EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rusia anuncia preparativos para lanzar ataques masivos contra instalaciones energéticas ucranianas, después del golpe de Kiev a la refinería de Kirishi.
- ¿Quién está detrás? El Ministerio de Defensa ruso confirma la escalada; Ucrania denuncia 38 muertos en un depósito cercano a la capital y Polonia reclama más apoyo aéreo.
- ¿Qué impacto tiene? El suministro eléctrico ucraniano y los mercados energéticos europeos entran en alerta antes del invierno, con efectos directos sobre los precios.
Rusia anuncia este domingo ‘ataques masivos’ contra la red eléctrica de Ucrania, en represalia por los golpes a la refinería de Kirishi. El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado en Telegram que sus fuerzas han comenzado a preparar la ofensiva sobre instalaciones energéticas ucranianas.
La amenaza llega días después de un ataque ruso contra un almacén en Myla, cerca de la capital. El presidente Volodímir Zelenski ha elevado a 38 muertos el balance, con 20 heridos y cuatro desaparecidos. Los incendios provocados dañaron al menos 50 viviendas residenciales. Las autoridades no descartan que la cifra de víctimas siga aumentando.
En el frente energético, Moscú presenta la ofensiva como represalia directa por la campaña ucraniana contra refinerías rusas. El ministro de Energía ucraniano, Denys Shmyhal, declaró este mes a Politico que ‘Putin quiere acabar con el sistema energético’ ucraniano y que Kiev trabaja en reforzar su resiliencia para evitar los apagones del pasado invierno.
Un anuncio de represalia con la red eléctrica en el centro
‘Han comenzado los preparativos para lanzar ataques masivos contra las instalaciones energéticas de Ucrania’, ha publicado el Ministerio de Defensa ruso. La comunicación oficial coincide con informes de la inteligencia ucraniana que apuntan a un posible ataque terrestre contra Kiev y Chernígov, una amenaza que amplía el campo de batalla más allá de la energía.
El golpe a la refinería de Kirishi ha servido de detonante. Se trata de una de las mayores plantas de refinado del noroeste ruso. Su impacto confirma que Kiev ha decidido golpear la cadena logística rusa de carburantes. Moscú quiere responder con la misma herramienta: cortar la electricidad y el calor a la población ucraniana.
No se trata solo de electricidad: es una guerra de desgaste para dejar sin invierno a los ucranianos y, de paso, mandar un mensaje de precios a la Unión Europea.
De la refinería de Kirishi al depósito de Myla: la guerra energética cobra factura

La escalada no se mide solo en instalaciones. Zelenski ha contabilizado casi 2.000 drones de ataque, más de 1.600 bombas aéreas y 31 misiles de varios tipos en la última semana. La mayoría de los impactos ha estado concentrada en infraestructura crítica, lo que deja poco margen para reparaciones antes de las bajas temperaturas.
El ministro de Defensa ucraniano, Yevhenii Khmara, cree que el Kremlin estudia una nueva movilización: unos 300.000 hombres adicionales este año y otros 300.000 el próximo. ‘Solo la sensación de que empieza a perder esta guerra puede frenar a Putin. Y eso solo puede hacerse por la fuerza, y de forma eficaz’, ha afirmado.
Polonia ya ha movido ficha. El primer ministro Donald Tusk ha citado el diagnóstico del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, según el cual ‘la escalada desde el lado ruso está avanzando’. Tusk ha reclamado de forma explícita mayor apoyo aéreo para Ucrania, una demanda que probablemente marque la agenda de la próxima cumbre atlántica.
El Eje del Poder Europeo
El flanco este de Europa reacciona con la memoria de 2022-2023. El precedente de los cortes masivos y la compra conjunta de gas de emergencia convenció a los Veintisiete de que la seguridad energética ucraniana no es un asunto local. Las capitales bálticas, Polonia y los nórdicos presionan para que Bruselas refuerce la red ucraniana antes del invierno. París y Berlín mantienen un tono más contenido en público, aunque el riesgo de un colapso eléctrico afectaría a los precios de la electricidad en toda la UE. No hace falta que un solo misil cruce la frontera: los futuros del gas reaccionan a cada ataque contra la generación ucraniana.
España no está en la primera línea geográfica, pero su factura energética es sensible a cualquier choque sobre el gas natural licuado y los mercados mayoristas. La Moncloa sigue con atención la reacción de los socios al anuncio del Kremlin. La prioridad es evitar una espiral inflacionista en plena negociación de los fondos europeos de defensa y energía. Esa exposición indirecta es real: un pico sostenido de precios acaba obligando a revisar medidas de apoyo a la industria.
La lectura a diez años es más incómoda. Ataques contra refinerías rusas e infraestructuras ucranianas equivalen a una guerra sin frente, orientada a destruir la base energética que sostiene la economía del adversario. Si Moscú cumple su amenaza, Europa verá elevarse los costes de aseguramiento, las ayudas a Ucrania y el precio de su propio suministro. Ese dilema separa ya a los Veintisiete: quienes piden un escudo energético exprés y quienes exigen no comprometer la agenda fiscal.
El próximo hito no es una votación, es un invierno. Antes de que llegue, las señales se escucharán en Bruselas y en las capitales: cuántos interceptores se envían, cuántos objetivos energéticos se protegen y qué margen presupuestario se reserva. La refinería de Kirishi ha dejado de ser solo una coordenada rusa; ahora es la excusa con la que el Kremlin ha abierto una nueva fase en la guerra energética.

