacios marítimos próximos a Ceuta y Melilla forman parte de un entorno en el que la vigilancia permanente resulta especialmente relevante.

Para cumplir esa misión, la Armada dispone de la Fuerza de Acción Marítima, cuya responsabilidad incluye precisamente mantener la presencia naval y la vigilancia de los espacios de soberanía e interés nacional.

Los BAM son una de sus principales herramientas.

Su ventaja reside en que pueden permanecer durante periodos prolongados desplegados y asumir tareas que, aunque importantes para la seguridad nacional, no justifican el empleo de una fragata F-100 o de una futura F-110.

La llegada de dos nuevos buques aumenta, por tanto, el número de unidades disponibles para cubrir simultáneamente diferentes zonas. Es una cuestión aparentemente sencilla, pero con una enorme importancia operativa: cuantos más buques preparados haya, más difícil resulta que una crisis o una necesidad de vigilancia deje sin presencia naval otro punto estratégico.

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Vigilancia, interdicción y lucha contra los tráficos ilícitos

El abanico de misiones de un BAM es mucho mayor que el de un patrullero convencional. La Armada los emplea en operaciones de seguridad marítima, un concepto que engloba desde la vigilancia y control del tráfico hasta la protección de infraestructuras y líneas de comunicación marítimas.

También pueden participar en operaciones contra la piratería, el terrorismo marítimo y los tráficos ilícitos. El Tornado, por ejemplo, ha participado en operaciones nacionales contra el narcotráfico y en la operación europea Atalanta frente a la piratería en aguas de Somalia.

Esta versatilidad permite que el mismo buque pueda desempeñar cometidos muy diferentes dependiendo del escenario.

En aguas españolas puede contribuir al control de la Zona Económica Exclusiva, colaborar en la vigilancia pesquera, controlar determinadas actividades marítimas o participar en operaciones contra el narcotráfico. En el exterior puede integrarse en operaciones internacionales, proteger tráfico mercante o participar en misiones de presencia y cooperación.

Y ahí aparece uno de los elementos que explican su valor: el BAM no necesita esperar a que exista una crisis para resultar útil.

Su presencia constituye por sí misma una herramienta de prevención y disuasión. La Armada define precisamente sus cometidos en términos de presencia naval, vigilancia marítima y capacidad limitada de neutralización frente a amenazas asimétricas o convencionales de pequeña entidad.

Más tecnología y capacidad para afrontar nuevas amenazas

Los nuevos BAM incorporarán además mejoras respecto a las unidades anteriores. Navantia señala que el programa contempla un sistema de combate actualizado, una nueva generación del Sistema Integrado de Control de Plataforma, mejoras en comunicaciones y navegación, medidas avanzadas de ciberseguridad y capacidad para integrar vehículos no tripulados.

Este último punto resulta especialmente relevante.

El escenario marítimo está cambiando y la Armada necesita combinar sus buques con drones y otros sistemas no tripulados capaces de ampliar la capacidad de vigilancia. Un BAM equipado para operar con estas tecnologías puede convertirse en un auténtico nodo avanzado de información en el mar.

El buque puede detectar una actividad sospechosa, mantener el seguimiento y transmitir la información a los centros de mando mientras emplea sus propios medios para ampliar el área vigilada.

La cubierta de vuelo añade otra capa de capacidad. Los BAM están preparados para operar con helicópteros, mientras que también disponen de embarcaciones rápidas para llevar a cabo operaciones de inspección e interdicción. En el caso del Relámpago, por ejemplo, la configuración incluye hangar para un helicóptero, dos embarcaciones RHIB, sistema de combate SCOMBA, radar y sistemas de guerra electrónica.

El resultado es una plataforma relativamente compacta pero capaz de combinar vigilancia, inteligencia, movilidad y capacidad de intervención.

BAM Furor en el Golfo de Guinea (Fuente: Ministerio de Defensa)
BAM Furor en el Golfo de Guinea (Fuente: Ministerio de Defensa)

Una herramienta estratégica para Ceuta, Melilla, Canarias y el Estrecho

La dimensión estratégica de los nuevos BAM se entiende mejor cuando se observa el mapa.

España necesita mantener una presencia naval permanente en espacios especialmente sensibles. Canarias constituye uno de los principales ejemplos. Actualmente cuatro BAM tienen su base en el Arsenal de Las Palmas, desde donde participan en la vigilancia del archipiélago.

Pero el mismo concepto puede trasladarse al Mediterráneo y al entorno del Estrecho. La presencia de un buque de la Armada en una zona determinada permite ejercer vigilancia, recopilar información y ofrecer una primera capacidad de respuesta sin necesidad de comprometer unidades de mayor valor.

Esto adquiere especial relevancia en un contexto de amenazas híbridas, donde las actividades ilícitas, la presión migratoria, el narcotráfico, la protección de infraestructuras críticas o las operaciones de influencia pueden desarrollarse por debajo del umbral de un conflicto militar convencional.

El BAM encaja precisamente en ese espacio.

No sustituye a una fragata, ni pretende hacerlo. Su importancia está en permitir que la Armada disponga de una herramienta mucho más adecuada para las misiones cotidianas de seguridad marítima. La propia Fuerza de Acción Marítima tiene entre sus cometidos la coordinación con otros organismos del Estado en materias como pesca, tráfico marítimo, policía marítima, contaminación, salvamento o protección civil.

Los dos nuevos buques de Navantia aportarán, por tanto, más presencia, más disponibilidad y más capacidad de vigilancia.

En una Armada que necesita equilibrar sus recursos entre la alta intensidad y las misiones permanentes, esa capacidad tiene un valor estratégico considerable. Las fragatas y los grandes buques de combate representan el músculo militar de la Flota. Los BAM cumplen otra función menos espectacular, pero imprescindible: estar allí antes de que llegue el problema.

Y en un país cuya posición geográfica convierte al mar en una de sus principales fronteras estratégicas, esa presencia puede ser tan importante como la potencia de fuego.