Osakidetza firmó este lunes un acuerdo bilateral con el Sindicato Médico de Euskadi (SME) que mejora las condiciones laborales de los facultativos, una decisión que ha provocado el rechazo frontal del resto de organizaciones sindicales y la amenaza de movilizaciones masivas en otoño.
El pacto, alcanzado a finales de la semana pasada, incluye una inyección inmediata de 13 millones de euros en 2026, el fin de las guardias de 24 horas, incrementos salariales y medidas de conciliación. Osakidetza lo justifica como un paso necesario para frenar la negociación colectiva estancada y reducir las listas de espera.
El acuerdo con el SME: 13 millones y el fin de las guardias de 24 horas
Según el SME, que representa aproximadamente a uno de cada cinco facultativos del sistema público vasco, el documento reconoce la «singularidad» de los médicos y equipara las condiciones entre ambulatorios y hospitales. Mabel Arciniega, portavoz del sindicato, defendió el pacto tras la reunión de la mesa sectorial: «Somos una parte pequeña de la plantilla, pero somos el eje del sistema. Nuestra casuística es diferente».
El acuerdo fue presentado este lunes a todos los sindicatos con representación en la Mesa Sectorial de Osakidetza. Sin embargo, la reacción fue inmediata: Satse, ELA, LAB, CCOO y UGT abandonaron la sala antes de que se rubricara, calificando la negociación de «clandestina» y «clasista». Solo el SME permaneció y firmó el documento.
El rechazo generalizado: «profesionales de primera y de segunda»
Amaia Mayor, portavoz de Satse —el sindicato mayoritario en Osakidetza— fue especialmente contundente. Acusó al Gobierno Vasco de crear dos categorías de profesionales y advirtió que el acuerdo sienta «un grave precedente» que rompe los equilibrios internos. Además, reclamó transparencia sobre el coste total para las arcas públicas.
El pacto, cerrado fuera de la mesa sectorial y calificado de «clandestino» por la mayoría sindical, ha reavivado la amenaza de una huelga general en Osakidetza para el próximo otoño.
Desde ELA, Esther Saavedra anunció que «la movilización es el camino». Jesús Oñate (LAB) expresó su enfado y tildó al SME de «sindicato vertical», en un contexto en el que Osakidetza acumula casi dos décadas sin un convenio propio. Carmen Rayo (CCOO) y Jasone Pérez (UGT) respaldaron la unidad sindical para un otoño caliente; Pérez admitió que la central ugetista, tradicionalmente pactista, cambiará de estrategia ante «la gravedad de lo sucedido».
Las centrales confían en que las movilizaciones, que podrían arrancar a la vuelta de las vacaciones estivales, tendrán un seguimiento superior al 20 % que registraron las huelgas médicas del primer semestre. ESK, sindicato minoritario, también se ha sumado a las críticas.
Tensiones políticas y listas de espera disparadas
El conflicto se enmarca en la controversia nacional por el estatuto marco sanitario, que el Ministerio de Sanidad acordó con la mayoría sindical. Alberto Martínez, consejero vasco de Salud y antiguo anestesista, se ha erigido como voz crítica contra la ministra Mónica García y ha llegado a reclamar al Estado la transferencia de la competencia del estatuto marco. En Euskadi, sin embargo, el pulso con los médicos ha disparado las listas de espera en quirófanos, consultas y pruebas diagnósticas desde enero, cuando arrancaron los paros médicos y la negativa a realizar horas extraordinarias.
El Departamento de Salud defiende que el acuerdo con el SME es un paso adelante para la calidad asistencial, aunque admite que no garantiza el fin de la huelga de facultativos. Lore Bilbao, directora general de Osakidetza, subrayó la voluntad de negociar con el resto de la plantilla, pero insistió en la necesidad de reconocer la «singularidad» de los médicos.
El escenario para el otoño es incierto. Mientras el SME recomienda retomar las ‘peonadas’ para aliviar las demoras, las otras cinco fuerzas —con capacidad de movilizar a la mayoría de los 30.000 profesionales del sistema— hablan ya de una huelga de mucho mayor calado.

