Así friegan los platos los ingleses: sin aclarado y con la espuma puesta. La creadora de contenido Mireia Etxebarria, que ha vivido siete años en el norte de Reino Unido, lo muestra con ironía en uno de sus vídeos.
En su lista de cosas raras que aún le sorprenden, el lavado de la vajilla aparece en un lugar destacado. La rutina que describe no es una rareza de una sola casa: ella misma cuenta que lo vio en varias familias, lo comentó con amigas de allí y, por curiosidad, lo buscó en internet. La conclusión es que se trata de una costumbre bastante común en Inglaterra.
El gesto, además, encaja con otros hábitos de cocina británicos que chocan con la lógica de un español: mojarse bajo la lluvia sin paraguas, cenar sándwiches fríos y cerrar las tiendas a las cinco. Pero el tema del fregadero tiene su propia tesis.
El secreto del éxito
- Un solo agua para todo: se llena el fregadero y se utiliza la misma agua jabonosa para toda la vajilla, sin renovarla entre plato y plato.
- Cero aclarado por convicción: se enjabona cada pieza y se coloca directamente en el escurridor con la espuma puesta; no se pasa por el grifo.
- El secado natural como etapa final: se confía en que el plato seque al aire y en que no queden restos visibles, aunque quede un velo de detergente.
El método, gesto a gesto
En la práctica, el método tiene una mecánica simple. Se llena el fregadero con agua caliente y jabón, se sumergen todos los platos y se restriegan con la esponja. Después, en lugar de abrir el grifo, se cuelga cada plato en el escurridor con la espuma todavía encima. Para una persona acostumbrada a aclarar con agua limpia, ver los chorretones de jabón secarse al aire resulta desconcertante.
Mireia Etxebarria lo resume con un ‘Esto me sorprende’ y no es para menos. En España, dejar jabón en la vajilla es casi un fracaso de la limpieza; en muchos hogares ingleses, es la forma normal de acabar. Las encimeras se secan en minutos y, según su experiencia, no queda olor a jabón.
¿Y la higiene? Ahí está el debate. Algunos defienden que el aclarado final consume mucha agua y que el secado elimina gran parte del residuo. Otros, sobre todo desde fuera, recuerdan que los detergentes contienen compuestos que no conviene ingerir. Por eso el lavavajillas se convierte en el gran pacificador: en las casas donde existe, la discusión desaparece.
Lo que en España se ve como un paso obligatorio, en Inglaterra se percibe como un gasto de agua innecesario.
¿Ahorro, costumbre o confianza?
El choque no es solo de higiene. Es de relación con el agua, con el tiempo y con lo que cada cultura entiende por ‘terminado. De hecho, la propia creadora matiza que se trata de una generalización: hay ingleses que aclaran y españoles que no llenan el fregadero. Pero la frecuencia con la que se repite la escena en el norte de Reino Unido le da peso.
También aparece una conexión con otros desajustes domésticos. En Inglaterra, muchas tiendas y centros comerciales cierran a las cinco de la tarde; en España, es la hora punta. La forma de nombrar las comidas cambia: lo que en España es el almuerzo, en el norte de Inglaterra puede llamarse dinner, y la cena se convierte en tea. Son piezas sueltas de un mismo puzle cultural, pero la del fregadero es la más visual.
Variaciones y contexto cultural
La versión más extendida en España es la contraria: lavar bajo el grifo con agua corriente y enjuagar cada pieza. En cocinas pequeñas se usa un barreño para enjabonar y el grifo solo para aclarar, un híbrido entre el ahorro británico y la norma española. Si hay lavavajillas, el debate se reduce a si conviene prelavar o no.
¿Cómo se ‘conserva’ esta costumbre? No es un plato que admita nevera, pero sí una diferencia cultural que conviene tener en cuenta al viajar o compartir piso con alguien de otro país. Saber que no se aclara por ahorro —y no por pereza— evita más de un malentendido. Y si te toca un fregadero de espuma colgada, lo más sensato es aclarar tú las piezas antes de usarlas, sin montar un conflicto doméstico.
En zonas con agua más blanda o con detergentes muy diluidos, el residuo es menos perceptible; en aguas duras, la película jabonosa se nota más. La percepción de limpieza, al final, también depende del paisaje químico de cada cocina.
La próxima vez que veas un escurridor británico lleno de platos con espuma, piensa en el contexto. No es suciedad, es otro manual de uso del fregadero.

