El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha quedado en la cuerda floja. Las primarias de Barcelona y la proyección de Aliança Catalana en las municipales han erosionado su posición interna, y Carles Puigdemont deberá decidir su futuro político cuando vuelva, este otoño. Según fuentes de la dirección del partido consultadas por Crónica Global, la crisis arrastra años y podría cobrarse su primera víctima este mismo curso.
Turull comparte la número dos de la formación con Albert Batet desde hace casi un año, aunque las responsabilidades están separadas de forma nítida. Su encargo era doble: blindar la Cataluña interior ante la embestida de la ultraderecha y articular una estrategia sólida en las principales ciudades. La primera parte ha aguantado. La segunda ha fallado, y la lectura interna lo coloca en una posición delicada.
El secretario general ha cerrado acuerdos con formaciones locales y ha sumado, por ejemplo, a Convergents —el partido del exconseller Germà Gordó— en varios municipios, así como al PNC de Marta Pascal en Girona con Carles Ribas como número dos de Gemma Geis. En Tarragona, impuso a Jordi Sendra, que no era la opción del líder, y dejó a los posconvergentes divididos en la ciudad. Son avances reales, pero pesan menos que Barcelona.
El agujero de Barcelona y el daño político a Puigdemont
Barcelona concentra el conflicto. Junts considera la plaza clave desde que Xavier Trias ganó las elecciones de 2023 y no pudo formar gobierno. Trias dejó el acta de concejal para que el partido dispusiera de casi tres años para encontrar un recambio. Turull sondeó a Artur Mas, Quim Forn y Tatxo Benet. Solo recibió negativas.
El concejal Josep Rius, que era el plan B del expresident, se apartó de la carrera en medio de las especulaciones. Jordi Martí, heredero municipal de Trias, forzó las primarias. Se presentaron hasta cuatro aspirantes y Martí se impuso con claridad. La operación se cerró sin sorpresas, pero con un vencedor incómodo.
Esa victoria era precisamente lo que Puigdemont quería evitar y lo que había pedido a su secretario general. El desenlace le hizo ‘mucho daño’ a nivel interno, según las fuentes. Desde entonces, Turull dejó de ser percibido como imprescindible, y las distintas sensibilidades del partido lo verbalizan sin complejos.
Turull asumió blindar las grandes ciudades y falló justo en la plaza que Junts consideraba estratégica: Barcelona.
Las facciones que quieren descabalgar a Turull
El malestar de Barcelona ha dado alas a perfiles próximos a Josep Rull, presidente del Parlament, y a los jóvenes que se incorporaron después de 2017. Su discurso es contundente: el exconseller, todavía no amnistiado tras su paso por prisión, ya no es imprescindible. La pugna no es sólo por los nombres; es por el rumbo.
Junts es un polvorín. Crecen los satélites externos con antiguos miembros de Convergència i Unió, como Felip Puig, y representantes patronales, y empresarios catalanes importantes que maniobran para cambiar la orientación de la formación. Lo que piden, en dos pasos, es simple: que caigan progresivamente las caras del procés y que una nueva dirección recupere los ideales convergentes. Todo con un propósito declarado: construir un proyecto ganador y enterrar la secesión como motor del centroderecha catalanista.
La presión externa ya no es simbólica. Reúne a antiguos dirigentes del espacio posconvergente y a sectores económicos que mantuvieron en silencio su malestar durante años. La cuestión de fondo es si Junts seguirá atado al legado del procés o abrirá una etapa nueva, con nuevas caras y otro mensaje.
Qué decidirá Puigdemont este otoño
Puigdemont se ha comprometido a tomar decisiones en los próximos meses. Volverá este otoño y, aunque su prioridad es reconectar con el votante, también está llamado a reordenar el partido a nivel interno. La secuencia de fechas sigue abierta, pero ya hay una certeza: la cuerda floja de Turull forma parte de la agenda.
La gran incógnita es si el expresident espera al previsible batacazo en las municipales o mueve ficha antes. Junts confía en retener Sant Cugat, Figueres y poco más, y deberá abrir el melón de pactar o no con Aliança Catalana. La sustitución de Turull, con quien Puigdemont mantiene una estrecha relación personal, sería ‘pactada’. Según las fuentes, el propio secretario general también está ‘cansado’.
Queda por ver si el líder asume de nuevo el liderazgo con la vista puesta en las próximas catalanas o si dedica sus primeros meses a allanar el terreno para un congreso sucesorio en 2027. Ninguna opción está descartada. Lo que ya no parece posible es mantener la actual estructura sin coste político.
