Barcelona encadena 52 noches tórridas y marca récord histórico según Meteocat

La marca supera las 51 noches registradas en 2003 y deja atrás las 46 de 2022. Solo en julio se contabilizaron 544 muertes atribuibles al calor en Catalunya.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? A los vecinos de Barcelona y, sobre todo, a personas mayores, menores y enfermos crónicos.
  • ¿Cuándo ocurre? Este verano ya acumula 52 noches tórridas y la serie sigue abierta hasta finales de agosto.
  • ¿Qué cambia hoy? El calor nocturno deja de ser un episodio excepcional y se consolida como un riesgo para la salud.

Barcelona encadena este verano 52 noches tórridas en la estación de Can Bruixa, un récord histórico.

La estación gestionada por el Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat) es la referencia para medir el clima urbano de Barcelona. Sus series históricas, que arrancan hace cuatro décadas, sitúan este registro como el más alto de todas ellas.

Una noche tórrida es aquella en la que el termómetro no baja de 25 grados. En la jerga meteorológica, se considera uno de los mejores indicadores del calor extremo porque impide que los edificios liberen el calor acumulado durante el día.

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La cifra de este año supera las 51 noches registradas en 2003 y deja atrás las 46 de 2022. El contraste con otros ejercicios es rotundo: en 2000, 2007 y 2014 no se contabilizó ninguna noche tórrida en Can Bruixa.

Dormir con más de 25 grados no es una anécdota

Las noches tórridas dificultan el descanso y reducen la capacidad del cuerpo para recuperarse del calor acumulado durante el día. El problema se agrava cuando las altas temperaturas nocturnas se encadenan, como ha ocurrido este verano.

El impacto sanitario no es menor. Solo en julio, se contabilizaron 544 muertes atribuibles al calor en Catalunya, más del doble que el año anterior. Los especialistas recuerdan que una mínima nocturna superior a 24 grados aumenta considerablemente el riesgo de mortalidad, especialmente entre personas mayores y enfermos crónicos.

El calor nocturno deja de ser una excepción y se convierte en un factor de riesgo para la salud pública de Barcelona.

Los servicios sanitarios catalanes han insistido en los últimos años en que el calor nocturno no es un simple problema de confort. Dormir mal durante noches consecutivas eleva la presión asistencial y complica la recuperación de pacientes con patologías respiratorias o cardiovasculares.

No todos los barrios sufren igual. Los distritos con menos verde y más densidad de tráfico, como el Eixample o Ciutat Vella, registran las mínimas más altas durante las olas de calor.

El registro de Can Bruixa empuja a la Generalitat a revisar su respuesta

La comparación con otros veranos explica la dimensión del dato. En 2003, Barcelona vivió 51 noches tórridas; este año, con agosto aún sin cerrar, la estación de Can Bruixa ya ha superado esa marca. En 2022 se alcanzaron 46, y en años como 2000, 2007 o 2014 no hubo ninguna.

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La persistencia de noches por encima de 25 grados rompe además la capacidad de refrigeración natural de la ciudad. El asfalto y los edificios acumulan calor y lo liberan de madrugada, lo que explica el fenómeno de isla de calor urbana.

En 2003, la ola de calor que asoló Europa dejó decenas de miles de muertes y obligó a incluir el calor extremo en las políticas sanitarias. Barcelona no fue ajena; Can Bruixa guarda el recuerdo con sus 51 noches tórridas.

El dato de 52 noches no es una simple anécdota estival: confirma que Barcelona se calienta con más rapidez que otras capitales costeras del Mediterráneo. En el área metropolitana, los municipios del Barcelonès y el Baix Llobregat muestran tendencias similares, aunque con series históricas más cortas.

El récord llega en un contexto de avisos meteorológicos y alertas por calor nocturno cada vez más frecuentes. La lectura sanitaria es directa: las noches por encima de 24 grados no son solo una incomodidad, sino un parámetro de riesgo que los servicios de salud pública vigilan.

La Generalitat ha activado este verano diferentes protocolos de protección civil y de salud pública, con mensajes a la ciudadanía para mantener ventiladas las viviendas y prestar atención a los síntomas de golpe de calor. El registro de Can Bruixa añade presión a esas políticas.

Con la serie aún abierta, la pregunta no es si este verano terminará con récord, sino cuánto más se alejará de los registros anteriores. La tendencia, a juzgar por los datos, apunta a veranos con más calor también de madrugada, algo que obliga a repensar las estrategias urbanas y sanitarias de Barcelona.