Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt firman el contrato que hará interoperables los cazas europeos

El consorcio EuroMIDS (Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt) sella con la OCCAR el desarrollo del terminal F-EMIDS, que dotará de interoperabilidad a los cazas Eurofighter, Rafale y Tornado. España da un paso clave hacia la soberanía en comunicaciones militares y refuerza a Indra c

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Indra, Thales, Leonardo y Hensoldt, agrupadas en EuroMIDS, han firmado con la OCCAR el contrato para el programa EMIDS-2 que desarrollará el terminal F-EMIDS.
  • ¿Quién está detrás? La Organización Conjunta de Cooperación en Materia de Armamento (OCCAR), de la que forman parte España, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Italia y Francia.
  • ¿Qué impacto tiene? Los cazas europeos (Eurofighter, Rafale, Tornado) y el A400M podrán intercambiar datos en tiempo real con cifrado avanzado, reduciendo la dependencia del estadounidense Link 16 y reforzando la soberanía tecnológica del sector.

El consorcio EuroMIDS ha materializado este lunes un paso decisivo para la defensa europea. Con la firma del contrato EMIDS-2, las cuatro empresas —la española Indra, la francesa Thales, la italiana Leonardo y la alemana Hensoldt— se comprometen a desarrollar el terminal de comunicaciones F-EMIDS, que hará interoperables a los principales aviones de combate del continente. Detrás de la iniciativa está la OCCAR, la agencia multilateral de armamento que coordina programas como el A400M o el misil Aster.

El nuevo sistema sustituirá a los enlaces de datos Link 16 que hoy equipan cazas como el Eurofighter, el Rafale y el Tornado IDS/ECR, así como al avión de transporte militar A400M. La diferencia es cualitativa: frente al estándar estadounidense, F-EMIDS incorpora una arquitectura criptográfica dual, dos formas de onda que permiten a la aeronave operar en varias redes simultáneas y, sobre todo, la forma de onda ESSOR de banda ancha. Esta última se basa en estándares compartidos entre los socios europeos y está diseñada para entornos saturados, donde la seguridad y la velocidad de transmisión marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso en una operación.

Indra asume un protagonismo técnico relevante. La compañía española trabajará en el modelo de terminal F-EMIDS A.0 —con el que se validará el software y las nuevas capacidades de comunicación— y en el prototipo físico B.0. «El desarrollo de este sistema resulta decisivo para asegurar la soberanía sobre un elemento crítico para la Defensa», ha subrayado la empresa en un comunicado. La tecnología de comunicaciones de siguiente generación que maneja el proyecto solo está al alcance de un número muy reducido de potencias militares, y España se sienta en esa mesa.

Publicidad

El contrato fortalece la posición de Indra como integrador de la llamada nube de combate europea, el entorno digital desde el que se coordinan en tiempo real sensores, plataformas y mandos. Tener un terminal propio y no depender de un enlace propietario externo era una asignatura pendiente que Bruselas llevaba años señalando en sus documentos sobre autonomía estratégica. Ahora se empieza a saldar.

Con F-EMIDS, Europa deja de pedir prestado el lenguaje táctico con el que hablan sus cazas.

De la dependencia del Link 16 a la soberanía digital de los cielos europeos

El Link 16 ha sido durante décadas el sistema nervioso de las fuerzas aéreas aliadas. Permite intercambiar datos de posición, estado de combustible o designación de blancos entre plataformas de distintas nacionalidades. Pero su diseño y evolución dependen en última instancia de Estados Unidos. El nuevo terminal F-EMIDS rompe esa dependencia con una solución europea que, además de interoperable, introduce capas de cifrado adaptadas a los estándares de la OTAN y de la propia Unión.

El programa EMIDS-2 no es un gesto aislado. Forma parte de un movimiento más amplio —desde el futuro caza FCAS hasta el programa Eurodrone— que busca dotar a la defensa europea de herramientas de mando y control propias. En ese tablero, la capacidad de transmitir información en tiempo real sin pasar por tecnología controlada por Washington es un activo geopolítico de primer orden.

La OCCAR actúa aquí como la correa de transmisión entre los Estados participantes. España, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Italia y Francia financian conjuntamente el desarrollo a través de esta organización, que ya ha demostrado su eficacia en programas complejos. La fórmula permite evitar los cuellos de botella que a menudo lastran los proyectos de la Agencia Europea de Defensa.

España gana músculo industrial y político en la defensa comunitaria

Para España, el contrato de EuroMIDS tiene una doble lectura. Por un lado, consolida a Indra como actor de primer nivel en comunicaciones militares, un nicho tecnológico de alto valor añadido que genera empleo cualificado. Por otro, sitúa al país en el grupo de cabeza de los programas europeos de soberanía digital aplicada a la defensa. No es casualidad que la multinacional española lidere el desarrollo del prototipo físico: la decisión refleja el peso que Madrid ha ido ganando en los foros industriales de la UE desde la guerra de Ucrania.

El propio calendario del programa EMIDS-2 encaja con la aceleración del gasto en defensa que Moncloa ha comprometido ante Bruselas y ante la OTAN. Disponer de terminales propios reduce la factura futura en adquisiciones de sistemas estadounidenses y permite a la industria nacional aspirar a contratos derivados cuando otros países europeos modernicen sus flotas de Eurofighter o Rafale. En la práctica, es una inversión que se amortiza en autonomía y en balanza comercial.

Publicidad

El Eje del Poder Europeo

El paso dado por EuroMIDS no se entiende sin la geometría variable que rige la defensa europea. Francia, con Thales, y Alemania, con Hensoldt, llevan años empujando por reducir la dependencia tecnológica estadounidense. Italia, a través de Leonardo, ha ido tejiendo alianzas puntuales según el programa. Y España, con Indra, ha sabido colocarse en el momento adecuado para no quedarse fuera de un consorcio que define el estándar de comunicaciones de los cazas que volarán en la próxima década.

Sin embargo, el Reino Unido también está en la OCCAR y en el consorcio. Su presencia, fuera ya de las estructuras de la UE pero dentro de este programa, muestra que la autonomía estratégica europea no puede trazarse con líneas institucionales puras. La defensa sigue siendo un terreno donde los intereses nacionales pesan más que las banderas comunitarias. De hecho, la elección de la OCCAR como paraguas del proyecto no es trivial: permite incluir a Londres sin las rigideces de la Agencia Europea de Defensa.

La pregunta que sobrevuela el contrato es si la interoperabilidad técnica se traducirá en una interoperabilidad política real. Hasta ahora, los ejércitos europeos han compartido estándares pero rara vez han actuado como una fuerza conjunta. La experiencia del Link 16 demostró que la tecnología une, pero las decisiones de empleo las toma cada capital. Con F-EMIDS se abre la posibilidad de que, al menos en el plano de las comunicaciones, los cazas europeos hablen un mismo idioma sin necesidad de pasar por un traductor estadounidense. El próximo hito será probar el prototipo físico que desarrolla Indra. Si todo avanza según lo previsto, los primeros terminales operativos podrían empezar a integrarse en las flotas a partir de 2029. Mientras tanto, la defensa europea sigue construyendo, proyecto a proyecto, una soberanía que durante demasiado tiempo se ha dado por supuesta.