Alphabet registró un beneficio neto récord de 112.100 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, pero el dato esconde una realidad incómoda para el gigante de Mountain View: el 88% de esa cifra procede de la revalorización contable de dos apuestas financieras externas, no de la publicidad ni de la nube. La matriz de Google ha ganado más con SpaceX y Anthropic que con su propio negocio, y eso que su negocio no se ha portado mal.
Claves de la operación
- El 88% del beneficio neto viene de dos inversiones. La participación en SpaceX, comprada en 2015 por 900 millones, vale ahora 94.100 millones tras su salida a bolsa. Anthropic, en la que Alphabet ha inyectado 13.300 millones desde 2023, se ha revalorizado hasta los 124.300 millones en el balance.
- Anthropic compite directamente con Gemini. El laboratorio de inteligencia artificial capta ingenieros de DeepMind y disputa el mismo terreno de APIs y agentes empresariales, pero cada dólar que recibe de Alphabet infla a su vez las cuentas de la matriz.
- La caja real se vacía para sostener la infraestructura de IA. Alphabet ha elevado su guía de inversión anual a la banda de 195.000-205.000 millones de dólares, lo que ha llevado el flujo de caja libre trimestral a terreno negativo.
La cartera de inversiones eclipsa al motor publicitario
El negocio principal de Alphabet sigue creciendo: los ingresos por publicidad repuntaron un 24% respecto al mismo trimestre del año anterior, y Google Cloud se disparó un 82%. Sin embargo, las plusvalías latentes de sus participadas han generado casi 100.000 millones de dólares en beneficio contable, una cantidad que empequeñece cualquier otra línea de la cuenta de resultados.
La apuesta por SpaceX se remonta a 2015, cuando Google invirtió 900 millones de dólares en una compañía valorada entonces en 10.000 millones. Tras la salida a bolsa de junio de 2026, con una capitalización de 1,77 billones, esa participación vale ahora 94.100 millones, un múltiplo de más de cien veces. La historia con Anthropic es más corta y más cara: Alphabet ha comprometido hasta 30.000 millones adicionales y la valoración privada del laboratorio ha pasado de 350.000 a 965.000 millones en un año.
Pero las plusvalías no son caja. De los 94.100 millones en acciones de SpaceX, 80.000 millones no pueden venderse a corto plazo y 14.100 millones quedan bloqueados hasta el tercer trimestre de 2027. Anthropic sigue sin cotizar, por lo que su valoración solo existe sobre el papel hasta la próxima ronda o hasta el próximo recorte.
Anthropic, el rival que a la vez es la gallina de los huevos de oro
La paradoja es total: Anthropic compite con Gemini en el terreno de la inteligencia artificial generativa, capta talento de DeepMind y muchas empresas la eligen precisamente para no atarse a Google. Y, sin embargo, cada avance en la valoración de Anthropic engorda el balance de Alphabet. Una dinámica que convierte a la matriz en el mayor beneficiario del éxito de un rival directo.
La empresa ha ganado más financiando a sus rivales que ejecutando su propio negocio.
La situación recuerda a otros episodios de la industria tecnológica en los que una gran corporación acaba dependiendo del valor de sus participadas, aunque nunca se había visto un desequilibrio tan extremo. Sundar Pichai no ha vendido una sola acción de SpaceX ni de Anthropic, pero el mercado ya le ha reconocido el beneficio contable.
Mientras tanto, la caja real está bajo presión. Alphabet ha elevado su plan de inversión en centros de datos a una horquilla de 195.000-205.000 millones de dólares para 2026, desde los 180.000-190.000 millones anunciados en abril. El flujo de caja libre trimestral ha entrado en números rojos, y las restricciones sobre la venta de acciones de SpaceX empiezan a levantarse tras su primera presentación de resultados como cotizada, prevista para el 4 de agosto.
La contradicción estratégica que pone a prueba a Sundar Pichai
En el ecosistema inversor español, ninguna empresa del IBEX 35 registra retornos comparables por inversiones en startups. Telefónica, por ejemplo, ha apostado por firmas tecnológicas a través de su fondo Wayra, pero las plusvalías obtenidas no alcanzan ni una fracción de las cifras de Alphabet. La distancia subraya la madurez aún incipiente del mercado de capital riesgo corporativo en España frente al músculo financiero de los gigantes estadounidenses.
Para Alphabet, la dicotomía es nítida: tiene motivos evidentes para vender parte de su posición en SpaceX y financiar así un plan de inversión que roza los 200.000 millones de dólares, pero hacerlo implicaría reconocer que el 88% del beneficio trimestral ha llegado de apuestas externas, no del núcleo del negocio. La compañía no ha dado señales oficiales sobre sus intenciones, aunque los analistas esperan movimientos significativos cuando expiren los bloqueos accionariales.
Lo que este trimestre deja negro sobre blanco es que la carrera de la inteligencia artificial está transformando la estructura financiera de los grandes conglomerados tecnológicos. Alphabet se ha convertido en un fondo de inversión que, además, vende publicidad y servicios en la nube. Una transición silenciosa que los mercados celebraron con una subida en bolsa, pero que deja abierta la pregunta de si la ingeniería financiera puede sostener el crecimiento cuando las facturas de los centros de datos sigan llegando.
