La Casa Blanca ha hecho público este martes el plan de ciencia más ambicioso desde 1945. Bajo el título ‘Science: A New Golden Age’, el documento rediseña por completo el sistema de I+D estadounidense con inteligencia artificial, misiones nacionales y un nuevo modelo de agencias que apuesta por el científico individual frente a las instituciones heredadas.
El informe, presentado por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP), rompe con ochenta años de consenso basado en el modelo de ‘Science: The Endless Frontier’ de Vannevar Bush. Se trata del primer rediseño integral del ecosistema de I+D de Estados Unidos desde que aquel documento fundó la era de la financiación masiva de la investigación básica.
Un plan que rompe con 80 años de consenso científico
Las cuatro columnas del plan reordenan todas las prioridades. La primera busca revitalizar la empresa científica, desplazando el apoyo de las viejas instituciones hacia los investigadores individuales y diversificando los mecanismos de financiación —hasta ahora dominados por la lenta revisión por pares— con nuevos instrumentos como laboratorios ágiles (X-Labs) y entidades al estilo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA, en inglés). Se crearán unidades de metaciencia —la ciencia que estudia cómo se hace ciencia— para institucionalizar la mejora continua.
La segunda columna, dominio de tecnologías críticas, es la más espectacular. Incluye la Misión Génesis para duplicar, mediante IA, la productividad de la investigación americana; el desarrollo de un ordenador cuántico para aplicaciones y ciencia básica (QC-ADDS); la demostración comercial de fusión nuclear a mediados de la próxima década; el regreso tripulado a la Luna y la construcción de una base lunar; y la apuesta por la próxima generación de semiconductores.
De la IA a la fusión nuclear: las grandes apuestas del plan
El tercer pilar es la inteligencia artificial para la ciencia. Washington quiere financiar plenamente la Misión Génesis como la gran iniciativa nacional, creando modelos fundacionales científicos propios, invirtiendo en laboratorios autónomos con IA y, a largo plazo, construyendo instituciones científicas nativas de la inteligencia artificial. La idea es que la máquina acelere el descubrimiento de forma exponencial.
La cuarta pata, social y territorial, busca que la ciencia mejore la vida de todos los americanos. Integrará formación técnica en los currículos STEM, abrirá carreras científicas a skilled craftspeople (artesanos cualificados) y fomentará clústeres de innovación regionales que conecten la investigación con la fabricación avanzada. Todos los departamentos federales de I+D deberán presentar un plan de acción en 90 días, incorporando las prioridades en sus presupuestos para el año fiscal 2028.
El plan de Trump no es solo un documento: es un volantazo que pone al científico individual y a la inteligencia artificial en el centro del ecosistema de I+D estadounidense.
La lógica de Washington
Para entender por qué la administración Trump impulsa ahora este rediseño, hay que mirar a Pekín. La carrera por la supremacía en inteligencia artificial y tecnologías cuánticas no permite esperar a que el consenso académico madure. La doctrina ‘America First’ aplicada a la ciencia significa romper los cuellos de botella que ralentizan la innovación: burocracia, revisiones por pares premiosas e instituciones que acumulan recursos sin resultados medibles.
El precedente histórico está en el mismo informe de Bush de 1945, que creó la National Science Foundation. Entonces, el país se reorganizó para ganar la Guerra Fría. Hoy, la amenaza es tecnológica y económica, y la respuesta pasa por recuperar el espíritu misionero de los años sesenta —el programa Apolo— pero con herramientas del siglo XXI. Michael Kratsios, que ya lideró la estrategia de IA en el primer mandato de Trump, representa la alianza entre el trumpismo y el sector tecnológico que exige agilidad: menos papeleo y más máquinas capaces de leer terabytes de datos en minutos.
Para España, la lectura es doble. Por un lado, la fragmentación de la financiación tradicional y la apuesta por la fusión o la IA ofrecen oportunidades de colaboración con centros y empresas españolas —como los laboratorios del CIEMAT o las startups de computación cuántica—, siempre que sepan integrarse en los consorcios que Washington está diseñando. Por otro, si la Misión Génesis o los X-Labs absorben talento global, la fuga de cerebros desde Europa podría acelerarse. Bruselas, obligada a responder, mira con recelo un plan que deja al programa marco europeo aún más anclado en la burocracia. La Comisión Europea deberá decidir si compite con su propia flexibilidad o asume un papel secundario en la próxima revolución científica.
Ficha del Caso
- El caso: La Casa Blanca publica ‘Science: A New Golden Age’, el primer rediseño completo del sistema de I+D estadounidense desde 1945, con énfasis en IA, misiones nacionales y un nuevo modelo de agencias.
- Datos clave: Cuatro pilares estratégicos; Misión Génesis para duplicar la productividad investigadora con IA; meta de fusión nuclear comercial a mediados de los 2030; ordenador cuántico QC-ADDS; plazo de 90 días para que las agencias presenten planes de acción.
- Para España: Abre ventanas de colaboración científica y tecnológica, pero intensifica la competencia por el talento y presiona a la Unión Europea para que acelere la reforma de su propio sistema de I+D.

