El almacenamiento de energía en Latinoamérica se multiplicará por 13,6 hasta alcanzar 34 GW en 2035, según Wood Mackenzie, y se perfila como pieza clave para evitar que los recortes renovables y la congestión de red frenen la transición energética.
La consultora ha revisado al alza una previsión que ya era ambiciosa. En septiembre de 2025 calculaba que el mercado latinoamericano alcanzaría 23 GW en 2034, con una tasa anual compuesta del 8%. El nuevo informe Latin America Energy Storage Outlook 2026 eleva la cifra a 34 GW en 2035. No se trata de un ajuste menor: son 11 GW más en una década y una multiplicación de 13,6 veces sobre la capacidad instalada en 2025, fijada en 2,5 GW.
Los motores son estructurales. La congestión de la red y los recortes de producción renovable, cada vez más frecuentes en mercados como el chileno, convierten las baterías en infraestructura necesaria, no solo complementaria. ‘Latinoamérica ya no es un mercado frontera para el almacenamiento de energía, es un mercado activo’, señala Pamela Morales, analista de Wood Mackenzie. Su matiz es clave: la cartera de proyectos crece con rapidez, pero sin marcos regulatorios con mecanismos de remuneración claros el despliegue se atasca.
De 2,5 GW a 34 GW: la nueva escala del almacenamiento en Latinoamérica
Chile encabeza el despliegue regional. Concentra los mayores proyectos de sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) en operación de América Latina. Los altos niveles de recortes de energía renovable sostienen la inversión en sistemas de mayor duración, que permiten absorber los excedentes solares y desplazarlos a las horas sin recurso.
El otro dato chileno es una advertencia. Wood Mackenzie identifica un riesgo de canibalización de precios en el norte del país conforme crece la capacidad en baterías. Si el almacenamiento se concentra en las mismas horas y en los mismos nodos, los ingresos por arbitraje de energía pueden erosionarse. La lección para el resto de la región es simple: hace falta más red y más demanda flexible, no solo más baterías.
La barrera ya no es tecnológica. Sin modelos de ingresos bancables, la cartera de proyectos puede quedarse a medio camino entre el anuncio y la operación.

Chile lidera y anticipa el riesgo de la canibalización de precios
México está en un punto de inflexión política y energética. Los nuevos mecanismos de proyectos estratégicos y los esquemas de desarrollo conjunto con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que incluyen almacenamiento, podrían suponer más de 3 GW adjudicados hasta 2030. La convocatoria de proyectos estratégicos fijó en julio un objetivo indicativo de 935 MW de almacenamiento autónomo, todos de tres horas de duración, en Baja California, Baja California Sur, y las regiones Norte, Noroeste, Este, Oeste y Península. El Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico introduce además un requisito de almacenamiento equivalente al 30% de la capacidad de los nuevos proyectos renovables, otra palanca que empuja a los desarrolladores.
Brasil prepara su salto de escala. Celebrará sus dos primeras subastas de reserva específicas para baterías a gran escala el 2 y 4 de diciembre de 2026. La primera quedará reservada a proyectos que cumplan requisitos de fabricación nacional y la segunda se abrirá al resto. Los contratos serán de 15 años, con suministro desde el 1 de agosto de 2028, y exigirán instalaciones de al menos 30 MW de potencia y cuatro horas de duración. Wood Mackenzie espera que las subastas aceleren las adiciones a partir de 2028, aunque advierte de que la financiación seguirá limitada mientras no haya remuneración clara y predecible.
Argentina ha levantado en poco más de un año un mercado autónomo apoyado en subastas. El informe sitúa las adjudicaciones recientes en torno a 1,3 GW, mientras los datos oficiales disponibles suman 1.413,5 MW: 713 MW de AlmaGBA y 700,5 MW de AlmaSADI. Los proyectos están pensados para aliviar la congestión en nodos críticos de la red y prestar servicios de potencia y reserva mientras avanzan las mejoras de transmisión.
República Dominicana aparece como uno de los mercados caribeños con marco regulatorio más desarrollado. La regulación exige a los nuevos proyectos renovables de al menos 20 MWac incluir almacenamiento equivalente al 50% de su capacidad instalada, con una duración mínima de cuatro horas. El país fija además una meta de 500 MW de almacenamiento a 2030.
México, Brasil y Argentina: la región entra en la fase decisiva
El principal obstáculo regional no es la tecnología, sino la ausencia de modelos de ingresos bancables. La remuneración por servicios auxiliares, arbitraje de energía o capacidad sigue sin definirse en varios mercados. A ello se suman las restricciones de financiación, los retrasos en permisos y un número reducido de compradores capaces de sostener contratos a largo plazo.
La revisión al alza es una buena noticia para la transición, pero conviene leerla con cautela. En 2025, la consultora ya señalaba la congestión, los recortes y las subastas como motores del almacenamiento. Doce meses después, la proyección sube de 23 a 34 GW: la realidad va más deprisa que la previsión. Sin embargo, el mercado no se consolida solo con anuncios. La canibalización de precios en Chile y el calendario de financiación en Brasil demuestran que el reto es regulatorio y financiero, no tecnológico.
El efecto dominó es claro. Si México convierte los 3 GW adjudicados en proyectos operativos y Brasil firma contratos de 15 años, los fabricantes de baterías, los desarrolladores y las comercializadoras tendrán una señal de demanda estable. Eso abarata el equipo, madura la cadena de suministro regional y traslada el beneficio al consumidor final: más renovables, menos vertido y menos dependencia del gas natural como respaldo.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Capacidad proyectada: 34 GW acumulados en 2035, frente a 2,5 GW en 2025.
- Multiplicador: 13,6 veces más capacidad instalada en una década.
- Palanca principal: Recortes de renovables y cuellos de botella de red, según Wood Mackenzie.
- Equivalencia tangible: México prevé más de 3 GW adjudicados hasta 2030; Brasil estrena subastas con contratos a 15 años.
El reto de convertir los anuncios en activos operativos
La transición energética latinoamericana gana un aliado concreto. Las baterías permiten aprovechar la electricidad solar y eólica que hoy se pierde por congestión, reducen la dependencia de centrales de gas como respaldo y dan margen para integrar más renovables sin castigar la estabilidad del sistema. El dato a vigilar no es la capacidad proyectada, sino cuánta consigue financiación bancable en los próximos tres años.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 34 GW de almacenamiento proyectados para 2035, trece veces la capacidad registrada en 2025.
- Modelo que cambia: El almacenamiento pasa de mercado frontera a mercado activo y reduce la dependencia del respaldo fósil en la región.
- Para las próximas generaciones: Más baterías implican menos recorte de renovables y una red más estable para absorber la demanda futura sin ampliar las emisiones.

