La crisis interna en Vox deja a Ignacio Ansaldo y Carla Toscano como concejales no adscritos del Ayuntamiento de Madrid. La resolución del 7 de agosto, firmada por el presidente del Pleno de Cibeles, formaliza su salida del Grupo Municipal Vox.
Por qué la dirección nacional activó el expediente
El expediente disciplinario llegó a la presidencia del Pleno desde la Secretaría General de Vox, con Ignacio Garriga al frente. El Ayuntamiento ha revisado la documentación remitida por la cúpula del partido antes de adoptar la resolución.
La medida afecta a los dos ediles que respaldaron a Javier Ortega Smith en el pulso interno con la dirección nacional. Una vez expulsado Ortega Smith como miembro y portavoz del Grupo Municipal, la cúpula activó el mismo procedimiento para quienes mantenían su alineamiento.
El Reglamento Orgánico del Pleno del Ayuntamiento de Madrid, en su artículo 33, define como no adscritos a quienes no se integren en el grupo político de la candidatura por la que fueron elegidos. La norma aclara que si la mayoría de los concejales de un grupo abandona o es expulsada de la formación, los que permanezcan en ella son los legítimos integrantes del grupo. Tras la salida de ambos, el Grupo Municipal Vox queda compuesto por Arantxa Cabello y Fernando Martínez Vidal.
Qué consecuencias tiene la condición de no adscrito en Cibeles
Antes del parón estival, Ansaldo y Toscano remitieron al Juzgado número 51 de Madrid un escrito de desestimación de las medidas cautelares que habían presentado contra su expulsión. Ansaldo sí presentó alegaciones ante la Secretaría del Pleno el 7 de agosto, pero fueron desestimadas. El curso político arrancará en Cibeles con tres ediles no adscritos: Ortega Smith, Ansaldo y Toscano.
La resolución limita su capacidad de iniciativa. Cada concejal no adscrito podrá presentar una iniciativa cada dos plenos ordinarios y una cada cuatro comisiones de área de Gobierno. No podrán plantear comparecencias, reservadas a los grupos políticos o a una quinta parte de los concejales.
La resolución no se limita a cerrar un expediente: reorganiza el peso de Vox en Cibeles y deja al grupo municipal con solo dos concejales.
Los concejales no adscrito pueden presentar preguntas y ruegos. En las comisiones, las comparecencias solo podrían llegar si se integran en una comisión, con el límite de una cada doce sesiones ordinarias. Los turnos de intervención se determinan en la Junta de Portavoces o por la presidencia de la comisión, sin superar el tiempo de cada grupo municipal y con un mínimo de un minuto.
El voto en el Pleno no presenta especialidades, según la resolución. En las comisiones se aplicará voto ponderado cuando se integre un concejal no adscrito, para respetar la representatividad existente en el Pleno, tal y como prevé la normativa autonómica.
Qué busca la dirección nacional con este cierre
La gestión del pulso interno se cierra en pleno verano y deja al partido con un grupo municipal reducido a dos concejales. La dirección nacional da por acreditada la vía disciplinaria y refuerza el control orgánico sobre las instituciones, una prioridad que se intensificó tras la expulsión de Javier Ortega Smith.
No es la primera vez que la cúpula recurre al expediente disciplinario para preservar la cohesión interna. En el ciclo municipal de 2026, el pulso con los sectores críticos ha tenido reflejo directo en Cibeles, donde Vox pasó de cuatro a dos ediles.
Frente a la lectura de debilidad, la dirección subraya la claridad de las reglas internas y la coherencia del proyecto. El riesgo sigue ahí: la fragmentación del voto municipal y la competencia por la derecha con el PP, que observa de cerca el reparto de espacios en las comisiones.
La próxima sesión ordinaria, ya en septiembre, medirá la capacidad del grupo para movilizar su agenda con la mitad de concejales. La lectura es otra: Vox prefiere un grupo más reducido y disciplinado antes que tolerar mensajes propios de ex aliados. La estrategia tiene costes, pero también marca el terreno ante un nuevo curso político.

