Francia baraja congelar las pensiones más altas para contener el déficit

El ministro Lescure abre la puerta a revalorizar por debajo del IPC a los jubilados con más ingresos. La medida busca acercar el déficit al 3% en 2029 y llega antes de las elecciones presidenciales de 2027.

Francia baraja congelar las pensiones más altas para embridar un déficit público que cerrará 2026 en el 5% del PIB y que vuelve a tensionar la regla fiscal de la Eurozona. El ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, ha abierto la puerta a una revalorización por debajo de la inflación para los jubilados con mayores ingresos.

Por qué París vuelve a tocar la reforma de las pensiones

A comienzos de año, el Ejecutivo galo congeló la reforma que debía retrasar la edad mínima de jubilación de 62 a 64 años. La amenaza de una moción de censura frenó un proyecto que debía aliviar, en teoría, la presión del gasto público. Ahora la factura vuelve a imponerse: el desembolso en prestaciones de jubilación absorbe ya el 58% del gasto público anual en Francia y las dos últimas revalorizaciones han añadido casi 9.000 millones de euros a la factura.

El propio Lescure justificó la discusión con un mensaje en redes sociales: ‘La contribución a la recuperación nacional de los pensionistas más acomodados, por ejemplo mediante una indexación más moderada de sus pensiones, es una cuestión que merece plantearse’. Respondía así a las críticas de Thierry Breton, antiguo comisario europeo y exministro de Economía, que le recordó la marcha atrás en la reforma de la edad de jubilación.

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Los cálculos que circulan en París son limitados, pero políticamente significativos. Si solo se revalorizaran la mitad de la inflación —que fue del 2,1% en julio— las pensiones de quienes cobran más de 3.000 euros brutos, se recaudarían unos 700 millones de euros. Si el umbral se bajara a los 2.000 euros brutos, la cifra subiría a 1.500 millones. No es una solución completa, pero sí un primer gesto de ajuste frente a un déficit que este año rondará el 5% del PIB.

El escenario demográfico explica la cautela del Gobierno. Un 25% de los votantes llamados a las urnas en las elecciones presidenciales de 2027 son pensionistas, y la movilización de los jubilados ya frenó la reforma de la edad. El Ejecutivo quiere el ajuste sin encender la calle.

La presión de los mercados no es un detalle menor. La deuda pública francesa se ha convertido en el indicador que condiciona cada movimiento presupuestario: el diferencial con Alemania se amplía cuando París insinúa retrasos en la consolidación. Por eso la congelación parcial de las pensiones altas se presenta como una señal de seriedad antes que como una política social definitiva.

París se prepara para convertir la indexación de las pensiones en la variable de ajuste de un presupuesto marcado por la deuda y la nueva era fiscal europea.

El ajuste de los Presupuestos: pensiones, Defensa y calendario electoral

deuda francesa

El Gobierno francés perfila la presentación del proyecto presupuestario a la vuelta del verano. Sobre la mesa están las pensiones, el aumento del gasto en Defensa y un compromiso con Bruselas para acercar el déficit al 3% en 2029. Francia cerró 2025 con un desequilibrio del 5,1% del PIB, el más alto de la zona euro solo por detrás de Bélgica.

El viceministro de Cuentas Públicas, David Amiel, aseguró que el Gobierno pretende asumir su responsabilidad fiscal antes de someterse al escrutinio de las urnas. Eso incluye un proyecto presupuestario que tendrá que acomodar un mayor peso de la Defensa, en plena discusión europea sobre el rearme, sin desviar la senda de déficit.

El Eje del Poder Europeo

Para Bruselas, el caso francés es la prueba de que la nueva gobernanza fiscal ya no tolera desequilibrios estructurales en la segunda economía del euro. Las reglas fiscales de la UE exigen a los Estados miembros una senda de gasto creíble y castigan, en términos políticos, a quien la incumple. Francia, tradicionalmente incómoda con el rigor presupuestario, se alinea ahora con la ortodoxia para calmar a los inversores y para evitar que Berlín y los países frugales utilicen su déficit como excusa para endurecer las reglas.

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Para España, la discusión es un espejo incómodo. El envejecimiento demográfico es similar y la revalorización con IPC está blindada por ley. La diferencia es que el Gobierno español no tiene una cita electoral inmediata como la francesa, pero sí un calendario fiscal propio y unos Presupuestos pendientes de negociación. Si París consigue moderar las pensiones altas, puede abrir un precedente que los sectores más ortodoxos de la UE invoquen en el semestre europeo. Moncloa ha defendido históricamente que las pensiones no son el problema de la regla de gasto, aunque el Banco de España y la AIReF vienen advirtiendo de que su evolución condiciona el margen de las cuentas públicas.

En términos de eje de poder, Francia se mueve. Después de meses defendiendo una interpretación laxa del Pacto de Estabilidad, este gesto le acerca a Berlín y a La Haya, pero le aleja de Roma y de Madrid en la batalla por las prioridades del sur. Es la geometría variable clásica: París juega al norte, mientras Bruselas observa si el gesto se convierte en ley o se queda en un globo sonda.

Las elecciones presidenciales del 18 de abril y del 2 de mayo de 2027 dirán si el coste electoral es asumible para un Gobierno que vuelve a negociar con el déficit por delante. La reforma de las pensiones quedó congelada por la calle. Ahora, sin embargo, la presión de la deuda obliga a reabrir el debate.