Jorge Dezcallar no se anda con rodeos. El exembajador de España en Marruecos y exdirector del CNI lanza una advertencia tan nítida como inquietante: «La avalancha en Ceuta volverá a ocurrir cuando a Marruecos le convenga». Lo dice con el poso de quien conoce los entresijos diplomáticos y las tensiones soterradas entre ambos países. La crisis migratoria que sacudió la ciudad autónoma —72.000 personas intentaron entrar en pocos días— no es un accidente. Es una estrategia.
Indignómetro
Nivel de impacto para España: 8/10. La crisis ha desbordado a Ceuta, ha reabierto heridas con la Unión Europea —22 de los 27 países socios firmaron una carta de malestar— y evidencia que España carece de una política eficaz frente a la presión migratoria instrumentalizada por Marruecos. Un fallo de previsión que, según Dezcallar, ya ocurrió en 2021 y se ha repetido.
La advertencia de un diplomático que conoce las tripas del vecino del sur
Jorge Dezcallar fue embajador en Marruecos, en Estados Unidos y ante la Santa Sede. Dirigió los servicios secretos españoles entre 2001 y 2004. Pocas voces pueden analizar con tanto criterio lo ocurrido. Y su diagnóstico es demoledor: «Fallar una vez puede suceder, pero fallar dos veces es inadmisible». Recuerda que en 2021 ya entraron 12.000 personas de forma irregular en Ceuta. Ahora han sido 72.000. El salto cuantitativo transforma el incidente en algo distinto: un asalto planificado a la frontera sur de Europa.
Dezcallar rechaza el término «crisis migratoria» y prefiere hablar de «asalto», porque para entrar en territorio español miles de personas tuvieron que superar barreras físicas —el mar, las vallas— y porque, recuerda, fue el propio presidente Pedro Sánchez quien habló primero de «violación de nuestra soberanía e integridad territorial». El diplomático comparte esa visión: lo ocurrido no es un fenómeno migratorio al uso, sino un acto de presión calculado.
Cinco años de margen desperdiciados y una dependencia que pasa factura
El exdirector del CNI pone el foco en un detalle que muchos discursos oficiales omiten: el Gobierno ha tenido cinco años desde el primer asalto de 2021 para prepararse. «Lo que se ha hecho desde entonces ha sido insuficiente», subraya. La respuesta del Ejecutivo le parece «débil»; no tanto por la reacción inmediata, sino por la falta de previsión estratégica. Y apunta a la raíz del problema: «España depende demasiado de Rabat para gestionar sus fronteras y Rabat ha demostrado no ser un vecino fiable».
El diplomático desmenuza las contradicciones marroquíes. ¿Es creíble que los servicios de seguridad del reino no detectaran a 72.000 personas camino de Ceuta mientras el rey Mohamed VI celebraba la Fiesta del Trono a pocos kilómetros? «Era imposible que los gendarmes marroquíes no lo supieran», sostiene Dezcallar, recordando que el escritor Tahar Ben Jelloun confesó haber sentido «ira y vergüenza» al toparse con los jóvenes que marchaban hacia la valla. «Cien se ahogaron», remata.

España, paradójicamente, dispone de herramientas de presión que no utiliza. El exembajador enumera: un punto del PIB marroquí depende de las remesas de sus emigrantes en España; España es el primer socio comercial de Marruecos y su primer o segundo inversor internacional; además, le enviamos electricidad y gas y somos su puerta hacia Europa. «Tenemos muchas palancas que no utilizamos», insiste. Y de fondo, la razón última: la reivindicación permanente de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. Un anhelo territorial que no va a desaparecer, como tampoco lo hará la brecha económica: 39.000 euros de PIB per cápita en España frente a 4.700 euros en Marruecos.
La soledad europea y el debate migratorio que Madrid no puede aplazar más
El otro gran aviso de Dezcallar concierne a la posición de España dentro de la Unión Europea. La carta firmada por 22 de los 27 Estados miembros tras la crisis expresa un malestar que va más allá de la coyuntura. «Esa soledad no nos interesa», afirma, porque España volverá a necesitar la solidaridad europea y porque la política de regularización masiva —que afecta a un millón de inmigrantes— no se ha explicado bien en Bruselas.
El diplomático se muestra partidario de una política migratoria común, aunque admite la dificultad: «Hay sensibilidades diferentes, pero es necesaria porque ninguna sociedad del bienestar aguanta con fronteras abiertas». La inmigración, insiste, no es un derecho: «Somos nosotros quienes debemos decidir cuántos inmigrantes queremos recibir cada año, con qué conocimientos y de qué procedencia. Sin complejos». Una declaración que, en boca de un diplomático curtido, suena a receta para un país que, paradójicamente, necesita inmigrantes para sostener su demografía —España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo.
La avalancha migratoria sobre Ceuta no fue un fallo de cálculo: fue un acto de presión que se repetirá si España no utiliza sus palancas económicas y diplomáticas.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Crisis migratoria en Ceuta en el verano de 2026, con 72.000 entradas irregulares, que reabre el debate sobre la relación España-Marruecos y la política migratoria española.
- Datos importantes: 12.000 entradas en 2021; 39.000 euros de PIB per cápita español frente a 4.700 marroquíes; carta de 22 países de la UE; Marruecos recibe un punto de su PIB en remesas desde España.
- Resumen: Jorge Dezcallar advierte de que la crisis se repetirá mientras España no reduzca su dependencia de Marruecos y diseñe una política migratoria proactiva sin complejos.

